He pecado en nombre
de todas las que fui.

La condena
no siempre tiene
por qué ser vulgar.

La oscuridad de este cuarto
me obliga a preguntar por los míos:
¿Dónde están?
¿Cuándo echaron la tierra sobre mí?
¿Era, acaso, el amor la salvación?

Alguien tiene que sacrificarse en este rito,
dice el hombre de negro.

Nadie debería tener
una muerte solitaria.

Escrito por Carolina Riccio

Poeta