Patricio Pron (Rosario, 1975) es Licenciado en Comunicación Social por la UNR y Doctor en Filología Románica por la Universidad Georg-August de Göttingen. Elegido por la revista Granta como uno de los mejores escritores de su generación y con más de diez títulos publicados hasta la fecha, su libro más reciente es No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (Random House, 2016).

Sos uno de los pocos autores que han sido capaces de alcanzar el éxito tanto en lo académico como en lo literario. ¿De qué manera se compaginan estas dos formas de abordar la literatura?

Mi impresión es que hay una relación bastante evidente entre los campos académico y literario, que se retroalimentan mutuamente incluso aunque parezca que tienen lógicas distintas: quizás un día haya que hablar de lo profundamente pedagógico que es el mercado y de cómo cierta lógica mercantil de la oferta y la demanda condiciona el otorgamiento de financiación y plazas en la universidad; pero, mientras tanto, y resumiendo mucho, diría que es un poco inevitable que alguien como yo, que ha tenido la posibilidad de obtener una formación académica y es, a su vez, un autor leído fuera de la universidad, no tenga dificultad en desplazarse de un ámbito a otro. En ambos sitios hay muy buenos lectores, y es una suerte haber dado o dar con ellos; hablar de éxito, sin embargo, es algo exagerado.

Tu libro más reciente es No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles, donde ficcionalizás un congreso fascista que habría tenido lugar en la Italia de 1945, a modo de contraste con el congreso antifascista de 1937 en Valencia. Es claro que vos condenás sin dudas las perspectivas políticas de los autores que representás en este texto, pero eso no obsta para que puedas reivindicar también, en su justa medida, la calidad literaria de algunas de sus obras, como se ha hecho por ejemplo con Ezra Pound. ¿Hasta qué punto la biografía personal de un autor condiciona su lectura y su recepción crítica? ¿Este tipo de prejuicio biográfico condena al olvido obras que merecerían ser recordadas?

Absolutamente. Si en algún momento pareció posible, por fin, prescindir de la figura del autor como elemento central en la lectura y recepción de los textos, el hecho es que en la actualidad el autor ha recuperado ese lugar central (ha regresado, por decirlo así) junto con las formas más impresionistas de la crítica literaria. (En el sentido de que sólo comunican “impresiones de la lectura” en vez de tratar de poner el texto en un mapa o evaluar su politicidad.) A ello, por supuesto, también contribuye, y mucho, el mercado, que vende autores y no textos (como se pone de manifiesto con cada nueva faja que anuncia: “Del autor de…” o “Tras el éxito de…”). Sin embargo, la lectura centrada exclusivamente en los aspectos biográficos de los autores no solamente desactiva esos textos, sino que también induce a una visión completamente distorsionada de la historia literaria en cuyo marco habría autores “buenos” y autores “malos” (y no textos “buenos” o “malos”: al margen de lo cual, por supuesto, esos calificativos denuncian tácitamente una visión moral de la literatura que está en el fondo de lo peor de las interpretaciones literarias actuales).

Para un autor como vos, que defiende una separación nítida entre la vida y la obra de un escritor, ¿cómo influye, a la hora de escribir, esta manera de entender la literatura?

Por una parte, esa separación constituye un sitio hacia el que dirigirse como autor; por otra parte, es una frontera que la ficción tematiza, a veces perversamente, en mis libros. De allí todos esos “P” o “Patricio Pron” que aparecen en ellos y que al lector le compete determinar cuánto o cuán poco se parecen a su autor. La ambigüedad de que el autor “habla de sí mismo” y, al mismo tiempo, no lo hace es uno de los motores más poderosos de la literatura; pero también un ámbito de confrontación de las ideas preconcebidas si se piensa la literatura como un campo de batalla entre lo que es y lo que puede ser, entre lo que se nos dice que es y aquello que sabemos que es realmente.

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles puede entenderse en clave de novela, pero también de ensayo, de falso documental o incluso de juego literario. Es un texto que vos calificaste en alguna ocasión de poliédrico y que no resulta sencillo de encuadrar, un rasgo que es aplicable también a muchos otros de tus textos. ¿A qué responde que la literatura de Patricio Pron vaya más allá de las formas convencionales?

A un cierto hartazgo de las formas convencionales, supongo. También, a la impresión de que el rasgo dominante de buena parte de los libros que podemos leer estos días es su “intercambiabilidad”: si deseas leer una novela policiaca puedes leer la de A o la de B sin menoscabo de la experiencia, e (incluso) teniendo una experiencia de lectura muy similar; si deseas leer novela “política” sobre el pasado reciente puedes escoger la de C o la de D; puedes leer la última “sensación literaria”, pero descubrirás que se parece a otros tres o cuatro o veinte libros similares en tono, tema, voz autoral, situación enunciativa, orden temporal, etcétera. No me parece que este hartazgo sea algo que sólo yo siento: quizás el descenso de las ventas de libros se deba también a la percepción común en esta época de que se publica mucho y casi todo muy similar. Y harto como uno está de leer cosas convencionales, naturalmente, no va a ponerse a escribirlas, ¿verdad?

Esta apuesta por el juego ficcional y la estructura diferencial de una obra que, en lo temático, está tan atravesada por lo político, ¿puede entenderse como una propuesta para replantear la relación entre literatura y política?

Sí, absolutamente. La propuesta es replantear esa relación para contribuir a que los textos sean políticos más allá de sus promesas o de las intenciones de sus autores.

Contás entre tus influencias a escritores como Jorge Luis Borges, Ítalo Calvino, Marguerite Duras, Nikolái Gógol, Arno Schmidt, Phillip K. Dick y muchos otros. Esta selección de lecturas en función de criterios literarios y no geográficos, ¿facilita la perdurabilidad de la obra de un autor?

No lo sé. Es decir, los que mencionas y otros son escritores importantes para mí, pero no porque sean garantía de ninguna perdurabilidad, sino porque son autores espléndidos que me hicieron mejor como lector y, eventualmente, como autor, y que los lectores deberían conocer.

Sos buen amigo de otros grandes especialistas en Borges como Alan Pauls o César Aira, quienes también colaboraron con vos en una reciente antología sobre Copi. ¿Cabría esperar más adelante algún proyecto crítico similar alrededor del autor de Ficciones y El Aleph?

Sería fantástico que sucediera, pero para ello veo necesario que los astros se alinearan de una forma tan improbable que parece imposible. Al menos por el momento, nuestras ideas sobre Borges quedarán entre nosotros, en las conversaciones y los correos electrónicos.

En ocasiones tu literatura abunda en numerosos detalles reflexivos, descriptivos, contextuales, que en algunos pasajes parecen no revestir mayor importancia, pero que en otros —caso de tu relato El cerco— terminan acaparando con fuerza un primer plano narrativo. ¿De dónde surge este gusto por el detalle? ¿Hay cierta cuota de experimentación en este sentido a la hora de desarrollar y jugar con tu estilo narrativo?

No quisiera revelar todas mis intenciones aquí, pero sí me gustaría recordar el hecho de que la prescriptiva (contra la cual todo autor de relevancia se rebela, inevitablemente) sólo otorga valor al detalle si éste es “funcional”. Y también me desearía recordar lo que me dijo alguna vez alguien, a modo de enseñanza: “Al final del cuento se llega antes caminando que a pie”. Así que todo es posible.

¿La metaliteratura se encuentra en buen estado de salud actualmente?

No lo sé.

¿La seguridad que da una carrera tan consolidada como la tuya te permite crear tu literatura más libremente que en tus comienzos? ¿Una trayectoria tan célebre supone una presión añadida a la hora de escribir?

A la hora de escribir me parece enormemente necesario no pensar en carreras y en trayectorias, ni en las percepciones, acertadas o no, que se tengan de ellas.

¿Hay alguna nueva propuesta literaria que te esté rondando la cabeza en estos meses? ¿Podemos esperar un nuevo libro tuyo para este año?

Quizás. De momento estoy esforzándome mucho por no escribir un libro; sin embargo, alguien como yo sólo sobrevive si consigue acallar las voces en su cabeza, y la única forma que conozco de hacerlo es aceptando su dictado. De ello saldrá, inevitablemente, un libro; de modo que el esfuerzo es otro: no tanto por escribir “un libro”, sino, como decía Ricardo Piglia, por no escribir “un libro más”. En esas estamos, espero.

 

Fotografía de Giorgia Fanelli.

Entrevista cedida gratuitamente por Darío Zalgade
para el número 403 de la revista Quimera.

Escrito por Darío V. Zalgade

Edgar Díaz Oval (Islas Canarias, 1983), más conocido como Darío Zalgade, es Licenciado en Letras Modernas (UNC) y Máster en Literatura Comparada (UAB). Se especializa en el estudio de la literatura latinoamericana contemporánea y el análisis estructural de la identidad. Es colaborador regular en las revistas literarias Quimera, Librújula y Oculta Lit, y fundador de la plataforma editorial Liberoamérica.