“Un hombre se me puede acercar en la calle y preguntarme por una dirección… ¿me está interrogando o está perdido?”

Robert Redford, Todos los hombres del Presidente.

El poder se ha convertido en una fuente constante de sospechas: vivimos en un mundo dominado por la ansiedad al futuro, rodeado de finales ecológicos terribles, desastres económicos globales e inestabilidades geopolíticas destructivas. Es normal que las referencias al poder se encuentren desleídas por un tiempo de apocalipsis social que ve en lo opaco una señal que erosiona lo democrático: las teorías de la conspiración suponen un marco de referencia amplísimo en donde todo cabe en el rompecabezas del conspirador. A cada actor político o económico le tiene asignado un papel instrumentalizado, ominoso y depredador. La teoría de la conspiración es la hipótesis fabulosa de mentes que alinean lo aparentemente inverosímil. Los expedientes secretos X caen en esta línea de protegerse contra el poder, contra el Gobierno, la intoxicación por lo secreto es la peor consecuencia de  un poder que cabalga seguro entre las sombras.

Mark Fenster[1] confirma que el cuerpo más extenso de análisis e investigación en torno a las teorías de la conspiración surgió en las décadas de 1950 y 1960 en Estados Unidos, especialmente de la mano del historiador Richard Hofstadter, que junto con otros acuñó el término de “paranoia política” para designar una patología social que sufrían aquellos fuera del consenso pluralístico. Según Fenster, los pluralistas basan “su noción de gobierno” y de administración pública en el hecho de que en una democracia existen una multiplicidad de grupos de poder. Lo contrario de una democracia de este tipo es una sociedad de masas, en donde hay “grandes grupos de personas que no están integradas a ningún gran grupo social”. Por ello, los defensores del pluralismo advertían de los peligros de pertenecer a grupos de extrema izquierda o extrema derecha, los cuales sustituían “el conocimiento y la práctica real de la política” por la demagogia patológica de la ideología extremista. Un elemento de esta ideología era, precisamente, el “miedo paranoico a la conspiración”.

Para Hofstadter, la conspiración sí existe, pero no bajo las formas de referencia que la cultura popular nos han hecho creer: no un cúmulo de poderosos con la intención de dominar todo sino más bien procesos o estrategias políticas que requieren del secreto para existir. Al tratar de rastrear las causas de esta paranoia conspirativa, Hofstadter las encuentra en el advenimiento de la sociedad de masas, especialmente en “la ansiedad y el resentimiento entre grupos que sentían amenazado su estatus”.

Estados Unidos posee la identidad más extensa en cuanto a políticas de la conspiración, pues es una sociedad tan marcada por el ensueño de lo secreto y la cábala del poder que la verdad se vuelve un asunto de importancia a pesar de su forma elusiva. Desde el escándalo de Watergate[2] pasando por incidentes como Roswell en 1947, el ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 o el asesinato de John F. Kennedy, en Estados Unidos existe una contemplación sagrada y a la vez repelente hacia el secreto. De acuerdo a Jan Delasara[3], para 1997 y de acuerdo a “cifras no oficiales”, el número de documentos gubernamentales escondidos o clasificados como reservados era de dos mil millones a diez mil millones de páginas. Un estudio del senado norteamericano agregó que un treinta por ciento de estos documentos correspondían a la CIA. El presidente de dicho estudio, el demócrata Daniel Moynihan dijo que “Esto no es una buena situación. Si todo es secreto, entonces la gente comenzará a pensar, ¿qué es lo que nos esconden?”

México tampoco ha escapado a este tipo de revelaciones litúrgico-políticas, en cuyo seno se encuentra la certeza casi mística de estar continuamente observados. Dice Jorge Volpi[4] en La imaginación y el poder: “La sensación de estar permanentemente vigilados por la CIA provocaba una profunda incomodidad entre los habitantes del mundo en los años sesenta (…). A la ambigua fascinación que Estados Unidos ejercía sobre México se le añadió un nuevo elemento: la idea de que ni siquiera eran los propios estadounidenses quienes decidían el destino del mundo, sino una fuerza oscura insertada en su gobierno, un grupúsculo que, a despecho de sus instituciones democráticas, dirigía todas sus acciones importantes.” Ser vistos: en esa frase estaban contenidas las ideas de un poder bárbaro, que todo lo podía y que nada se le escapaba. Una especie de panóptico político, un Leviatán omnipresente, una marca de vigilancia constante.

Este contexto permitió que series como Los expedientes secretos X o la trilogía de Alan Pakula, Klute (1971), Todos los hombres del Presidente (1976) y The Parallax View (1974), surgieran con sus dosis de paranoia al límite: “The Parallax View es claramente la más paranoica (…), usa como punto de arranque el asesinato de un senador y su encubrimiento para evocar el asesinato de los dos Kennedys y más: una extensa conspiración corporativa que controla el país a través de asesinatos disfrazados de accidentes[5]”. Las tres películas recaen demasiado en las sombras y en la tesis de que la conspiración tendrá un tipo de control necesariamente allegado de formas y posibilidades tecnológicas, humanas e incluso armamentistas.

Un ojo que además de ver puede tocar.

II

“Bueno, hay una tendencia natural dentro de una burocracia de esconder sus errores…pero más allá de eso, no tengo razón alguna para pensar que alguna agencia gubernamental estaba involucrada…o que si estuvieran, lo supieran. Si tú quieres usar al FBI o a la CIA, no tienes que infiltrarlos completamente. Al principio pensé que estas muertes estaban relacionadas solamente con el asesinato de Carroll. Es mucho más grande que eso”.
Warren Beatty, The Parallax View.

En el cuento La noche de Guy de Maupassant, el personaje principal ama la noche “con la pasión de un converso”: le parece un bálsamo contra el salvajismo del día. Conforme la narración avanza, la noche parece hacerse más voluminosa, más real, ya no un accesorio estético sino una realidad temible: la horizontalidad de la oscuridad termina engulléndolo todo.

La serie de televisión Los expedientes secretos X parte de esta misma tesis exponiendo la conspiración que nos rodea como una noche interminable, carente de final. Es una serie que se expande y que parece no tener una historia que la contenga. La conspiración es tan grande que escapa a la posibilidad de narrarla como un objeto que podamos descifrar. Ahí yace su conflicto y su circularidad pero también su deseo de autopromoción y profundidad. “La teoría de la conspiración representa el deseo de, y la posibilidad de, un orden político que podamos conocer; sin embargo, en sus revelaciones siniestras y su resolución incierta también reconoce, implícitamente, la dificultad de conseguir una absoluta transparencia, poderes equilibrados en una democracia capitalista. A pesar de las intenciones explícitas por exponer la trama, la narrativa clásica de la teoría de la conspiración es ambivalente acerca de revelar “la verdad”  del poder y las posibilidades de un mundo diferente[6]”.

Es decir: para existir, la narrativa conspiratoria requiere comprometerse con la verdad pero, para existir, requiere aplazarla al infinito. Una teoría de la conspiración no puede ahorcarse a sí misma porque las fuerzas que la contienen y la explican son demasiado grandes y complejas para simplificarse. A pesar de ello, el intento de estos héroes (Fox Mulder o el fiscal Jim Garrison en la película de Oliver Stone, JFK) por revelar la verdad a un público seguro de la misma adopta un tono trágico y a la vez religioso de lo que hay por exponer.

Es por ello que Los expedientes secretos X absorbe en su texto convenciones varias que sirven como vistazos individuales de un rompecabezas por descubrir: “Los expedientes secretos X no se limita a las convenciones y fórmulas de un solo género. Toma motivos de un número de ellos- el horror ficticio tradicional, leyendas urbanas, películas de ciencia ficción y dramas televisivos, películas que tratan el tema de la paranoia, historias que aparecen en los medios de comunicación acerca de crimen/detectives/FBI…[7]”. En The truth is out there, The oficial guide to The X-Files[8], se aprecia lo complicado que es definir la serie. Fox Mulder y Dana Scully investigan “fenómenos paranormales”; se dice que Los expedientes secretos X “tiene la distinción” de ser uno de los pocas series televisivas para encontrar “lo macabro”; que parecía que todo iba en contra de esta serie al principio, pues además de Star Trek se ha seguido poco “a la ciencia ficción”[9].

Esta serie no trata el tema paranormal como una forma de creencia sino más bien como una continuación de la conspiración: el Gobierno sabe de la existencia de lo horrible pero lo esconde –la razón no importa. El enemigo aquí no es personificado porque lo representa una idea nebulosa de conjunto: “Una característica significativa de The Parallax View es que no tiene un enemigo identificable- no hay un jefe criminal, un demente asesino serial, un empresario corrupto o un político chueco. El villano es, más bien, el sistema[10]…”

Fox Mulder es un personaje ejemplar en el sentido de que sigue una línea de conducta previsible aún para el espectador. Es un mártir de la verdad pero también su víctima. Fox Mulder es la consagración paranoica de un héroe convencido. No necesita ver para creer sino más bien iluminar lo obvio.

Lo interesante de esta serie, en palabras de Charles Taylor[11] en la revista Millenium Pop, no es tanto que refleja las cuestiones políticas de su tiempo sino la mentalidad gubernamental de una era, pues “lo que une” a Los expedientes secretos X con el zeitgeist es que Mulder y Scully trabajan para “escapar” del legado más duradero del legado Reagen/Bush: que cualquier cosa que venga  de boca del Gobierno –según el filósofo Guy Debord- “es todo lo que hay”, en otras palabras, “que la verdad es irrelevante”. Esto sitúa a Fox Mulder y Dana Scully dentro de un muro doble, pues además de intentar domar a los escépticos de lo paranormal también tienen que convencer a los creyentes de lo gubernativo.

Los expedientes secretos X son, al final, una serie que cultiva el secreto y la conspiración como una forma para adentrarse en los corredores y el torrente del poder. Su discurso no está centrado tanto en lo macabro, lo oscuro o lo indiscernible sino en nuestras sospechas hacia un sistema que esconde lo que sabe: su verdadero valor son las preguntas sin respuesta en un mundo urgido por contestarlas.

 

[1] Fenster, Mark, Conspiracy Theories: secrecy and power in American Culture, University of Minnesota Press, Minneapolis London, 1999, USA, pág. 3.

[2] Chris Carter, productor de esta serie, afirmó que el escándalo Watergate y todo lo que siguió al mismo fue uno de los “eventos más formativos de mi juventud”. En The truth is out there, The offical guide to The X-Files, Written by Brian Lowry, Harper Prism, an Imprint of Harper Paperbacks, 1995, EUA, página 12.

[3] Delasara, Jan, Poplit, PopCult and The X- Files, a critical exploration, McFarland &Company, INC. Publishers, Jefferson, North Carolina, and London, 2000, EUA, pág 15.

[4] Volpi, Jorge, La imaginación y el poder, Editorial Era, México, 1998, pág 123.

[5] American Cine of the 1970, Themes and Variations, Edited by Lester D. Friedamn, Rutgers University Press, New Brunswick, New Jersey, 2007, USA, pág 121.

[6] Fenster, Mark, Conspiracy Theories: secrecy and power in American Culture, University of Minnesota Press, Minneapolis London, 1999, USA, pág. 138.

[7] Delasara, Jan, Poplit, PopCult and The X- Files, a critical exploration, McFarland &Company, INC. Publishers, Jefferson, North Carolina, and London, 2000, EUA, pág 39.

[8] The truth is out there, The offical guide to The X-Files, Written by Brian Lowry, Harper Prism, an Imprint of Harper Paperbacks, 1995, EUA.

[9] Una discusión más amplia puede encontrarse en el libro citado arriba. El de Jay Delasara es uno de los más completos que he encontrado a la hora de analizar diversos aspectos de esta serie.

[10] Ibid, pág 92.

[11] Consultado el 14 de abril de 2015 en: https://rileyrockindex.files.wordpress.com/2012/02/mpopi194.pdf o http://www.thejfiles.com/xxxhomepage/articles/millpo.html. El párrafo que me sirve puede encontrarse también en el libro, “Deny all knowledge”, Reading the X- Files, Editado por Lavery, David, Hague, Angela y Cartwright, Marla, Syracuse University Press, 1996, EUA, pág 3.  El título del artículo es Truth decay, Sleuths after Reagan.

Bibliografía:

  • The truth is out there, The offical guide to The X-Files, Written by Brian Lowry, Harper Prism, an Imprint of Harper Paperbacks, 1995, EUA.
  • Deny all knowledge”, Reading the X- Files, Editado por Lavery, David, Hague, Angela y Cartwright, Marla, Syracuse University Press, 1996, EUA.
  • Fenster, Mark, Conspiracy Theories: secrecy and power in American Culture, University of Minnesota Press, Minneapolis London, 1999, USA, pág. 138.
  • Delasara, Jan, Poplit, PopCult and The X- Files, a critical exploration, McFarland &Company, INC. Publishers, Jefferson, North Carolina, and London, 2000, EUA, pág 39.
  • American Cine of the 1970, Themes and Variations, Edited by Lester D. Friedamn, Rutgers University Press, New Brunswick, New Jersey, 2007, USA.
  • Volpi, Jorge, La imaginación y el poder, Editorial Era, México, 1998.

Escrito por Guillermo Fajardo

Guillermo Fajardo (1989) es escritor. Maestro en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Wisconsin-Madison. Cuenta con tres novelas publicadas, un libro de cuentos de terror y fue incluido en la antología Te guardé una bala (Casa Editorial Abismos, 2015). En 2016 ganó el segundo lugar en el concurso anual convocado por Editorial de Otro Tipo con su novela Los discursos presidenciales. Estudiante de doctorado en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Minnesota- Twin Cities.