Parto de algunos lugares comunes: toda antología es, por definición, antojadiza, polémica, hasta cierto punto innecesaria. Podemos pensarla como un recorte de la realidad o una instantánea que deja a medio mundo afuera (continúo con los lugares comunes). Otra forma es asumirla como tal: pura arbitrariedad.

Habiendo dicho eso, voy a plantear algunos nombres que vienen sonando en la poesía chilena joven de la mano de lecturas en diversos espacios, talleres y editoriales independientes como Cástor y Pólux, La liga de la justicia u Overol, que han apostado y tienen entre sus fichajes autores nóveles y jóvenes. Han sido relevante también revistas como Jampster, que de todas las revistas existentes en Chile debe ser la más actualizada y constante en el oficio siempre ingrato, fatigante y ad honorem que son las revistas virtuales.

Cualquier criterio para reunir a un grupo de sujetos que escribe no parece suficiente. Como si de un estudio sociológico se tratase los antologadores suelen recurrir al criterio regional, étnico, sexual, político o a veces incluso estilístico. Los poetas conviven con otros poetas, vivos y muertos, de todas las zonas, etnias, sexualidades, tendencias políticas e inclinaciones estilísticas. El mismo grupo de poetas de esta selección son representación de ello. Más de alguno diría, ¿para qué seguir reuniendo poetas si apenas se vean van a discutir por aquel o tal verso mal puesto? He aquí un gesto de porfía.

El factor común de esta selección podría ser la juventud. Todos los autores son vertiginosamente jóvenes. Todos poetas sub 30. La relatividad del concepto poesía joven es bastante amplía. El poeta que deja de ser joven está prácticamente muerto. No todos los poetas, perdón, no todos los poemas envejecen de buena manera. El buen poema es siempre joven. Ante la posible acusación en torno a la falacia generacional, puedo decir que en este caso es un criterio más bien circunstancial, secundario.

Hasta el momento han sido solo justificaciones, parches antes de la herida. El criterio es lisa y llanamente el gusto. Son poetas que me parece, independiente a cualquier programa o corriente, escriben con gusto, en cierto sentido, libres de encontrarse en y con el lenguaje. Con menos trabas que otros autores se han arriesgado a escribir con soltura. Quiera lo que quiera significar eso.

Entre los publicados, se encuentran Andrés Azúa, Maximiliano Andrade y Florencia Edwards. En El subsuelo es de la corona Andrés Azúa se interna en las diversas capas de la superficie del sur de Chile, particularmente de Punta Arenas, donde la modernidad llegó a medias, simplemente no llegó o no aguantó el frío. Los paisajes guardan el sedimento de otro tiempo, que se aparece fantasmal en el presente. En Bonzo mediante registros variados Maximiliano Andrade da cuenta de la figura sacrificial de inmolación. La estampa del monje budista se solapa a la de otros inmolados, además de extenderse a otras connotaciones escriturales en el fuego. Por su lado, Florencia Edwards en No van a haber robots instala una poética (que palabra más pesada) en torno al relato infantil y un imaginario terrorífico, propio de las narraciones de misterio o las leyendas urbanas tipo Anabelle adaptadas por el cine. La experiencia de la infancia se ve corroída por sujetos que cruzan y encrudecen la vida de dos primos unidos por la sangre.

En el caso de los autores inéditos, sus proyectos me hacen pensar en un despliegue y repliegue del lenguaje en torno a diversas posibilidades de representación como es el caso de Álvaro Gaete. Entiendo el trabajo de lo poético como una forma de apropiación y representación de espacios por conquistar en y mediante el lenguaje, tanto en Maximiliano Díaz como en Gaspar Peñaloza. Así también el ímpetu o desenfado de la propuesta de Emilia Pequeño me hace pensar en la libertad de estos autores, pero también en el goce de jugar con la palabra. Todas las caracteriscas son trocables o intercambiables en todos los autores: despliegue, apropiación, desenfado, así también experimentación, juego, soltura, en fin, cualidades propias que podríamos decir de la juventud, pero de la juventud de los textos, que es de lo que hablamos.


ANDRÉS AZÚA

Confluyen las anécdotas
de gente que se perdió en el desierto
Como un coro de voces
que se repiten.
Nos vimos obligados al descubrimiento
de la forma más difícil.
El tiempo se había detenido
detrás de una puerta cerrada.

XVIII

La sangre inesperadamente criogenizada espera
acción y más acción en la vida eterna.
La materia, aunque arbitraria
te guiña un ojo
y adquieres un personal espejismo.

Cuento: dos perros de ropa un gorrión y más perros
en una ralentizada puesta de sol
¡qué novedosa resulta siempre tras los barrotes!
Una garita en un epicentro de predicción de tormentas
o en el cruce de diez panamericanas
-zona de avistamientos y desaparición de familiares
que dejan tras de sí un rastro fantasma.

Se ha sabido de tornados que han cruzado ríos
escalado montañas afectado valles
huevos de rana que la evaporación lleva
hasta las nubes, donde eclosionan
y caen a tierra en forma de chubasco fotografiable.
Los peces, por otro lado, alcanzan la adultez en las nubes
y en seguida caen al mar.

XXV

Entrenas una empatía solitaria
como laborioso escritor de epístolas
hacia la tristeza de diversas damas
un ave o nube exótica atraviesa el vidrio
que es tu única precaria conexión con el mundo:
una ventana que exhibe el rostro de un copiloto que saluda
como para condecorarse de humanidad,
-todavía estoy cálido
no necesitamos peritajes-
su paso te recuerda vidas pasadas
o vidas que no te pertenecieron
en las que te mimetizabas como niño curioso que añora la inercia
del personaje de una fábula o de un objeto curioso en su casa.
Después de tanto físico acondicionamiento involuntario
veo la fuente, la luna, una almohada:
indistintamente son mis interlocutores.
Retribuir, retribuir.
En tus zapatos.

*Inéditos

Andrés Azúa (Punta Arenas, 1990). Escritor y dibujante. El 2016 publica el libro de poemas El subsuelo es de la corona (La liga de la justicia ediciones). Actualmente co-dirige el taller de poesía Mecánica y Pintura junto al poeta Juan Carreño. Sus dibujos pueden ser vistos en la cuenta de instagram el.rey.del.pescado.frito


MAXIMILIANO ANDRADE

Una fogata que ilumine el silencio

Quemaré mi cuerpo con monedas con billetes con papeles de un vacío irrenunciable Para construir una ciudad que explote todo el tiempo

Estallar sólo con un fin didáctico
como un profesor que exhibe su muerte
para enseñarle a una estrella
a dar luz

No hay poemas para la ausencia del tacto

Achicharrados los huesos se pelan con la fricción de la indiferencia que deja el frío de las costras blandas o las flamas al contacto con todo cuerpo uniforme que se sume a la resistencia guerrillera de la muerte

Nadie quiere enfrentarse al dolor de la
desaparición del propio cuerpo
Perderse
Mirar a los ojos
mientras los ojos se queman

Conquistar territorios de luz con los dedos

El paisaje se quema como se quema un libro viejo Un cuadro viejo Un cuerpo desaparecido Las ciudades se incendian como se incendian los ríos montañas y lares Los recuerdos se inmolan como se inmolan las manos puestas al sol en medio del desierto

Desaparecer de un lugar no habitado
no representa ningún síntoma de rebeldía
Escribir sin ningún sentido
Nadie lee fuego mientras todo se está quemando

*De Bonzo

Maximiliano Andrade (1990), publica Bonzo (2016, Editorial Cástor y Polux, Chile), aparece en las antologías: Halo, 19 poetas chilenos nacidos en los noventa (2014, J.C Sáez Editor, Chile), Mil novecientos violeta (2015, El Gaviero, España), Pasarás de Moda (2015, Editorial Montea, México). Participó de la exposición Poetry will be made by all! (2014, 89 Plus/ LUMA Publications, Suiza) con el libro Sangre de Pájaro I, [viaje al centro de las cosas].


FLORENCIA EDWARDS

 Los primos
o hermanos
(nadie se atreve
a averiguar
su relación)
son pingüinos
que se deslizan
por los azulejos
recién trapeados
del motel.

La Pataleta de Marco
irradia voz de sol enojado
parece niño toro o cordero
ese monstruo de violetas.
“Yo no soy ningún niño que con viles
plegarias
tenga que arrepentirse de los males que ha
hecho.”

Y canta de memoria
una canción que ha escuchado en la radio
de ese rudo pistolero
italiano enamorado.

A los niños húmedos
el ladrón les cuenta
una historia de aluminio:
“Los hijos que se pierden
lloran en la noche entre las ruinas
y cuando lloran
un robot muere.”


Explicación de película
de terror

Anabel, Marco
no se preocupen,
ellos no murieron
porque tienen los ojos cerrados:

Son muñecos
a los que
les ponen pesos
en los párpados

Los niños reales mueren con los ojos abiertos.

*De Ya no van a haber robots

Florencia Edwards. Escribe poesía, cuentos, y trabaja en la empresa de Neurociencia Backyard Brains. Ganó el primer lugar de poesía, concurso Vita Joven el año 2004. El premio era la impresión de 100 copias de un poemario llamado “Queso Derretido”. Fue Becaria del taller de poesía Balmaceda 1215, con Pablo Paredes. El 2009 ganó el primer lugar en el concurso de poesía Universidad Mayor con el poemario “Ya no van a haber robots: aventuras de motel”. El 2010 imprimió y encuadernó, como parte de una colección de libros artesanales creados por el grupo “La Faunita”, su libro de cuentos llamado “Historias de Terror para niños”. Al año siguiente, este libro se tradujo al Francés y se publicó por LC Editions bajo el nombre “Hitler in love”. El año 2012 fabricó un robot con 3 televisores que hacía un monólogo sobre los celos y fue exhibido en la feria de inventos Santiago Mini Maker Faire. El 2017 se publicará con Saposcat “Historias de Terror”, con nuevos cuentos incluidos. Aún se espera que termine su poemario sobre dinosaurios.



ÁLVARO GAETE

En esta parte del mundo el feng shui suma nuevos adherentes, cada día. Lo que

es negativo, según el feng shui. Concepto que en este vocablo significa “viento y

agua”, respectivamente.

La sombra cuando logra su proyección corrige y segrega: Al poner los muebles

frente a la luminaria, adosados al muro, desde el vértice del primero hasta la

pared, una silueta indica el espacio útil.

Se sabe que la lámpara no cambiará de posición en términos de “viento y agua”.

Se puede decir que la tensión es la altura de la cascada, la corriente, el volumen

que cae, y la potencia, el impacto que recibe el lecho del río.

Al mover la lámpara, no solo se cambia el torrente, también la posición del sol al

que suple.

Por esto son los muebles los que cambian de sitio.

 

Si antes hubo un parque el espacio se suspende. Rodear con huinchas sus límites. Se retiran bancas o el metal torcido que haya quedado, también pudieron haber sido juegos. La estructura de los juegos, su esqueleto, está hecho para no ser desarmado. Si bien hay algunos con cuerdas y elementos plásticos que resaltan como la novedad, son los primeros en destruirse o deformarse. Si bien se cree que la relación metal-concreto (las bancas y juegos más los bordes del gramado y postes) es inhóspita, siempre llegan niños. No es por el color, la pintura se desprende al cabo de algunos meses debido a la fricción. Es la forma lo que llama al uso.

*De Ensamble

Álvaro Gaete (Lo Espejo, 1994) Estudiante de pedagogía en castellano (UMCE- ex pedagógico). Mención honrosa en poesía premio Roberto Bolaño 2016. Trabaja en su primer libro.

 


EMILIA PEQUEÑO ROESSLER

sus palabras gritan que soy leprosa
que he cimentado mi cuerpo en llanuras de cobre
yo no quiero que me hablen ya de heridas
desconocen el escozor purulento que palpita sobre ellas antes de dormir:
las mordeduras que la sequedad va dejando en silencio
lo cierto es que estas llagas tienen caras como las monedas
y te miran cuando las miras al espejo
y te queman las cuencas de los ojos
y relucen sobre la piel descascarada
informes, rugosas
te atrofian para que no puedas tocar la belleza
se esconden bajo las rocas de sangre que brotan de sus pliegues
regadas ahora por las alfombras
llenándose de ácaros
las costras que coleccioné bajo mis sábanas
me dijeron que la piel no podía zurcirse
y aquí me ven

*

apedréame ahora que soy el cuerpo del pecado
acepta de una vez por todas que te equivocaste
tú sabías que las olas del mar me llamaban y no las quise oír para seguirte
pero para tus labios fui siempre innombrable
aunque sea ahora que nada vale quiero que me digas que era cierto
me habría astillado la cara de vidrios rotos solo para que me miraras
pero tú no habrías visto en ellos más que tu reflejo fraccionado
sé muy bien que no conoces la culpa
pasarán los años y solo habrás sufrido por ti
me verás entre los abedules disfrazada de cristo
en la cruz sobre una montaña erguida bajo el sol eclipsado
las gotas de sudor frío bajando por mi sien te hablarán al oído
te contarán los secretos de los ruiseñores que viven en mi tumba
pero tú no querrás oírlos ni les dirás nada
mi recuerdo será una leve punzada en la nuca los días de lluvia
nada más que un detalle molesto en el rabillo del ojo
los jazmines que me amarré en el pelo para ti
y sus pétalos que gritan tu nombre en su último hálito

De La Ronda del Hambre (Inédito)


E
milia Pequeño Roessler (Santiago de Chile, 1997). Estudiante de Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas de la Universidad de Chile. Ha participado en talleres de poesía con Héctor Hernández, Javier Bello y Raúl Zurita. Forma parte del colectivo de poesía Taller Juan Gabriel. En 2016 se adjudica la beca de creación literaria que otorga el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes por su proyecto “La Ronda del Hambre”.


MAXIMILIANO DÍAZ TRONCOSO

Después de dormir

Gente poco humilde dice que “no hay límites
para la comprensión humana”,
incapaces de encomendarse
a las dinámicas (quizás celestiales, o pura
coincidencia) que nunca podremos desmenuzar:
en algún lugar de Santiago
una mujer joven duerme / sueña
con plantas iluminadas por la lluvia,
abejas y caracoles.

Despierta temprano
y los encuentra en su patio.
Al mismo tiempo, a unos kilómetros
un tipo de unos veinte
sueña con ella
despierta tarde
y arma un pequeño
jardín en su balcón.

Llueve en estos jardines cerrados

El viaje a la ferretería está pensado como un inverso
al del bosque,
sin barro en los zapatos, tipos
de insectos sobre hojas silvestres
ni manchas de luz
sobre el techo del auto: sol interrumpido por los árboles
esto, si se entiende al bosque
como un centro nostálgico
(a pesar de que ese espacio
no haya pertenecido a nadie).

Hoy, sin embargo, llueve en el sector
jardín de la ferretería más grande de mi ciudad,
y el patio a cielo abierto
parece un estadio olímpico abandonado.

Aquí no llegan entomólogos
a descubrir moscas sobre los tomates.
Solo las plantas. Saber que cada una de ellas
tiene una arquitectura única
para depender a su manera
del agua o la luz del sol,
y resistir a los dientes
de orugas específicas,
pero nuestro criterio de selección
es por su capacidad de comprenderse
con los muebles o elementos del jardín.

En un rato
cierra la ferretería,
y en las noticias dijeron que llueve
hasta mañana en la mañana.
Asumo que
cuando las nubes aceleren su paso
alguien volverá
dispuesto a comprar una manguera, herbicidas
(quizás también una fuente pequeña con un buda
vertiendo agua sobre las piedras),
y plantará tallos nuevos en su casa
según los colores que más le acomoden.

Después de todo, es eso,
o mirar cómo el pasto crece
según el pulso irregular de las lluvias
sobre el cielo abierto
de los patios.

Entre los brotes del cobre

Hay que esperar algunos días antes de buscar
a los trabajadores abatidos por un derrumbe en la mina.
El terreno se vuelve
inestable
y nadie quiere que se repita.
Me gustaría decir que lo sé:
cómo hacer funcionar un cuerpo muerto.
Pero la verdad es que ni siquiera
los he visto tan de cerca.
Y es especialmente difícil
saber qué hacer
con los que mueren de hambre
en el entierro prematuro de los metales preciosos.

Tal vez por la posibilidad
(aún no medible en números)
de que el sujeto haya sido aplastado.
No digo que no haya que intentarlo:
escarbar el terreno con las mismas
cucharas plásticas que se entregan en servicios
de urgencia y patios de comida.
Pero la pregunta es otra:
Cómo obtener el resto:
piel huesos páncreas enredaderas de pelo o una humilde vértebra
(por la ilusión
del diálogo
con el cerebro
ahí contenido).
Me atrevería a decir que no hay
que pensar en sacarlos vivos,
pero qué podría ofrecerle yo
a la composición del cuerpo desenterrado. Siendo
galopado por restos de cobre y gravilla;
Sacudir al cuerpo como alfombras en el jardín
si es que las ganas de no abandonar la búsqueda
fueron tan fuertes.
Pero lo mejor sería ignorar mis consejos.
Si ni siquiera me acerco a ellos
ya maquillados a través del vidrio pulido
en cajones de madera.

Maximiliano Díaz Troncoso (Rancagua, 1994) Llega a vivir a Santiago en 2012 para estudiar Literatura en la Universidad Diego Portales. Fue becario de la Fundación Pablo Neruda durante el 2015, y a fines de ese mismo año terminó su pregrado. Actualmente trabaja en la librería Metales Pesados y está en conversaciones para la publicación de su primer libro.


GASPAR PEÑALOZA

no basta con un ojo adentro
y otro afuera
si quieres transformar la boca
no solo llenarla en las encías
una pirueta en forma de tubérculo
pide ser mirada
sin salir bajo tierra
por cada hormiga que asesinas
se interpreta una carencia
sucedáneo a buscar una percepción
que ya no está
fácil así perder la flecha
en un cuerpo que muta
amplía sus senos
corren el cerco por deporte
hasta reventar
cada estocada aplasta
larvas chanchos de tierra ciempiés
no se drena hasta el submundo
el agua que al caer trae el ritmo
lo sientes al pisar la vía del tren
o el medio de una carretera desierta
duele detenerse
donde hubo peligro
contrapelo a las rutinas del barrio
más duele alzarla
cuando espera un beso tímido
que apartarla para siempre
augurando suerte
en la próxima estación
te crees más de aquí pero
te quedaste en un rincón
mientras unos sobre otros
descansábamos
no te parecía delegar
en una casa sin muebles
tu peso
que además era demasiado
tragabas
Pasa el dedo afectuosamente
por objetos insignificantes
un problema puede ser para siempre
superficie de astillas
te pinchan y demoran
el deseo mientras se pixela
te ciega con esto digo
todo lo que conozco se pixela
cuesta darse cuenta destapado
más dormido del frío
basta un abrigo
cómo saberlo
ya sabes la hambruna
de ideas que acaban
no pierdas el tiempo
bautizo tus coreografías musculares
como quien devora una Negrita
e intenta achuntarle a un tacho
con su envoltorio vacío
que cae
a mitad
de camino
es fácil olvidar el ancla
la fuerza hacia atrás
traiciona
el salto hacia adelante
el taxista ve y dice
ella te quiere
se nota que te quiere.

De Sedimento (inédito)

Gaspar Peñaloza (Viña del Mar, 1994) Vive en Valparaíso, es editor de la revista http://www.concretoazul.cl.

Escrito por gastón carrasco

Gastón Carrasco Aguilar (Santiago 1988). Ha publicado El instante no es decisivo (Fundación LUMA, Zurich, 2014 y Balmaceda Arte Joven Ediciones, 2014), Viewmaster (Biblioteca de Santiago, 2011 y Editorial Ajiaco 2016) y La soledad del francotirador (N.d.G. 2016). Ha sido Becario de la Fundación Pablo Neruda (2012), finalista del concurso de cuentos de la Revista Paula (2013) y del Premio de Literatura, categoría poesía, de la Municipalidad de Santiago (2015). Ha participado en la edición de las obras Manuel Rojas, Joaquín Edwards Bello y Gonzalo Millán. Actualmente prepara su tesis doctoral en torno a la representación del diablo en la literatura chilena del siglo XIX.