Editorial Arandurã y el Fondo Editorial de la Sociedad de Escritores del Paraguay. Asunción, junio de 2017

Una de las motivaciones de las minibiografías en las solapas —que no siempre se intenta—, es situar al referido en alguna constelación de escritores. En la de este libro nos enteramos que Ricardo Loup nació en 1986, que es abogado y docente universitario, que ganó premios, que fue antologado, y que, tal vez lo más relevante, asistió a los talleres de Irina Ráfols, Lía Colombino, Sebastián Ocampos y Damián Cabrera. Para el desprevenido, estos nombres pertenecen a algunos de los escritores contemporáneos más representativos de la actual literatura paraguaya. Aún siendo por causa de un primer libro, el nombre de Ricardo Loup no desmerece estar entre ellos.
Hay quienes por superstición huyen de los gatos negros, evitan pasar bajo escaleras y jamás abren un paraguas bajo techo; pero en “Este lado de las cosas” se compilan exactamente 13 cuentos. Podría pensarse en un acto de desafío, o puro descreimiento, pero luego de leer los textos la elección del número se revela inevitable: cada uno de los personajes habitó la mala suerte, sucumbió al desconcierto y finalmente transitó ese paisaje hasta encontrar una salida. Sin embargo, no es un libro optimista. Está cargado de cierto patetismo osado, que no cae en la desesperación y, en ocasiones, opta por el sentido del humor, a menudo inocente aunque también rabioso. A fin de cuentas, su tema es la geografía humana del Paraguay, que no puede más que despertar sentimientos divergentes.

El escritor Javier Viveros dice correctamente en la contratapa que la prosa de Loup es “bien cuidada” y que denota un “trabajo con el lenguaje”. Aunque estas aclaraciones parezcan de una importancia menor, la forma que adopta la escritura de Ricardo Loup en cada párrafo —paciencia descriptiva pero no barroquismo— hace que cobren fuerza y se vuelvan atrayentes historias que de otra manera sería triviales o demasiado transitadas. Tal es el caso de, por ejemplo, “Desentierro”, que cuenta un caso de plata yvyguy (búsqueda campestre de tesoros enterrados durante la Guerra de la Triple Alianza en el siglo XIX), tema aparentemente infranqueable para la ficción paraguaya de raigambre popular. Otra friolera es Augusto Roa Bastos, que aparece en dos narraciones.
El relato que sobresale es sin duda “La crítica de cine”, que desarrolla una alegoría de las posibilidades de la literatura. Una jovencita se convierte, por causa del azar —pero también por haber presionado a ese azar—, en la comentadora barrial de las películas estrenadas en un cine ambulante. La época es la de la dictadura estronista, representada por la iglesia y en la figura de un censor fantasmal. La jovencita se entrega a las fantasías de la escritura, inventando argumentos originales y arbitrarios a las películas que se muestran en el cine, provocando un apasionamiento de los feligreses. Finalmente, tenemos a la imaginación del artista, su inocencia infantil, confrontada con (o embarrada en) las lamentables menudencias y brutalidades de la cotidianeidad. Memorable además es “Los libros de Azara”, un cuento sobre los peligros de la bibliofilia. Un hombre cree que le robaron los dos tomos de la “Geografía física y esférica” de Félix de Azara, impresos en Buenos Aires en el siglo XIX. Inicia una divertida e insensata investigación que da con el culpable. Entonces, como no puede recuperar sus libros puesto que no tiene cómo probar el robo —y no quiere rebajarse a la tontería de pedir—, lleva un largo proceso con el objetivo de recuperar los libros y destruir al ladrón.
Cabe señalar algunos defectos mínimos que entorpecen el placer. En “El servicio”, cuya manufactura es soberbia, hay una explicación que está demás –específicamente la última línea-, e incurre en pleonasmo, puesto que lo mismo ya está sugerido con elegancia párrafos antes. El mismo regusto deja “¿Qué vez?”, un bello texto sobre la herencia, la lectura, el amor y la ceguera, que remata con una especificación que distrae el sabor del cuento.

También merece especial mención “En el mercado”. Una vendedora del Mercado 4 se enamora de un marinero que le compra en su puesto. Al otro día, esperanzada de ver otra vez a su amor, la acompaña el hermanito. Ella lo manda a hacer mandados y niño se extravía en los laberintos del mercado. La vendedora comienza una penosa y angustiante búsqueda que nos sumerge en el tenebroso camino del amor: el precio que se paga por su aparición es siempre una pérdida. El relato es tan bueno que acompañamos a la vendedora por horas, sin soltarle la mano. Este libro invita a ser leído con esa intensidad.

Escrito por Ever Roman

Née 1981. Autor de "Osobuco" (Pánico el Pánico, 2011) y "Falsete" (2014). Ha publicado textos en diversas antologías