Estaba de espaldas al sol. De brazos cruzados y aspecto gandul. Callado y serio como un revólver. La sombra en el asfalto exageraba su bajísima estatura. Y sin embargo, José Lobo Ponte-Ponte conservaba la misma mirada afilada con la que tanto infundió temor en el Barrio Moscú. Ojos de maldad pura que arreaba a los varones y ahuyentaba a casi todas las hembras de la cuadra. Entre sus adornos llevaba costuras recientes y heridas de mal cicatrizar. A Muñeco, como le decían, no le atraían los libros, le animaba otra cosa, como a otros les anima la música o los caballos. Tuvo un paso corto por el fútbol a principios del dos mil, pero la coca y la mota se anotaron más fuerte que un gol. Dos años después, en los barrios más rojos del Orinoco, ni un gramito se movía sin su consentimiento. Se le atribuyeron al menos diez muertos en Caja de Agua y según decían, también el triunfo del Novillo de Oro que dejó por fuera a Pablo Tijeras, un afamado corredor de Toros, oriundo de Siquisique. Un amorío clandestino con la hija del Alcalde, lo alejó de las calles, pero de tanto mojar mano y mano terminó premiándose sus largas e íntimas visitas. La burla popular llevó al descontento padre a apretar el gatillo sobre la límpida frente de su hija, y ya, despojado de su cargo, Muñeco salió libre por las barandas azules, pavoneándose con la fuerza de cien babas. Todos los sabían, la indolencia se nos venía a la vecindad.

Escrito por Andrea Morena García

Nació en Los Pijiguaos, un campamento minero al Sur de Venezuela. Es Comunicadora Social de la Universidad Monteavila (Caracas). Colaboradora y productora de documentales para Vice News, 4 Channel. Música y boxeadora amateur.