Belisario Zalazar (Salta, 1989) es Licenciado en Letras Modernas por la Universidad Nacional de Córdoba y autor del libro de poemas Secretos a un shinigami (Borde perdido, 2017).
Vos estudiaste tu licenciatura en la Universidad Nacional de Córdoba, pero tuviste la oportunidad de realizar parte del cursado en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. ¿Encontraste diferencias en las maneras de abordar los estudios literarios en Argentina y España?
Como decís, la mayor parte de la carrera la hice en la UNC, salvo por un cuatrimestre que estuve en la Pompeu Fabra, una experiencia increíble e invaluable por donde se la mire. Barcelona es una ciudad fantástica, polimorfa, amable, llena de historia y espacios de encuentro. En cuanto a los modos de abordar los estudios literarios y/o culturales desarrollados en la UPF, lo que me atrajo desde un principio al momento de aplicar para la beca,fue la oferta transdisciplinar del recorrido académico. La centralidad del pensamiento contemporáneo en todas sus formas y la posibilidad de hacer un recorrido personal a medida que se avanza en el trayecto hacia el título universitario es algo que no encontré en mi universidad de origen. Por otro lado, lo que noté es que las clases están dedicadas de lleno a estudiar un cúmulo reducido de obras elegidas por los profesores para dictar su materia, dejando quizás el manejo bibliográfico en manos de los alumnos y sus intereses (o por lo menos es lo que yo hice). La diferencia más radical tal vez esté en que, mientras las tradiciones filológica e histórico-cultural primaban en las curriculares que me tocó cursar en la UPF, en la UNC los marcos sociodiscursivos, lingüísticos e históricos signan los estudios de los estudiantes, que si bien los preparan de excelente manera en cada uno de esos ámbitos, tienen un punto ciego y es quizás esa mirada transdisciplinar, orientada a otras prácticas artísticas así como a otros campos como la filosofía por ejemplo.
Debutás en el panorama literario con Secretos a un shinigami, un librito de poemas publicado recién por la editorial Borde perdido. Yo tengo el orgullo de haber cursado con vos en Córdoba y recuerdo que mostrabas un talento fuera de lo común hacia la filosofía y la teoría literaria. Te confieso que siempre pensé que comenzarías publicando ensayo, pero me tiraste abajo las apuestas. ¿Cómo es que te nació en primera instancia publicar unos textos tan personales y tan puros poéticamente?
Ese es un tema que ni yo me sé responder. Para ser sincero, si bien estudio Letras, y no me arrepiento para nada, siempre quise estudiar Filosofía, de hecho es lo que más leo hasta el día de hoy. En realidad me inclino por los libros ensayísticos, el ejercicio de la pregunta y el darle vueltas a las cosas, rodearlas desde múltiples puntos, focos que iluminan zonas y dejan ver las penumbras que de allí aparecen es algo que no puedo dejar de hacer. Aunque en los últimos años de la secundaria escribí un par de poemas, poquísimos y malos posta, después de unos años volví a eso, después de acostumbrarme a la escritura de trabajos para la facu, de fragmentos sueltos que pretendía que piensen algo sobre el mundo, la existencia, el Ser y bla bla bla. Empecé, como te decía, sin darme cuenta, a escribir en verso, cosas, imágenes, afectos, a largar así medio al aire y sin ninguna regularidad. Hasta que en 2015 salieron con más frecuencia y empezaron a compartir una forma, un hilo imprevisible y junté los de ese año en un Word y se los pasé a un amigo, Juan Revol, que fue el que me dio el empujón para mandarlo a Borde a ver que pasaba. En definitiva, eso de la poesía o el ensayo para mí no están escindidos por géneros o lo que sea que se piense para clasificar. Hay algo, creo, que me inquieta, me mueve, y escribo de corrido, sin corregirlo, quizás porque en mi cabeza ya estuve maquinando un largo tiempo hasta que la cosa no da para más y necesito sacarla afuera y que quede ahí, en Facebook, en un libro, o en mi compu.
¿Por qué la referencia a Death Note para cohesionar todo el conjunto de poemas? ¿Por qué precisamente la figura del shinigami?
El shinigami, figura de la mitología japonesa que conocí precisamente a través de Death Note, me atrapó desde que una amiga me recomendó ver el animé. La trama, y lo que representa Ryuk, según mi lectura obvio, no sólo como ángel de la muerte, sino como especie de ángel de la guarda, amigo, sombra, inconsciente inocente y juguetón, etc., me gustó desde el principio. Esa condensación entre la muerte, el mundo de las sombras (de cada uno) y la sonrisa un poco cínica y a la vez infantil que veo en Ryuk, con su negro intenso y sus alas hipnóticas, fueron apropiándose de lo que escribía, un poco también porque aunque uno no quiera admitirlo (o yo por lo menos, no hay que generalizar) escribo un poco desde la intimidad emocional, o acechado por ciertas preocupaciones cosmológicas o como quiera cada uno llamarlas. Y en realidad no hubo premeditación en escribir cohesionando todo a través de Death Note, sino que la cosa se dio así, a medida que escribía en esos meses, queriendo decir cosas a alguien (o a algunos a veces) como en un secreto, susurrando cosas al shinigami, a esa sombra plagada de fantasmas que acarrea cada uno y se va espesando y poblando a medida que transcurren las cosas.
Me pareció muy interesante la noción del fantasma en este libro, porque encuentro que tiene mucho de disociación con el cuerpo y su realidad material. Al menos desde mi lectura, me parece que hay un cierto platonismo en varias de estas instancias. ¿Puede ser que para vos la poesía sea, en parte, una forma de alejamiento de lo mundano, una forma de abstracción en busca de paz y claridad de ideas?
El fantasma me interesa en parte como concepto o figura teórica, cercana a la noción de la memoria personal y colectiva. Siempre estamos tramitando con fantasmas, con los pasados y futuros posibles que atraviesan la zona inestable y precaria que llamamos presente. Yo no hablaría de platonismo, más bien pienso en términos de inmanencia e intensidades múltiples que se juegan en la materialidad del cosmos y del mundo socio-historico-politco que conformamos con el objetivo de aprender a vivir juntos. Siguiendo con esta idea, no creo en la poesía como una estancia para habitar en un estado cercano al nirvana, la contemplación o el zen; más bien es un medio más para pensarnos (pensarme), y trabajar, sabiendo que no hay meta o fin alguno, para sentir el tiempo, las relaciones con lo otro de sí, etc., para meternos de lleno en lo mundano y experimentar todo lo que sucede en este complejo planeta que orbita una estrella pequeña de un sistema marginal.
Creo que algo de esto también aparece en la manera de construir la figuras enunciatarias en varios poemas, por ejemplo en ‘Susurrar un secreto’ o en ‘Adéu bonita’. ¿De dónde surgen esa delicadeza y esa sensibilidad en la construcción de estas figuras?
Te agradezco por hablar de delicadeza y sensibilidad en estos escritos. No sé de dónde sale la delicadeza, esa afección causada por el roce de la palabra, del lenguaje, con el cuerpo sensible. Quizás cada uno, como lector, la encuentra de a ratos en ciertos versos, saliéndose de sí y hallando un lugar de encuentro en el rumor, el hueco de un poema, o en un espacio horadado por una imagen. Y ahí si puede haber algo de platonismo, uno burdo y bastante inventado jaja, en el sentido de acceso o conexión con el afuera, con un mundo que está más allá de la superficie y del espectáculo tedioso diario. Por otra parte ‘Adéu bonita’ me gusta, no solo por el título que bilingüe argento-catalán, sino porque condensa un poco varias cosas de los Secretos, qué se yo jaja.
Me parece muy bueno que la propuesta de Borde perdido no sea sólo literaria sino que vaya más allá, que trate de abarcar también una faceta visual y apueste por una concepción del arte como forma de vida, no como producto. ¿Se percibió este enfoque durante tu presentación en el bar Lecole? ¿Cómo fueron las sensaciones en ese encuentro?
Sí, la verdad que el trabajo y la propuesta artística de Borde esta buenísima, y comparte una inquietud o una apuesta que está en el centro de muchas editoriales independientes, emergentes, autogestivas del campo editorial. El trabajo minucioso, creativo y artesanal del Seba, el editor, se ve en cada ejemplar que cose, al que le pone su firma, su trazo, con sus dibujos. Se da también una relación de cercanía, confianza que no está mediada por el interés económico, o por el contrato lucrativo, que quedan totalmente afuera de la relación autor-editor. Y eso es algo buenísimo, y que se expande y se refuerza en la instancia de la presentación, que en este caso estuvo cargada de emociones lindas para mí, lleno de amigos y buena energía, y que contó con la lectura (como presentación del libro) de Cati Sánchez. Un texto hermoso por donde se lo vea.

¿Te ves publicando narrativa o ensayo más adelante? ¿Por dónde pasan tus próximas propuestas literarias?
Me encantaría publicar un libro de ensayos. Por ahora, los que están publicados forman parte de compilaciones con grupos de investigación de los que formo parte. El tiempo dirá si sale un libro de ensayo(s) propio o no. Pero no es que tengo muchos escritos ni nada por el estilo, y no soy de proyectar para nada. Y propuestas a futuro, se verá, no me considero un agente literario o un escritor, o poeta, si es que existen todavía esos tipos o especies en la fauna abigarrada y paradójicamente bastante homogénea del capitalismo neoliberal.

Escrito por Darío V. Zalgade

Darío V. Zalgade (Islas Canarias, 1983) es Licenciado en Letras Modernas (UNC) y Máster en Literatura Comparada (UAB). Se especializa en el estudio de la literatura latinoamericana contemporánea y el análisis estructural de la identidad. Es colaborador regular en las revistas literarias Quimera, Librújula y Oculta Lit, y fundador de la plataforma Liberoamérica.