Aurora Beltrán nace el 26 de agosto de 1964 en Pamplona pero vivió desde niña en Potasas (Beriáin, Navarra).

A mediados de los años 1980 lidera el cuarteto de música rock femenino Belladona y, en 1987 forma el grupo Tahúres Zurdos con los que tocará durante diecisiete años.

En 2004, tras la disolución de la banda, Aurora comienza su andadura en solitario.

Invicta
Para recuperar la fe
tendría que volverme niña,
ser inocente, limpia,
curarme todos los estigmas
para poder brillar y desprenderme de la ira.
Debilitada quizás, pero jamás vencida.
Nunca vencida.

Aurora Beltrán se entrega a la música y a quienes la siguen de una forma generosa, desgarrada, brillante y vital. Se atrevió a abrir caminos donde aún no habían conseguido caminar otras y se ha ganado el respeto y el reconocimiento a su carrera a base de trabajo y de talento.

A punto de sacar su próximo disco, «Usiana», ha tenido la amabilidad de conversar con Liberoamérica.

Pregunta: Tu andadura musical comenzó a principios de los años 80 como líder del cuarteto femenino Belladona. Este hecho coincide en el tiempo con la eclosión de numerosos grupos de rock en Navarra y País Vasco como La polla records o Barricada. ¿Cómo recuerdas esta época?
Respuesta: De lo primero que me acuerdo es de lo que nos costó juntarnos cuatro chicas. Eso en aquel momento era bastante complicado. La primera persona con la que contacté fue con Puri Alzelai que era la bajista. Ella tocaba en un grupo de Alsasua que se llamaba Yo qué sé. Luego contacté con Josebe (Garialde). Ella tocaba en un grupo que se llamaba Pabellón pirata donde también estaba Alfredo Piedrafita, guitarrista de Barricada. Lo más difícil fue encontrar una batería. Entonces conocimos a María Cerrato que era compañera de un batería de Pamplona originario de Badajoz, como ella.

Recuerdo también que éramos una rareza. Por el hecho de ser mujeres no se nos tomaba muy en serio pero, cuando empezamos a tocar, comenzaron a respetarnos. Su actitud cambiaba cuando nos bajábamos del escenario.

P: Ya en esa primera época aparecen elementos que te acompañarán siempre. Aparecen entonces temas como Te hará sentirte mejor que incluirías años más tarde con Tahúres Zurdos con el título cambiado a Noche de amor; aparece también un gusto por el rock acústico y también el tono reivindicativo. ¿Siempre has tenido claro lo que querías transmitir con la música y cómo querías hacerlo?
R: Obviamente cuentan muchas cosas: cuenta la edad, cuentan las experiencias que tú has vivido, las que no has vivido, cuenta la sabiduría y la inercia también es importante. Yo nunca he pretendido imponer sino hacer canciones que envejezcan bien siguiendo el ejemplo de otros músicos que han conseguido que una canción de cuarenta años esté aún vigente. Lo que más envidio en las obras artísticas en general, no solamente en la música, es que lo creado siga siendo vigente. Por eso yo me siento más en canciones que en estilos. Los estilos pueden cambiar pero la esencia nunca cambia. Por eso he pretendido hacer canciones bonitas con las que la gente de alguna manera se sienta identificada. Yo soy muy estándar. Lo que yo siento es muy parecido o igual a lo que siente todo el mundo: tengo frío, calor, desamor, amor… La diferencia es que yo tengo una vía, que son las canciones, con la que puedo expresar lo que todos sentimos. Obviamente tengo influencias, claro que sí. Está todo eso que te he dicho y la música que escucho desde pequeña. Pero para hacer una canción las influencias son múltiples, son gigantes y hay miles de cosas que pueden influirte a la hora de hacerla.

P: Precisamente llegas a emocionar a tanta gente que en tu etapa liderando Tahúres Zurdos también llega el éxito. ¿Te esperabas todo lo que pasó? ¿Cómo recibiste o encajaste todo aquello?
R: La palabra éxito tiene miles de connotaciones.

P: Te entiendo, no me refiero al éxito puramente comercial sino a que durante diecisiete años de carrera los Tahúres siempre tuvisteis un público muy fiel.
R: Sí, eso sí. Conseguimos mantener fiel a un tipo de público que no entendía de edades ni de pelajes. Solo sentían cosas que cualquiera de nosotros sentíamos. Y allí había personas de diferentes edades, otras con el pelo largo, otras con cresta, otras con chupa de cuero y otras con corbata simplemente porque todos podían llegar a sentir lo mismo. Creo que nosotros conseguimos aglutinar a todas esas personas y ahí es donde se comprueba si realmente has conseguido llegar a esa esencia de la que hablábamos antes.

Y luego está lo del éxito. Yo no sé qué ambiciones pueden tener las personas. Mi mayor ambición es ser feliz y cada uno tenemos una manera diferente de serlo. A mí las cosas que me hacen feliz son realmente pequeñas y muy cotidianas porque las sé apreciar, simplemente, no porque yo sea especial. Pienso que la gente tiende a idealizar el éxito. El éxito no es tener ciento cincuenta conciertos y mucha pasta. Con muchos conciertos y mucha pasta no puedes comprar ni salud ni tiempo para vivir experiencias que son necesarias en la vida. El éxito es un compendio de cosas que se pueden dosificar y no es precisamente ser famoso o salir en la tele. Ahora mismo yo me siento una persona muy exitosa porque he sabido compaginar muchas cosas a la vez que me hacen feliz. Entre ellas, claro, está la música ocupando un rango muy alto.

P: Me hablabas de salud y precisamente cuentan que aprendiste a tocar la guitarra por culpa (o gracias a) una enfermedad que te obligó a permanecer sentada mucho tiempo. En «Museo púrpura» también incluyes el tema Invicta en el que dices ‘debilitada quizás, nunca jamás vencida’. Tu resiliencia es realmente inspiradora. ¿La música te ayuda a luchar contra lo adverso?
R: ¡Si no fuera por ella! Es lo que te he comentado antes: las personas necesitamos una vía para canalizar las cosas que nos pasan. Hay gente que va a un gimnasio y le pega cuatro patadas a un saco y hay gente que, por desgracia, no tiene una vía y se convierte en psicópata (risas). Mi suerte es que con las cosas adversas puedo hacer algo tan chulo como una canción. Y me explico: no me puedo comparar con él para nada pero hay un pueblo que se llama Guernica al que el señor Pablo Picasso dedicó una obra porque de repente vinieron unos hijos de puta nazis y lo bombardearon. Ese hecho que ojalá nunca hubiese ocurrido inspiró un cuadro que utilizó lo que pasó y que es una gran obra de arte. Con las canciones pasa un poco parecido: habría preferido no tener motivo para escribir muchas de las canciones que he escrito porque a veces hablan de cosas que no son bonitas. Pero ya que existen podemos hacer algo chulo para recordar que hay ciertas cosas en la vida que no molan nada y también que algunas cosas tienen remedio. Son una manera útil de quitarte muchos fantasmas. Los que escribimos canciones muy pocas veces nos paramos en los momentos buenos y decimos: voy a escribir una canción sobre esto. Lo que hacemos es vivir ese momento, exprimirlo…Pero cuando estamos jodidos y están pasando cosas malas, te aseguro que muchos de nosotros necesitamos escribirlo. He hablado muchas veces con mis compañeros y colegas y a la mayoría le pasa lo mismo. Tenemos que canalizar todos esos fantasmas para tratar de conseguir hacer con ellas obras de arte algunas veces. Es una manera de reciclar lo chungo y convertirlo en algo bonito.

P: Y llega próximamente «Usiana», tu nuevo disco, que presentarás en Pamplona el día 6 de octubre. Con respecto al título, cuentas en tu Facebook que se trata de un gentilicio inventado por ti derivado del nombre del lugar en el que vives actualmente pero que también es una palabra quechua que significa ‘dejar de llover, despejarse, escampar la tormenta’. ¿Qué deseo le pedirías a un disco que llega con tan buenos augurios?
R: Como te comentaba antes, en cierta manera soy una persona ambiciosa pero mi ambición es poder permanecer en este lugar donde estoy porque haciendo lo que hago me siento muy feliz. Por desgracia es bastante difícil vender discos ahora. Más que nada esto es una excusa para que la gente vea que sigues ahí. Le he puesto muchas ilusiones a las canciones nuevas. Hay una cosa en la que coincide la gente cercana a mí que me gusta mucho y es que me dicen que «Usiana» tiene mucha luz. Quizás la pretensión que tengo es ser como el brote de la portada. Es espectacular, ¿la has visto?

P: Sí, creo que la portada capta muy bien tu esencia.
R: Eso me está diciendo todo el mundo. Pues eso es lo que quiero, que yo o que mis canciones mejor (la verdad es que yo no tengo mucho afán de protagonismo), sean como ese brote que sale de un panorama hostil en el que parece imposible que surja algo bello. Y yo, con toda la humildad del mundo, pretendo ser un poco ese brote. Ojalá que me pudiera acercar a serlo. Mientras tanto, me siento muy feliz porque he tenido la capacidad de volver a hacer estas canciones, poderlas enseñar a la gente y poderlas tocar, si los hados nos acompañan. 

Escrito por Sonia San Román

Sonia San Román. Logroño, La Rioja (España). 1976. Licenciada en Filología Hispánica. Escritora y profesora de lengua y literatura españolas. Ha publicado los libros de poesía 'De tripas, corazón'; 'Planeta de poliuretano'; 'Punto de fuga'; 'Anillos de Saturno'; 'Nosotros, los pájaros', 'La barrera del frío' y la antología recopilatoria de su obra poética desde 2004 hasta 2017 titulada 'De la palabra hacia atrás'. Forma parte del consejo editorial de Ediciones del 4 de agosto con quienes ha coordinado las obras colectivas 'Strigoi. 25 poemas vampíricos. Un homenaje a Bram Stoker'; 'Hay caminos. Antología homenaje a José Hierro'; 'Yo tenía tres modos de pensar: ciudades, ríos y rock and roll. Antología de Benjamín Prado' y 'Gloria a Gloria. Antología homenaje a Gloria Fuertes' así como el festival poético Agosto Clandestino. Algunos de sus poemas y relatos aparecen recogidos en numerosas antologías y revistas literarias tanto en España como en Latinoamérica.