La Edad Media suele ser reconocida como una “época oscura” que no dejó sobresalir la verdadera capacidad de la mente humana, gracias a la religión y  supersticiones populares. La literatura, para una reducida población lectora en aquel tiempo, giraba alrededor de pasajes o referencias bíblicas. Pero, haber sido escrita durante esta época no significa que la calidad de estos textos no fuese buena, al contrario, es una de las muestras de que la agudeza humana no se encontraba tan apagada como se piensa. Una de las obras, aunque no esté muy ligada a la religión católica pero sus creadores sí, es la recopilación de poemas Carmina Burana.

Este repertorio de poemas fueron escritos por los goliardos, un grupo de clérigos o estudiantes de la religión quienes habían dejado el mismo, debido a que estos hombres gustaban de la fiesta y el buen beber, un gusto que plasmarían en sus poesías. Sin embargo, los poemas mayormente estudiados y leídos de ellos son los de tema amoroso o relativo a la naturaleza, incluso hay ediciones donde se excluyen los demás poemas, como el famosísimo “O Fortuna”. Por esa razón, este ensayo tratará de hablar sobre los poemas lúdicos y satíricos del Carmina Burana extrayendo y centralizándose en su carácter carnavalesco, con base en la teoría planteada por Mijail Bajtín en La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. El contexto de François Rabelais.

Además de sus otras reconocidas teorías, Bajtín trabajó con la cultura de la Edad Media utilizando como base la obra Gargantúa y Pantagruel de Rabelais. Esta serie de cinco novelas innovó con su humor sucio y grotesco, al tratarse de la vida de dos gigantes bastante chuscos. Como comentario personal, puede que la influencia de la medicina, campo que también practicaba Rabelais (Epdlp) haya servido para esta clase de chistes contenidos en la obra, desde flatulencias, heces, entre otras cuestiones que un doctor observa a diario. En fin, gracias a esta clase de humor fue que Bajtín realizó su estudio sobre la vida en la Edad Media, y pues, aunque fuesen altisonantes los temas expuestos por Rabelais, Bajtín señala un momento donde los vicios, hedores, las locuras masivas y demás convivían en una sola gran fiesta: el Carnaval.

Como es conocido, los carnavales son las fiestas previas al momento del calendario cristiano-católico donde se efectúa la cuaresma, uno de los momentos más importantes para esta religión puesto que festejan al final la resurrección de Jesucristo. Sólo que el carnaval de hoy en día es muy distinto al que festejaba el hombre medieval. Construían un segundo mundo donde podían realizar lo que desearan. Un espectáculo tremendo, donde cada uno se presentaba como otro, un ejemplo muy claro es el uso de máscaras durante las festividades. Los carnavales, por lo tanto, era el tiempo donde la gente podía realizar una sátira de su propia vida y reírse de todo y de todos, no importaba si se tratara de una broma respecto a la figura del rey o hacia al propio Papa.

Los  personajes que en el medievo tenían una vida que, en sí, era siempre un carnaval fueron los goliardos. Fueron un caso común de deserción de cargos de la iglesia, desde altos mandatarios, clérigos, y tan sólo estudiantes, quienes decidían dejar su labor o eran destituidos de esparcir la palabra del señor, y  mejor decidían habitar entre tabernas y escribir con mayor libertad. Lo que hace especial el estilo de los goliardos es su preparación, al ostentar una gran originalidad y actitud frente al mundo (Naranjo Escobar, 2014). Tenían un agudo conocimiento en los clásicos literarios y un gran manejo de la retórica latina. De hecho, los poemas recopilados en el Carmina Burana están escritos en un latín “culto pero dotado de una gran flexibilidad –gramática y estilística- procedente del latín vulgar” (Carmina Burana, Antología, 2006). Es decir, ya eran parte del “vulgo” cuyo lenguaje fue aceptado por los eclesiásticos tiempo después.

Al no tener oficio ni beneficio, los goliardos recibieron este nombre por ser “seguidores del diablo”, en referencia a Goliath, relacionado con Satanás y los vicios. Estos “felices” clérigos redactaron los poemas del Carmina Burana alrededor de los años 1220 y 1250 y está formado por casi 300 poemas (Antología, 2006, p.9) pero fueron descubiertos hasta 1803 por J. Christoph von Aretin, en el Monasterio benedictino de Beuern, en Múnich, Alemania. De ahí se latinizó “Beuern” a “Burana” para darle nombre a estos cantos (Antología, 2016, p.10).

Hasta que von Aretin rescató la antología, no existía interés por los goliardos y mucho menos por su obra. Fue un descubrimiento sorprendente puesto que, además de su calidad artística, la manera de abordar algunos de sus temas era inusual en la Edad Media. La recopilación de Carmina Burana se divide en tres grandes temas (Antología, 2006, p.31): los poemas morales y satíricos, donde critican a la política, la envidia y avaricia, la corrupción, y también se ubica el famoso O Fortuna, un canto a la inestabilidad de la misma; los otros cantos son los más extensos y divulgados: los relacionados al amor y a la naturaleza. Y para finalizar, los cantos lúdicos y tabernarios, los más apegados a la vida goliardesca, ya que exaltan la diversión, el consumo de alcohol y  la amistad, típicos temas del interior de una cantina.

En este trabajo, dejaremos a un lado los poemas de temas amorosos, puesto que no encajan con la idea de lo carnavalesco de Bajtín, pero probablemente se les haga mención, porque es curioso que sobrevaloren ese apartado siendo que la verdadera riqueza goliarda se encuentra en los poemas morales y tabernarios. No significa que los amorosos no tengan una buena calidad, al contrario, pero como opinión personal quizá su relevancia sea por mano de las recientes editoriales en búsqueda de que la gente se interese por la obra. En el caso de “O Fortuna”¸ no sería un texto enfocado al Carmina Burana si no se le hace alguna mención.

Este poema ganó fama tras su musicalización, junto con otros cantos, por el compositor alemán Carl Orff. Pero el texto no ocupaba de tal arreglo para ser una obra sobresaliente. En las ideas de Bajtín, se menciona una tendencia en los carnavales sobre lo contradictorio, o la marcada línea entre lo alto y lo bajo. De esto habla “O Fortuna”: “como la luna de estado cambiante; siempre creciente o menguante” (Antología, 2006, p.55). Por eso se suele representar con una rueda, no la que se ven en las ferias, sino una de madera, de la cual también aparece siempre acompañada la diosa del mismo nombre, Fortuna. Es una deidad romana que solía representarse con los ojos vendados, para simbolizar su forma de actuar indiscriminada (MitosyLeyendas). Otra idea representada en el poema de “O Fortuna” es el azar en el juego, la inestabilidad de la suerte, porque en los carnavales se realizaban esta clase de actividades. Y mencionando estas actividades recreativas, es curioso que la forma mecanizada de la rueda de la fortuna, ahora sea común de ver en los juegos de los carnavales actuales. Como una manera de no olvidar cómo se jugaba la vida ante la inestable fortuna durante esas primeras fiestas.

Otra idea que comenta Bajtín respecto a lo carnavalesco, era la blasfemia. En una gran fiesta donde uno es otro fácilmente puede soltar sus inseguridades y comentarios despectivos hacia Jesucristo o Dios. En el caso de los goliardos, se inclinan más a la crítica hacia la clerecía, puesto que una mayor parte de estos ex clérigos fueron rechazados o expulsados por miembros del sistema. En la estrofa 18 del poema “Propter Sion non tacebo”, se comenta respecto a los eclesiásticos: “Pedro por fuera, por dentro Nerón; por dentro lobos, por fuera como corderos de ovejas” (Antología, 2006, p.72). Al ya no estar dentro de la orden, en su “carnaval eterno”, los goliardos tenían mayor libertad de criticar temas tabú como lo es la Iglesia cristiana-católica.

Fuera de esos, existe más material carnavalesco en los poemas lúdico-tabernarios, el nombre lo dice todo. El poema más sobresaliente respecto a la descripción de la vida carnavalesca es uno llamado “Archipoeta”, donde se realiza una clase de oda al goliardo. “Cual barco sin timonel soy llevado […] también y es lo segundo, se me acusa de que al juego acudo […] olvidado de la virtud a los vicios me entrego […]” (Antología, 2006, pp. 219-221) son algunos claros ejemplos de la ligereza con la que el archipoeta se entrega a la vida placentera, llena de comedia por las acciones que realiza, recordando a las anécdotas que bufones y payasos cuentan para hacer reír a su público. El archipoeta vive en un espectáculo, donde también es espectador “los lugares públicos evitan algunos poetas y eligen partes escondidas y secretas […] y al final despachan una obra brillante apenas”  (Antología, 2006, p. 222); ve la vida como un juego pero de igual manera la interpreta. Y la interpreta con gusto y humor “a Ovidio, después de beber, en poesía supero” (íbidem).

Las vulgaridades también son un rasgo común del carnaval. Es decir, la presencia de flatulencias, vómitos, o demás sustancias que salgan despedidas de nuestro cuerpo y que no son del agrado del resto de los presentes. El uso de palabras altisonantes también podría entrar a esta categoría. En “De conflicto vini et aque” se menciona “Cuando el vientre esta hinchado, entonces devuelve variados flatos de ambos gañotes, y cuando la ventosidad es así distribuida, el aire se contamina, por el infecto estrambote” (Antología, 2006, p.228). ¿Cómo el hecho de “soltar un gas” se vuelve cómico? Con la ligereza carnavalesca. En cuanto al lenguaje, aunque en lo personal existen dudas del original en latín, se lee “el cabrón cuando bebe, dice lo que no debe. Cuando bien se harta, lo que no debe larga” (p.242) por el uso de la palabra “cabrón”, pero fuera de eso, no se observa alguna grosería.

La vida como un carnaval sin fin. ¿Cuál será el beneficio de ello? Huir de la pasada vida, enmascararla, o mejor dicho, hacer una parodia de la misma mientras se vive la segunda vida, la carnavalesca. Es la figura que crearon los goliardos de sí mismos: un ser opuesto a la cultura oficial pero teniendo bases de la misma. Los goliardos en sí son una contradicción. Se regían por el azar y la fortuna en sus juegos y borracheras, sin embargo en su escritura ponían a veces algo más. Criticaban a la política e imposiciones de la época, haciendo uso del criterio que ganaron en el tiempo que formaban parte de tal sistema. En fin, vivieron una situación complicada, por ello se mencionó sobre la contradicción en sus vidas.

Lo más carnavalesco que se redactó en Carmina Burana es el “O Fortuna”, es difícil negarlo tras representar el espíritu del carnaval: las cosas al revés, lo alto y lo bajo, cómo una vida puede cambiar a otra totalmente distinta, y el azar en el juego. Pero más que carnavalesco es un poema reflexivo, puesto que se encuentra catalogado entre los poemas morales de la antología. Los poemas de tema lúdico son escasos, y en ellos se encuentran los puntos expuestos por Bajtín a partir del espectáculo, lo cómico-verbal menos del vocabulario, donde sólo aparece una palabra que es considerada grosería (cabrón). Sin embargo, los poemas de tema lúdico no dejan de ser un gran ejemplo de las acciones de un ser “carnavalizado”.

Como se mencionó al introducirlos, los goliardos tenían una vida carnavalesca y esta se ve reflejada en sus versos dentro del Carmina Burana. No necesariamente todos cumplen con los requisitos bajtinianos, pero los que realmente lo hacen, son versos respetables. Entonces, se puede concluir que la carnavalización buscada en esta antología se encontró más al conocer de la vida misma de los autores (los goliardos) que lo expuesto en la obra analizada, puesto que no todos los problemas abarcan los temas lúdicos, ni tampoco estos son totalmente representativos de lo expuesto por Bajtín. La búsqueda de ser “otro” entre el humor y la denominada “mala vida”, fueron las cuestiones carnavalescas que llevaron a estos ex clérigos a crear los grandes poemas del Carmina Burana.

 

Bibliografía:

Anónimo. [2006]. Carmina Burana. Antología. España: Alianza Editorial.

Anónimo. [s/a]. François Rabelais. El poder de la palabra. Web:

http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2183

Naranjo Escobar, J. [Julián]. [2014] Los goliardos: la lírica profana medieval. Revista Mito. Web: http://revistamito.com/los-goliardos-la-lirica-profana-medieval/

Anónimo. [s/a]. Fortuna. Mitos y Leyendas. Web:

http://mitosyleyendascr.com/mitologia-griega/fortuna/

Escrito por Verónica Fragoso Irineo

Próxima egresada de la licenciatura en Letras Hispánicas de la Universidad de Guadalajara. Mexicana oriunda del norte, con interés en el ámbito editorial, la gastronomía, el cine y los videojuegos.