Abrazo inmortal

Grueso
viene el sabor arrugado de las pasas de uva
y abarca todo el amargo de las moscas en las lámparas

aún en las cartas más íntimas
maneja un léxico espeso del que nunca llego a prescindir por completo
todos los días son bestias de laberinto
plantas salvajes que rotan en ángulos convexos

pienso el alto de los árboles como pienso
los brazos que hacen falta para envolverles los pies desnudos
como pienso
los ruidos y los dibujos de girasoles en los manteles
las partes virtuosas
de su peluca nueva

se abren los signos cuando dejan de hacer falta las preguntas
y en cada esquina cae un gigante
sobre su propia espada

todos los días son la piedra de David
todos los días
busco la cárcel de donde debo aprender a escaparme
                                                                                               o transmutar.

 

Amateur

Busco la forma acuosa y lenta de escapar
de este cuadrado de carne obediente (casi obediente)
sin cara posible

¿qué hay, entonces, del otro lado del charco
que estamos obligados a saltar?

me sextuplico sobre las pausas forzadas de los espejos
páginas de diccionario arrancadas
se acumulan en la anchura de la puerta:
buscan la forma acuosa y lenta de escapar
de la furia adjetivada de nuestros modismos
(casi obedientes / casi posibles
casi lenguas animales)

 

Pez globo

Sobre la irrealidad casi continua
a la que con frecuencia nos arrastran
ciertos lugares comunes
nunca solemos decir nada

cantidades infinitesimales de inapetencias no carnales
ordinarios padecimientos no físicos
y otras pasiones igualmente absurdas
armonizan por fuera de nosotros mismos
por fuera y por dentro
de todos los otros

[todos los otros:
fenómenos terrenales de tipo imaginario
que miran
desde el orificio exigido de una máquina incompleta
desde un orificio cualquiera incompleto
que miran
incompletos]

una bailarina de caja de música
posa siluetas clónicas
encima de la cáscara de sus propias raíces
mientras desespera

no tiene manera de saber
                                                        -a ciencia cierta-
cuántos de los ojos que la controlan
son realmente auténticos
(directa y obsecuentemente proporcionales
al espesor del líquido que segregan)
ni cuántas de las manos que la manipulan
se desplazan en la mitad perdida de alguna otra urgencia
vuelven a las vocales cerradas con diéresis
y a otros adornos fónicos del orden nuevo:
lugares comunes sobre los que preferimos no hablar
alfileres que el aire sigue dejando demorados
mientras desesperamos

                                             inflarse es el borde final
                                                                                        acaso la última bifurcación posible

 

 

Sobre la autora:

Vanesa Almada Noguerón nace en la ciudad de La Plata (Buenos Aires, Argentina), en 1980. Tiene estudios en Letras y en Gestión Cultural. Actualmente, reside en Mar del Plata e integra el staff artístico del ciclo “Arte sin Aduanas”. Su labor literaria ha recibido diversos reconocimientos tanto a nivel nacional como internacional, entre los cuales se cuentan el Premio Poesía de las Américas (2008) y el Latin American Intercultural Alliance (2013). Parte de su trabajo poético se encuentra disponible en las revistas de creación literaria Desnuca2, La Avispa, SEA Digital (Arg.), Pangea (Ciudad de Salamanca), Ergo (Universitat de València) y El Humo (Querétaro, México). De su autoría: Entre los ruidos © (Baldíos en la Lengua, 2015), Quemar el fuego © (Autogestivo, 2017).

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Twitter: @vanesaalmada
Instagram: vane.almada.nogueron

 

 

Escrito por Sara Montaño Escobar

Sara Montaño Escobar (Loja-Ecuador, 1989). Licenciada en psicología general. Sus poemas aparecen en revistas de Ecuador, México, Venezuela, Argentina y España. Dirige un fanzine de poesía denominado el sitio de la herida. Pertenece al colectivo de poesía Habemus poesía. Publicó la plaquette Génesis de ausencia (Vis-k-cha, Editorial independiente, Loja- Ecuador, 2017).