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El fundador, o mejor, el teórico, del movimiento Avant-pop norteamericano es el artista Mark Amerika. Su manifiesto, como los demás manifiestos americanos, quedó establecido sobre 10 puntos que los críticos no para de tildar de broma, o de reglas de acción para un grupo de niños con juguetes trans-media. En esencia, para entrar directamente en la argumentación, este es un movimiento sucesor del “posmodernismo” que incluye la explosión mediática de finales del siglo XX.

Términos como high y low culture han sido barridos de un plumazo por el ímpetu de un colectivo de artistas que declaran que hay una nueva era de escritores y artistas que se está gestando y que nada tiene que ver la palabra establishment y su significado sectario. Son enemigos declarados de la cultura pop, especialmente aquella que pretende sostener elitismo y valores artísticos anacrónicos por medio de manipulación mediática. Antes bien, Amerika, dice en el quinto apartado de su manifiesto:

“¿Establecimiento literario? ¿Establecimiento artístico? Olvídenlo. Los artistas Avant-Pop usan los datos experimentales de cada uno de los otros como olas de energía caótica que chocan y se mezclan en la sangre-textual mientras el flujo siempre cambiante de los proyectos creativos que derivan de su trabajo colectivo inunda el terreno electrónico de culto con una sutil energía contra-establecimiento que cambiará para siempre la manera en que diseminamos e interactuamos con la escritura [1]”. 

Si se mira con lupa este emergente mover artístico se podrá comprobar que aquellos son los nietos de Marshall McLuhan. Si los padres inventaron los mass-media, los hijos, el movimiento Avant-Pop, son los que juegan con internet, las redes sociales, comunidades virtuales, nuevas formas de escribir y leer, inaugurando una generación emergente que se alinea con la inteligencia intuitiva y narrativas surf  no lineales. Como dice José Antonio Marina Torres:

“Vivimos en la época de las historias mínimas, múltiples, inconexas, desvinculadas, intertextuales, protoplasmáticas, ameboides, patchworks” [2].

Esta cultura derivada de los trans-media no es renuente a la ilusión de los cables y la virtualidad, sino que celebra que una vanguardia se geste desde la imaginación digital y con ello un compendio de neologismos como TVG, SMS, CDI, TPE, Google, bug, blog, Smart, alta velocidad, hipertexto, clic, rap, viabilidad, ecosistema, zona peatonal, zapping, biodiversidad, chat, pulga electrónica, nubeteca, éxota, mouse, bucle satélite y otras floras y faunas artificiales [3] que son apenas algunas concepciones de una jerga que se va estilizando para tomar conciencia de que el Avant-Pop ha inaugurado una nueva forma de tratar con realidad.

Sabemos que la posmodernidad dejó preguntas sin respuestas, pero a este movimiento no le interesa tanto saber, como interactuar con las cosas inteligentes. Ahora todo está para usarse sin necesidad de entender aquello, o de crear sin ninguna genealogía histórica. La cultura como herencia social importa menos que Google, donde se aprende sin método al alcance de un clic o una arqueología del saber le es indiferente.

Ven la moda como el paradigma de cultura posmoderna donde el sujeto sabe más, pero recuerda menos. A esto, los Avant-pops, le llaman “enfermedad de información”. Superabundancia de datos que, como una piedra, necesita ser cincelada, no a la luz del pasado, sino frente al aura del futuro con herramientas del presente.

Con mente abierta (openmind) reemplazan la linealidad, o la narrativa tradicional por una escritura inconexa, casi que un rizoma o una rayuela, o el estilo fragmentario benjaminiano que los convierte en “ficcionadores mutantes”.  De ahí que reagrupen sus propios nichos en Internet con un público más global, para compartir sus lecturas en línea, presentar sus hipertextos multimedia interactivos, y retroalimentar esa comunidad con conferencias, foros y otros canales.

Echan mano de un estilo sexy, irónico, exótico, oscuro, surrealista, alucinante, tomando como referentes a críticos del arte como Marcel Duchamp, humoristas como Lenny Bruce, escritores como William Burroughs, cineastas como David Cronenberg y David Lynch, además de movimientos artísticos como Fluxus, Situacionismo, Letrismo y Neo-Hudismo.

Pero no solo personajes y movimientos miliares son los que avalan este nuevo amanecer vanguardista, sino también grupos de rock como los Sex Pistols, Pere Ubu, Bongwater, Tackhead, The Breeders, Pussy Galore, Frank Zappa, Sonic Youth, The Resident, y una larga lista más que engloba a ciento de artistas, escritores, filósofos, activistas y demás.

Si bien es cierto, lo Avant-pops ven la mega información como una cepa del posmodernismo, tienen la misión colectiva desde diferentes focos artísticos de alterar el enfoque de la cultura popular. Nada de editoriales y contratos corsé que aprisionan la creatividad, antes bien creen en individuos con intereses comunes con los cuales pueden comunicarse, interactuar y recibir un feedback que en cierta forma cumple la función de la crítica o el aplauso moderno.

Podríamos hablar de un emergente movimiento cultural sin atributos para usar los conceptos de Robert Musil, o líquido, para corroborar a Zygmunt Bauman, que se esparce por la red con sus tentáculos creando una identidad, donde las empresas, (no necesariamente editoriales) no quieren quedarse fuera del juego y las reglas propuestas. José Manuel Lucia, elogiando el texto digital afirma que las irrupciones de internet en el sector editorial no son conlleva digitalizar textos, sino que con su llegada emerge nuevos hábitos de creación, acceso y consumo cultural, efectuando una transformación histórica [4].

Pero casi que podríamos oír a los representantes del Avant-Pop chistar ya que unas de sus mayores particularidades, es la valoración de la historia como una indecisión metafísica.  Por boca de Amerika, habla un conglomerado que dice no nos interesa si tu escenario es el pasado (ficción histórica), el presente (clásicos contemporáneos), o el futuro (ciberpromoción).  Un espíritu renuente a todo estándar comercial o establishment que pretenda glorificar al escritor solitario o a la obra best-seller.

Esta vanguardia es casi un caos. Sin embargo, admiten que el Postmodernismo cambió la forma en que se leen o se crean los textos. Tengan o no tenga razón, alegan que, desde antes de fundarse como movimiento, ya habían penetrado esferas de interés, apoyando creaciones artísticas. Entre su nomina se cuenta a:

Mark Leyner, Ricardo Cortez Cruz, William Gibson, William Vollman, Larry McCaffery, Ronald Sukenick, Kim Gordon, Doug Rice, Derek Pell, Kim Deal, Darius James, Lauren Fairbanks, Jello Biafra, Lisa Suckdog, Eurudice, Nile Southern, Takayuki Tatsumi, John Bergin, John Shirley, Bruce Sterling, Richard Linklater, Don Webb, The Brothers Quay, Lance Olsen, Curt White, Eugene Chadbourne, King Missile, David Blair.

Y muchos más, entendiendo este “muchos más” como los nuevos ídolos del sexo espacial, atemporal, destructores narrativos, des-vertebradores de la sintaxis y trastornadores de la composición, que no están creando el futuro, sino que son el futuro.

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[1] Amerika, Mark. Manifiesto Avant-Pop. Hilo de ejecución que se descubre a sí mismo en diez anuncios rápidos. Versión Epub.

[2] Marina, J. 2011. Pequeño tratado de los grandes vicios. Epub base r1.0.

[3] Finkielkraut, Alain. 2006. Nosotros, los modernos. Ediciones Encuentro.Madrid. P 136

[4] Lucia, José Manuel. 2012. Elogio del texto digital. claves para interpretar el nuevo paradigma. Fórcola ediciones. Versión Epub.

 

 

Escrito por diegofirmiano

Escritor, Periodista, Viajero.