José Manuel Torres Funes (Tegucigalpa, 1979) es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Valle de México. Es autor de los libros de investigación periodística El libro Azul de Casa Alianza (Guardabarranco, 2006) y El dolor de la ausencia (Guardabarranco, 2007), así como de los libros de relatos Desfiladero (Roca en el aire, 2003) y Esta tarde vi llover (Héliotropismes, 2017).

Con Desfiladero y Esta tarde vi llover has mostrado tu capacidad destacada como cuentista. Me gustaría saber en dónde crees que se encuentra la peculiaridad del cuento en comparación con otros géneros literarios como la novela.

Piensa en la película Acorazado Potemkin, que resume en la historia de un barco, algo tan complejo y extenso como la Revolución Rusa. El cuento es algo así. Es como un pedazo del mundo plegado y reducido al tamaño de un pañuelo. Para conseguirlo, el cuento tiene que tratar esencialmente problemas de la existencia y enriquecerlos con observaciones de la vida, mientras que la novela, trabaja, o labra, la vida, e implícitamente, problematiza sobre la existencia.

Me llama mucho la atención el simbolismo del «jardinero» que aparece en tres cuentos recogidos en Desfiladero: «Primer encuentro con el jardinero», «El personaje» y «Final de regreso». Creo que se puede interpretar, sobre todo en «Primer encuentro con el jardinero», que simboliza al escritor o al artista en general. ¿Por qué justamente un jardinero? 

Cuando escribí este libro estaba muy influido por lecturas de filosofía. Algunas lecturas sobre filosofía del lenguaje, particularmente. Pensé en el jardinero como quien trabaja directamente con la semilla, que viene del griego sema, que quiere decir señal. Sema, semántica, semilla, semen. En esos tiempos, mi abuela estaba en cama, era una mujer brillante, y durante las tardes, yo le leía libros. Leíamos los Diálogos de Platón, y conversábamos las lecturas. Ese cuento tiene una alusión a los Diálogos. Luego está el tema de la cultura, cultivo, el jardinero cultiva, se pregunta. Además de jardinero, ocupación a la que se dedica por vivir en la ciudad, es un campesino; el campesino es lo más próximo a la idea pura del creador. En resumen, como bien dices, simboliza al escritor o al artista en general, aunque yo más bien diría, simboliza al que es creador.

«Memoria de esculturas» es un cuento inspirado en una estatua de Constantin. Me interesa conocer qué opinión tienes sobre otros tipos de arte como fuente de inspiración literaria.

Creo que en el arte en general, independientemente del campo, se experimentan procesos similares al momento de crear. Y, hay que saber ejercitarse para reconocer en otros campos, preguntas que nos podemos plantear en el terreno literario. Cuando las encontramos, podemos salir de atolladeros o avanzar hacía nuevas preguntas. Un escultor como Brâncuși, en su época, buscaba romper formas, como un Joyce, que era un contemporáneo suyo. Por supuesto, que también otras formas de arte pueden ser el objeto directo de un tema literario, lo que va a generar, irremediablemente una vez que se escribe, una forma de diálogo entre formas diversas de arte. A mi esposa, por ejemplo, le encanta la danza. Yo antes de conocerla, nunca había reflexionado ni visto esta forma extraordinaria de relatar historias con el cuerpo. Cada vez que voy a un espectáculo con ella, salgo con ganas de escribir.

En tus cuentos es visible el amor que sientes por tu país, a pesar de (o a causa de) la distancia que te separa de él, ahora que vives en Francia. Sin embargo, al leer «Final del regreso», he percibido que este cuento ya anticipaba la dificultad de reasimilarte a tu propia sociedad hondureña. Me gustaría saber cómo afecta este alejamiento a tu escritura. 

Ese cuento lo escribí viviendo en México. Y mirá cómo son los misterios de la escritura, el personaje regresaba precisamente de Francia. Tenía 22 años cuando lo escribí y ninguna idea de venirme a vivir a Francia, pero, en cambio, sabía, muy en el fondo de mí, que mi vida estaría llena de idas y de regresos. En mis peores pesadillas he temido regresarme a una Tegucigalpa sembrada de tumbas, como Kigali o Sarajevo. Espero que esto nunca llegue a pasar, aunque en Final del regreso, subrepticiamente lo sugiero. Después del golpe de Estado en 2009, corrimos el riesgo de caer en una crisis mayor. No digo que el país no se mantenga en una situación delicada, sin embargo, se avanza. Los que tienen interés en polarizar la sociedad y dividirnos carecen de imaginación y quizá desestiman o ignoran la fuerza brutal de la historia. La literatura, en ese sentido, tiene una fuerza anticipatoria muy poderosa. De hecho, las palabras de por sí, son como pájaros anunciadores, el misterio del lenguaje es que encierra el enigma de la anticipación. Los que trabajamos con las palabras, si ponemos mucha atención, podemos escuchar correr las piedras del río antes que los demás. Este alejamiento del país, durante un tiempo me confundió al momento de escribir, no sabía exactamente dónde posicionarme. Ahora me doy cuenta que es una riqueza.

Los dos cuentos de Esta tarde vi llover se narran a través del diálogo entre dos personajes en que el uno «entrevista» al otro, cosa que no ocurre en Desfiladero. ¿Cómo desarrollaste esta técnica narrativa?

Ha sido un trabajo artesanal de corte y confección, como dirían las costureras. Creo que en Esta tarde vi llover, hay una propuesta del tiempo bastante elaborada, y el tiempo lo van llevando precisamente estos personajes a través de sus propias fases y conversaciones. Me interesa en estos relatos que, a través de las conversaciones, se construya una propuesta de mundo. Digamos que cada diálogo yo lo vi como una hilera de ladrillos para construir una pared.

Además de estos dos libros, has publicado dos libros periodísticos. ¿Puedes explicar cómo tu investigación periodística influye sobre tu creación literaria? 

Mucho, me da una base de verosimilitud, me aclara ideas. Además, con la literatura yo digo cosas que no puedo decir en periodismo, cosas que supe gracias al periodismo y que han adquirido una forma literaria. Honduras es un país sumamente complejo y lleno de códigos que no han sido suficientemente explorados literariamente. Hay una riqueza impresionante en la realidad hondureña, que basta y sobra para escribir una obra larga. Yo no escribo ni escribiré solamente sobre Honduras. Sin embargo, me encanta investigar sobre ese país. Recientemente, estuve en el país varios meses. Allá tuve entrevistas interesantes, con ex funcionarios, con investigadores criminales, con policías jóvenes asignados a pequeñas postas en pueblitos, con fiscales valientes y valiosos que se enfrentan a poderes fuertes y que, además, tienen esa dosis de inteligencia que necesitan los operadores de justicia en países conflictivos. Esa dosis de inteligencia que les aleja de la tentación martirológica a la que tristemente sucumben algunos valiosos luchadores sociales. Entrevisté a un hombre que desde hace cuarenta años convive con los estragos que le provocó la picadura de una serpiente barba amarilla, un hombre que en los años setenta ayudó a fundar una ciudad. Este es un material valioso que tengo para mi próximo trabajo.

Para acabar, me gustaría preguntarte sobre tu planes a futuro. ¿Ya piensas en tu próximo libro? Si es así, ¿será de cuentos como los dos libros de los que hemos hablado, o quizás una novela?

Lo que te comentaba en la respuesta anterior es un proyecto de novela que va avanzando firmemente. Sé que mi próximo libro, independientemente de cual sea, será una novela. Tengo por lo menos dos textos con longitud de novela, casi terminados, que podría publicarlos. Trabajo con un editor muy bueno, es francés, se llama Renaud Bouc, y me ha dado luz verde para que las publique cuando sienta que están listas. Yo creo que puede ser para fines de este año. Tengo también una novelita corta y medio cómica que estoy escribiendo con mi hermano. Sé que viene una etapa muy productiva. Desde que se publicó Esta tarde vi llover a inicios de este año, me mantengo en un estado permanente de creación. A veces me falta tiempo para escribir, siempre de hecho, me hace falta tiempo para escribir, pero no importa, cuando no estoy en la computadora, escribo a mano, y si no tengo mi cuaderno, le doy forma a las historias dentro de mi cabeza. Nunca me había sentido así.

Escrito por Yu Noguchi

Yu NOGUCHI (Saitama, 1989) es licenciado en Estudios Literarios Contemporáneos por la Universidad de Tokyo, Máster y Doctorando en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad de Barcelona. Es especialista en literatura latinoamericana del siglo XX.