La situación económica, política y social del presente es muy similar a la que se vivió en pleno siglo XVII y ha provocado una crisis existencial y de valores que se refleja en el hastío y en el profundo sentimiento de desengaño que impera en la sociedad de hoy.

Es importante destacar algunos de los aspectos propios de  la época actual y que han provocado ese desengaño generalizado: la teatralización del ámbito político (política entendida como espectáculo), el caos y la inseguridad económica, la manipulación en los medios de comunicación…

Como consecuencia de todos esos factores, se ha generado un fatalismo vital que lleva al individuo a lidiar con la angustia existencial y con la incertidumbre de no saber qué ocurrirá. Ese fatalismo vital es el que genera una desconfianza global respecto a la vida y la sociedad, el individuo cae en un constante pesimismo que le conduce a creer que no existe esperanza. Como ocurría en el siglo XVII, el ser humano    se siente engañado a la par que desengañado porque no ve más que un mundo lleno de impostura y falsedad.

El filósofo Peter Sloterdijk en su Crítica de la razón cínica hace referencia al hecho de que la auténtica desnudez es la que nos permite alcanzar un “sereno realismo”. Cuando se actúa sin ocultaciones y sin apariencias, no hace falta desenmascarar nada. No es necesario sacar a la luz ninguna realidad desnuda porque la auténtica y única realidad es la que se  puede contemplar desde la desnudez que tiene que ver con la esencia pura del ser humano.

No hay duda de que el desengaño está presente en la actualidad, se trata de una cuestión que ha trascendido en el tiempo y ha determinado el pensamiento del ser humano. Por todo lo comentado anteriormente, podría decirse que el siglo XXI es el reflejo de la estela del desengaño barroco que late como si de un eco del siglo XVII se tratase.

Escrito por davidsoley

Graduado en la carrera de Lenguas y Literaturas Modernas por la Universidad de Barcelona. En 2016 sale a la luz mi disco de poesía musical "La llave del espíritu". Premio Hermes de Creu Coberta de Barcelona por el cortometraje "Le petit Patrick" en el que he sido actor y coguionista.