La violencia hacia la mujer consiste en perpetuar una serie de acciones que denigran, discriminan y fomentan la desigualdad de género. Actualmente, se comenta y  habla demasiado de los diferentes tipos de violencia y como son ejercidos: la violencia física, la violencia psicológica, la violencia obstétrica y la violencia sexual. Todavía existe una falta de información sobre las consecuencias que sufre la víctima al vivir en un estado de alerta constante. Decir que la mujer es la culpable por permitir, es una excusa más para defender, apoyar y convertir al hombre en una víctima. Dar un paso adelante y dos para atrás. Cuando una mejor estrategia sería apoyar y brindar conocimiento sobre diferentes soluciones para abandonar la costumbre de ser violentado o violento. Cuando una persona recibe violencia, aprende, se vuelve parte de su vida y se repite en el resto de sus relaciones. Por está razón,  acercarse a un psicólogo ayudará a entender las razones y la forma de no recaer. Prácticamente la persona se vuelve un adicto a la violencia.

Una vez me dijeron que la violencia sexual hacia una niña no era una acción violenta porque propiciaba el placer de ambos, que la edad no era un impedimento para el supuesto “cariño” que había entre dos seres humanos aunque la ley diga lo contrario. Me causó un vacío, uno de esos que se anudan en la garganta y te dejan estática como la primera vez que alguien te lanzó un piropo exponiendo alguna parte de tu cuerpo, la vez que alguien te tocó inapropiadamente y no pudiste moverte, la vez que alguien eyaculó sobre ti sin pedirte permiso o cuando te ahorcaron mientras tenias relaciones sexuales. La persona que me lo dijo era un profesional, un joven, alguien con una aparente intelectualidad, pero que seguía mirando a los seres humanos como animales, sin esa racionalidad que nos hace diferenciar entre el dolor y el placer, claro son dos términos difíciles de no relacionar como uno mismo, pero las víctimas saben distinguir muy bien uno de otro.

La violencia ejercida a una persona es una violación de sus derechos, de sus palabras y hasta del alma. No se trata de masoquismo o sadomasoquismo, esos son comunes acuerdos a los que llegan los adultos, sino el hecho de no respetar al otro y hasta cierto punto dejar un hoyo muy profundo que perjudicará el resto de su vida sino se atiende, causará inseguridad, miedo, ansiedad, adicciones, obsesiones y muy probablemente una depresión que se vivirá de por vida.

Nada ha cambiado, las relaciones de noviazgo son confusas e incluso hirientes, se habla de la liberación femenina, se comparten notas y artículos sobre la sexualidad, se muestra a la mujer supuestamente “empoderada” con su traje y su maletín en los medios, pero la realidad es que todavía obedece a ciertas conductas de manipulación y sumisión de las que no termina de ser consciente. Un ejemplo es cuando las parejas les echan las culpas de sus conductas violentas o codependientes, primero son las palabras, luego los pellizcos para pasar a golpes y al final el duelo (la separación). La violencia hacia la mujer también es ejercida en otros contextos y propiciada por otras personas, que no tienen relación con la pareja: las escuelas lo hacen cuando delimitan una separación marcada entre mujeres y hombres o cuando sus maestros enseñan estereotipos diciendo que las mujeres son chismosas y los hombres agresivos, adentro del transporte público cuando los hombres se repegan (no por accidente) o cuando ceden el asiento, en los puestos de trabajo cuando ascienden o favorecen a alguien solo por su género, cuando la propaganda y la publicidad exponen a la mujer como una modelo que solo muestra su cuerpo y al hombre como un emprendedor o un futuro experto en la robótica.

Son muy pocos anuncios donde se ven mujeres con el casco de arquitectas u obreras y  otras mujeres (aunque duela decirlo) cuando señalan e incluso participan en actividades que felicitan a las hombres por sus actitudes machistas.

En México existen diferentes instituciones como Inmujer que responden y atienden a las mujeres tanto legal como psicológicamente, hacen propaganda y publicidad en pro de la igualdad y campañas para fomentar el respeto y la significación tanto en redes sociales como impresos, sin embargo, faltan campañas para la prevención de la violencia en el noviazgo y conocer cuáles son los indicadores que muestren a la persona como violenta en un futuro de la relación. Así mismo, faltan estudios que muestren alternativas y conferencias para los hombres que ejercen y profesan un odio hacia su contraparte. La actividad de dichos programas no debe recaer únicamente en el trabajo con las mujeres sino se debe hacer participe a los hombres tanto de los folletos como de las actitudes que ejercen.

Para finalizar, hay pocos refugios para las mujeres que escapan de sus hogares y buscan la protección de sus agresores, un ejemplo es Baja California Norte. Las políticas públicas deben estar preparadas para la presencia de la violencia en diferentes medios y redes sociales así como estipular cuando una publicación se trata de libre expresión o violencia. Lo mejor que podemos hacer es escuchar y apoyarnos.

Si sufres violencia, pide ayuda, todavía estas viva.

 

Siete pasos que permiten la violencia en el noviazgo sin importar tu género: 

– Idealiza al máximo y no seas objetivo en tu relación.

– Obedece cuando te digan la vestimenta que debes usar.

– No le digas a alguien si te sientes ofendido o mal por las acciones de tu pareja.

– Permite el control sobre tus redes sociales, tus palabras y lugares que frecuentas.

– Sé consciente: Si tú no hubieras dicho o hecho tal cosa, él o ella no reaccionaría así.

– Él o Ella  puede hacer lo que quiera, tú no.

– Permite que haya violencia incluso durante el acto sexual porque él o ella así lo quiere.

 

Información que dignifica: 

http://www.alertadegenero-edomex.com

https://www.gob.mx/sedesol

http://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5343064&fecha=30/04/2014

https://www.gob.mx/inmujeres/

http://www.lashistorias.com.mx/index.php/archivo/una-experiencia-privada/