Edmundo Paz Soldán nació en Cochabamba en 1967 y pertenece a la nueva generación de escritores bolivianos y latinoamericanos. Formó parte de la antología McOndo editada por los escritores chilenos Alberto Fuguet y Sergio Gómez en el año 1996. Esta antología congregaba una nueva generación de escritores posteriores al boom que se oponían al estereotipo de Latinoamérica como el continente del realismo mágico, y que, mediante una literatura de corte hiperrealista y con contenido político-social, reflejaban una América Latina diferente, globalizada, urbana.

En el 2004, Paz Soldán publica “El escritor, McOndo y la tradición”, ensayo en el cual reflexiona acerca de su proyecto estético y de su relación con la tradición boliviana en su literatura. Como proyecto estético Paz Soldán busca una literatura universal, atemporal y “aespacial” —por decirlo de alguna manera—, busca crear en la novela un mundo autónomo que no dependa de la realidad pero que sirva para cuestionarla, que despierte en los lectores otro modo de mirar el mundo.   En su literatura, a través de la unión de elementos diversos y aparentemente incongruentes, reflexiona sobre la época contemporánea; analizando el impacto de nuevas tecnologías en el marco del universo urbano globalizado.

La tecnología es quizás uno de los principales representantes de la época contemporánea signada por avances constantes que implican cambios enormes en la manera de vivir y de relacionarnos. Paz Soldán analiza su impacto y la incluye en su literatura, poniéndola en evidencia y problematizando su papel.

Entre sus obras se encuentra El delirio de Turing. En ella Paz Soldán inserta la tecnología al universo boliviano, entendiéndola como una nueva herramienta de protesta social que —pienso— puede asociarse directamente a la identidad latinoamericana. Identidad que se construye a partir de la apropiación de elementos ajenos y su transformación en algo completamente nuevo y propio.

Diferente tiempo, misma lucha

La novela se sitúa en una ciudad imaginaria, Río Fugitivo que, si bien el autor  la ubica en Bolivia, podría pertenecer a cualquier otro país latinoamericano puesto que comparte las mismas características y luchas que sabemos forman parte de la historia del continente. El autor intercala dos épocas históricas: fines del siglo XX con la dictadura y comienzos del siglo XXI con el gobierno neoliberal y el surgimiento de una nueva manera de ver e interactuar con el mundo. Ambas épocas se ven representadas en los personajes.

Estas épocas parecen ser dos caras de una misma moneda, la lucha contra el poder es el principal elemento que las une. Los dos momentos se entrelazan en la obra mostrando un paralelismo entre ellos y destacando así también sus diferencias. Montenegro,  presidente de facto y luego reelecto en democracia es una figura de poder constante durante estos años. Sin embargo, en el siglo XXI, pierde autoridad y vigencia quedando sólo como la marioneta de un enemigo aún más poderoso: el imperialismo. Con la globalización y la adopción de un régimen neoliberal, las empresas transnacionales del primer mundo empiezan a aparecer en la escena boliviana introduciendo nuevas costumbres y tecnologías que cambiarán por completo la relación del sujeto con su entorno. En la novela, la empresa extranjera GlobaLux se instala en la ciudad de Río Fugitivo para hacerse cargo del servicio de electricidad imponiendo un alza de las tarifas de energía que provoca la reacción de la población y de La resistencia, un grupo de hackers a cargo de Kandinsky que se rebelan contra el gobierno realizando acciones virtuales que, sin embargo, tendrán consecuencias reales y concretas en la ciudad.

La tecnología aparece entonces, en la novela, como una nueva herramienta social de protesta en Bolivia; como un medio de oponerse a las autoridades y de demostrar el descontento. Los hackers se presentan como los nuevos guerrilleros, capaces de burlar al sistema gubernamental así como también de rebelarse contra el régimen neoliberal. En la época contemporánea, la tecnología reemplaza los mensajes en clave y las bombas de la guerrilla, pero no por ello es menos nociva. Los ataques de Kandinsky vuelven inútiles tanto la capacidad de descifrar mensajes de Turing—utilizada en los 70— como los conocimientos electrónicos actuales de Ramírez-Graham. La razón de esto es que la tecnología que maneja Kandinsky tiene una característica que la vuelve útil y poderosa: es completamente nueva.

Esta nueva tecnología es una subversión, una apropiación de los elementos electrónicos que llegan desde los países desarrollados a América del Sur. El hacker, Kandinsky, no es un espía educado, formado para ello, sino un joven de origen sumamente humilde, marginal, que aprendió todo lo que sabe de manera autodidacta, reciclando desechos electrónicos.  Este personaje se opone a Ramírez-Graham que sí tuvo una formación y que —a pesar de sus orígenes bolivianos— proviene de Estados Unidos. Éste, sin embargo y llegada la hora, es completamente incapaz de combatir a Kandinsky. Su formación en tecnologías avanzadas lo vuelve inservible frente a esta nueva creación.

Tecnología e identidad

La globalización es un proceso en el que se empiezan a desdibujar las huellas culturales de cada sociedad detrás de las grandes empresas que se instalan en todo el mundo. En la novela se puede observar este fenómeno no sólo en la problemática con GlobaLux sino también en la visibilización de marcas de productos que invaden la ciudad —marcas de celulares— en nuevas costumbres que se instalan en la sociedad —como cibercafés— o también en el lenguaje mismo lleno de neologismos provenientes del inglés y del mundo virtual.  En la novela de Paz Soldán, la tecnología es el elemento ajeno del cual se apropia el sudamericano para combatir las políticas globalizadoras del gobierno neoliberal que favorecen a los países desarrollados. Éstos son los que buscan enriquecerse a costa de Estados más pobres como es el caso de Bolivia, instalando sus empresas transnacionales en ellos.

En la novela de Paz Soldán, la tecnología se transforma en algo nuevo, diferente, pero sobre todo, propio. Los países desarrollados producen elementos tecnológicos constantemente, pero a Latinoamérica sólo llegan productos de segunda mano, los desechos. La tecnología que maneja Kandinsky es boliviana; por más que se produzca en otros países, es propia. Él, por su condición marginal, sólo tiene acceso a la basura electrónica que ya era desecho cuando llegó a Bolivia, y sin embargo reciclándola, apropiándose de lo que le sirve y eliminando lo que no, logra un producto diferente, propio y latinoamericano.

Es posible pensar que la identidad latinoamericana podría perderse detrás de la promesa de la globalización. Pero me parece que la novela está planteando justamente lo contrario, puesto que desecha la idea de igualdad que ésta implica, evidenciando las diferencias entre los productos que manejan los países del primer mundo y los desechos que llegan a Bolivia. Y también, con esta nueva creación reciclada, resalta la posibilidad que siempre tiene Latinoamérica de asimilar los beneficios de la civilización y transformarla en algo propio, en parte de su identidad. De esta manera la tecnología se vuelve no sólo agente de identidad sino también una herramienta para combatir la globalización, al mismo tiempo que se sirve de ella.

Pensando en las palabras de Paz Soldán acerca de la tradición y su proyecto estético, veo que en El delirio de Turing el autor introduce elementos que parecen incompatibles en la realidad, como es la presencia de activistas hackers, o de una Cámara especializada en delitos informáticos en uno de los países más pobres del continente. A su vez, los combina con sucesos histórico políticos que se condicen con la realidad del país y del continente, lo que produce una identificación que induce al lector a preguntarse acerca del papel de la globalización y el impacto de las nuevas tecnologías en los países latinoamericanos.  Esta conjunción de elementos aparentemente contrapuestos se da gracias a una apropiación, subversión de lo ajeno y su producto es la identidad latinoamericana.

La tecnología que producen los países desarrollados, en la novela, se transforma en una herramienta para combatirlos. Como digo más arriba, es una herramienta completamente nueva, que inutiliza tanto las antiguas como las nuevas formas de combatir la resistencia del pueblo. Esta nueva tecnología, que en su origen es una de las grandes representantes del capitalismo y la globalización, es transformada y pasa a ser una marca más de la identidad latinoamericana. Es la metáfora de los países subdesarrollados que se rebelan, que subvierten elementos ajenos y los usan para combatir lo que en la actualidad parece ser el nuevo conquistador: el  imperialismo.

Kandinsky es un marginado que fagocita los desechos del primer mundo, los digiere tomando sólo lo que necesita y los transforma en parte de él, en algo propio y completamente diferente. Kandinsky es Bolivia, es América Latina, que, desde los márgenes del mundo, se apropia de la tecnología del conquistador y se rebela contra él.

Escrito por Lu Cía

Lucía Bima (Córdoba, 1991) Tesista de Letras Modernas en la Universidad Nacional de Córdoba. Actualmente, trabaja de correctora en la Secretaría de Inclusión de la UNC.