Vanderley Mendonça es una de esas personas difícil de encasillar en un solo oficio, sin embargo él dice sentirse identificado como editor. También es poeta, periodista, traductor, diseñador gráfico, esgrimista y gestor cultural.

thumbnail_Vanderley Mendonça 7798

Crédito de la foto: Juvenal Pereira

La literatura brasileña tan rica y tan vasta tiene una vida propia dentro de las fronteras del gran hermano suramericano. Ahora bien, afuera es poco lo que se conoce de tantos escritores que son admirados en su país, y que bien podrían serlo en otras latitudes si hubiese una mayor iniciativa de promoción y divulgación. Bien ganado ya tienen su espacio los modernistas brasileños: Mário de Andrade, Oswald de Andrade, Manuel Bandeira, entre otros. Bien ganado también tiene su espacio otro de Andrade, Carlos Drummond. Ni se diga del reconocimiento de Joao Guimarães Rosa, principalmente con su siempre vigente Grande Sertão: Veredas. No podríamos olvidar tampoco a la poderosa Clarice Lispector, que con cada año que pasa aumenta su reconocimiento internacional. Sí, no hemos olvidado al archiconocido Jorge Amado, y al también valorado Érico Veríssimo. Sin embargo, la literatura brasileña está en constante movimiento y para todos los géneros hay autores de considerable calidad. Poetas, cuentistas, novelistas, ensayistas, nutren las letras de este gigante del continente, pero de pocos de ellos se entera el resto de Hispanoamérica. Pues bien, inversamente proporcional sucede con la literatura Hispanoamérica que llega a Brasil, y que es considerada por la crítica, y por los lectores. Pocos son los autores, más allá de los superclásicos: García Lorca, García Márquez, Borges, Neruda, Vargas Llosa, Cortázar y algunos otros, que son publicitados en las librerías brasileñas. De autores fuera del reconocimiento rimbombante poco y nada se sabe, y eso bien lo sabe Vanderley Mendonça, editor, pero también traductor y diseñador gráfico, que si bien nació en el noreste del país, ha vivido gran parte de su vida en la errancia, y que actualmente desde San Paulo rema para difundir la literatura- principalmente la poesía− de diferentes latitudes del mundo en su nación. Dentro de sus motivaciones siempre hay autores hispanoamericanos (muchos de ellos todavía no han sido editados en Brasil). Con un proyecto editorial, que bien nos remitiría a los años de Gutenberg y al espíritu de un Quijote, Vanderley expande el marco literario para sus connacionales.

I. 

Lo conozco una noche del cuarto mes de este 2017. He entrado a la Livraria Cultura, la que se ubica en el Conjunto Nacional, sobre la avenida Paulista, una de las avenidas más representativas de la ciudad. El lugar sería el sueño para cualquier amante de las letras. Tres pisos completos de libros y libros para todos los gustos. Me entero luego que esta librería es una de las más grandes de América Latina. He ido para el lanzamiento de un libro sobre la obra de la ya citada Clarice Lispector. Un amigo en común nos presenta. Vanderley es de mediana estatura, con algunas entradas en su frente. Usa lentes. Viste vaqueros y una camisa azul. Al oír mi voz identifica que soy de otro país y cuando le digo que soy colombiano me habla en español. «Es que viví varios años en Barcelona», me aclara. También sabe catalán. Sí, esto me permitió traducir y editar al poeta Joan Brossa. «En realidad me gustan mucho los idiomas porque me permiten acercarme a diferentes obras poéticas que llaman mi atención».
Y es que Vanderley es un editor, al estilo más romántico posible. Le gustan las ediciones artesanales (estudió para esto diseño gráfico y tipografía en Hochschule fuer Grafik und Buchkunst, en Alemania y pre impresión en el RIT – Rochester Institut of Technology, en EUA) y el sello editorial que comanda, Demonio Negro, se ha caracterizado por tiradas pequeñas donde el detalle y la técnica son tan valiosas como el contenido mismo del libro. Aquel día hablamos de diferentes autores, de catalanes, de mexicanos, de argentinos. Si bien no dejó de nombrar poetas de los lugares más diversos. Vanderley me habla de Zbigniew Herbert, de Wilsawa Szymborska, de Joan Salvat Papasseit, de Raymond Carver, de Gisèle Passinos; de poemas provenzales. Y en un momento, casi al final de nuestra conversación, me habló de la esgrima, otra de sus pasiones. Quedamos en reencontrarnos y hablar sobre poesía, sobre el mundo editorial y la literatura en Brasil.

II. 

Una semana después de aquel evento, nos encontrarnos en un café de la calle Augusta; una calle con bares, restaurantes, teatros y cines, que cruza la ya citada avenida Paulista. Lo primero que quisiera preguntarle es sobre la esgrima (he leído que es un esgrimista profesional y que participó en diferentes campeonatos). Me responde que esta es una de sus tres pasiones. Las otras: la poesía y el diseño gráfico. Y las tres están siempre presente de una u otra manera en su modo de asumir la vida.

¿De qué forma dialoga la esgrima con la poesía y el diseño gráfico en tu concepción de vida?

Antes que todo creo en el pensamiento universalista y humanista en el mejor sentido griego. En ese sentido la esgrima me ha permitido cuidar de mi cuerpo, de mantenerme en forma, pero también me ha permitido competir, lo que creo que es importante en toda disciplina; competir para uno dar el máximo de sí. Creo también que en la voluntad de autocorregirse, de mejorar la técnica, que es algo que tiene la esgrima, pero que también se aplica a la poesía, al diseño, a la vida.

Ahora hablemos de tu errancia. Hoy vives en San Paulo, pero has vivido en diferentes lugares, no solo de Brasil. ¿Qué influencia ha tenido esto en ti?

La errancia siempre fue algo que se dio en mi familia desde muy pequeño. En ese sentido el ir mudando de un lugar para otro hizo que eso que se llama «raíces», ligado a un lugar físico, no tenga sentido para mí. Pienso la tradición está en la cultura y no como espacio físico. En ese sentido pienso la tradición como algo más universal.

¿Y cómo editor y traductor?

En este aspecto también se hace más universal, lo que para un editor amplía su cosmovisión. Para un traductor puede motivarlo para perfeccionar su oficio.

Eres un gran apasionado por la poesía. Sé que estudias diferentes idiomas para captar la esencia de poesías del mundo entero. ¿Por qué esto?

Sí, todo lo que yo sé se lo debo a la poesía. Pues justamente la poesía concreta, la visual, me convirtió en un artista gráfico. El gran impulso cosmogónico me lo ha dado la poesía. Lo de los idiomas es porque me gusta. Tratar de entender un poema en su lengua original me satisface mucho. Después viene la posibilidad de traducir un texto y compartirlo con posibles lectores.

¿En qué sentido la poesía concreta influyó en ti?

Bueno, hubo un momento donde supe que la poesía era un todo de forma y contenido. No es solo el texto, es también su forma, el impacto visual y su disposición plasmada en el papel, la cual logra trasmitir tanto como el poema mismo. En ese sentido me interesó mucho la poesía concreta.

¿Cuándo sucedió esto en tu vida?

En realidad siempre fui muy curioso por las formas y lo visual, pero estaba desde los 13 o 14 años apasionado por la poesía. Leía mucha poesía, y una vez un amigo me mostró un libro que cambió mi modo de ver la poesía, pero también la vida. Ese libro era Un Coup de Dés, de Mallarmé. Después con el tiempo supe que ese libro había sido traducido por Haroldo de Campos, que es uno de los grandes en la literatura brasileña. Así llegué a Augusto de Campos, su hermano, que en ese libro de Mallarmé participó con un ensayo sobre el francés. Desde entonces, a partir de la obra de Augusto, me fui encontrando en la poesía concreta.

En ese sentido, en el plano de la poesía concreta, ¿Augusto de Campos es un autor clave para ti?

Sí, y más allá de la poesía concreta, en realidad es el autor que yo más admiro en toda la historia de la poesía pues siempre en su obra lo textual y lo visual constituyen igual importancia en el poema. Su obra Viva vaia es una experiencia total poética: forma, colores, texto. Como editor tuve la suerte de editar tres libros suyos: Poemóbiles, Reduchamp y Colidouescapo, todos libros experimentales y fundamentales para la historia del arte gráfico aplicado al libro.

Se puede decir entonces que la poesía fue llevándote al diseño, que es otra de tus pasiones.

Sí, la poesía como ese todo me condujo al diseño, porque quería poder trabajar con los libros como un arte, como lo que realmente son originalmente. Y que mejor para esto que en textos de poesía, que son los que más gusto. La poesía también me despertó el deseo por escribir. De alguna forma veo y vivo la poesía en lo que André Bretón llamaba de «vasos comunicantes».
Así surgió Iluminuras, tu libro. ¿De qué trata? ¿Estás escribiendo algún otro libro?

Sí, Iluminuras es la idea de un libro memorial, poemas donde vierto toda mi influencia de las traducciones y tradiciones que he hecho en mi vida. Y sí tengo un libro nuevo, su título es De amor e morte. Será publicado en Portugal y México.

Pasando a tu rol de editor. ¿Cuál es tu consideración del panorama editorial en Brasil?

Un mercado dividido. Por un lado el del negocio de las grandes editoriales. Estas, por su estructura, se imponen en las librerías, en los grandes eventos. Hacen muchas traducciones, la mayoría de éxitos comerciales, principalmente éxitos en inglés. Y por otro lado están las pequeñas editoriales, con poco tiraje, con esfuerzo, que apuestan por poesía, por libros más experimentales, y que divulgan sus obras en espacios más alternativos: saraos, ferias independientes, boca a boca. Este tipo de movimiento editorial toma cada vez más fuerza. En parte porque el autor está más comprometido y participa más en la divulgación.

En cuanto a la literatura hispanoamericana. ¿Hay una cierta indiferencia en el mercado editorial brasileño por esta?

De alguna forma sí. Realmente hay grandes obras literarias hispanoamericanas que aquí se han ignorado, y sucede que son en realidad grandes obras de la literatura, pero no ha habido interés real por darlas a conocer aquí en Brasil. Por decir algo, poco se sabe aquí de Ramón Gómez de la Serna, siendo que es un autor que influyó y fue admirado por grandes nombres de la literatura: Borges, Cortázar, Alberti. Y eso que los anteriores me refiero a clásicos que es casi inaceptable que no tengamos sus obras traducidas al portugués, pero hay muchos más, y autores actuales que no llegan y no son traducidos.
Por otro lado sucede que los renovadores e inventores nunca están en los cánones. Por eso es que está Dante y no Cavalcanti. Está Lorca y no Ramón Gómez de la Serna. Pero esto ya es algo de la literatura y del arte en general. Claro, aquí también sucede. Creo que sigue existiendo una barrera de intercambio cultural entre Brasil e Hispanoamérica, que al final nos afecta a todos.

Para terminar. ¿Qué autores has traducido o editado de Iberoamericana para el mercado brasileño que te marcaron?

Han sido varios, pero me enorgullece el haber editado en portugués libros de grandes autores como Piedra de Sol de Octavio Paz o Los crímenes ejemplares de Max Aub. Pero hay mucha poesía con la que me he sentido a gusto. Joan Brossa, Sor Juana Inés de la Cruz, por solo citar algunos.

 

Escrito por Juan Quintero Herrera

Escritor y periodista. Licenciado en Comunicación Social. Aspirante a Maestro en Literatura Española e Hispanoamericana (Universidad de Sao Paulo-USP). Es editor del blog Disco Cultural del diario El Universal de Cartagena y del blog En busca de la verdad. Enverdades.blogspot.com. En nuestras caras (Hadriaticus Editores, 2016) es su primer libro de narrativa (cuentos). Actualmente trabaja en un poemario y en una novela. Twitter: @JuanQuinteroH