Dentro del campo de las letras latinoamericanas contemporáneas, 2017 es un año marcado en buena parte por un signo de relevo generacional tan específico como el Bogotá 39-2017, un evento cuestionable en gran medida, pero de innegable relevancia, donde nombres como Liliana Colanzi, María José Caro, Brenda Lozano, Giuseppe Caputo o Valeria Luiselli continúan su consolidación como grandes referentes en un panorama internacional donde, a su vez, continúan brillando figuras de una trayectoria ya más larga como Álvaro Bisama, Andrés Neuman, Guadalupe Nettel, Santiago Roncagliolo o Jorge Volpi, por citar a cinco de quienes fueron seleccionados diez años atrás en la primera edición de la nueva lista, que hoy ya nos empieza a quedar algo lejana. Después del duro transcurrir de toda una década, echar la mirada atrás a aquellos primeros 39 nombres nos da una cuenta diáfana de lo relativo de este tipo de selecciones —subjetivas desde el descaro, esclavas del marketing, amiguistas— frente a un juez tan implacable como es el paso del tiempo, porque a posteriori resulta insólita, en aquella lista decana, la ausencia de nombres tan vigentes hoy como Patricio Pron, Lina Meruane, Andrea Jeftanovic, Angélica Freitas, Mariana Enríquez o Fernanda Trías, cuyas respectivas literaturas son referencias indiscutibles del campo cultural iberoamericano de nuestros días y sirven, en gran medida, de apoyo o de influencia para sus nuevos y nuevas contemporáneas. Mención aparte, además, merecen autoras como Ariana Harwicz, Rita Indiana o Tatiana Goransky, que por haber nacido en el año bisagra de 1977 parecen condenadas por un mal fario a caerse de las listas de ambas generaciones a pesar de la fuerza extraordinaria de sus respectivas literaturas. Son, entonces, muchos los argumentos que permiten cuestionar buena parte de las figuras que estarán presentes este año en el nuevo encuentro literario organizado por Hay Festival, pero lo es sobre todo la proporción de género: un absurdo 2 a 1 a favor de los hombres que no tiene el menor sentido frente al auge espectacular de la obra y la presencia de las escritoras contemporáneas en América Latina, justas protagonistas de una nueva generación de autoras y autores donde hoy, sin la menor duda, son ellas quienes están asumiendo el liderazgo creativo y el peso cultural a lo largo y ancho de todo el continente. Así, y sin voluntad de desmerecer a los nombres incluidos en la nueva selección —algunos tan incontestables como Daniel Saldaña París, Samanta Schweblin o Felipe Restrepo—, parece justo reivindicar a escritoras como Carol Bensimon, Ave Barrera, Paulina Flores, Alia Trabucco Zerán o Margarita García Robayo, todas ellas autoras de referencia excluidas inexplicablemente de una lista donde también cabría postular la literatura de otras compañeras quizá algo menos visibles, pero con una obra también extraordinaria, como Carla Badillo, Natalia Rozenblum, Daniela Camacho, Julieta Marchant, Romina Reyes, Ana Negri, Constanza Ternicier, y los nombres deberían seguir, seguir y seguir.

Hecho este ajuste necesario, lo que nos propusimos lograr en estas páginas pasaba fundamentalmente por una idea de diálogo generacional entre esos dos grandes momentos que están coexistiendo en la literatura latinoamericana contemporánea: todas estas nuevas voces que vienen irrumpiendo con tanta fuerza en nuestro panorama cultural, por un lado, y, por otro, aquel escenario ya tan consolidado de autoras y autores nacidos en torno a los años 70 del pasado siglo. Lejos de plantearse como una instancia de ruptura, el nuevo mapa literario que se está desplegando en nuestras bibliotecas pasa por un sumar de ideas y discursos renovadores desde el diálogo y amistad intergeneracionales, una instancia enormemente constructiva que amplía, más que sustituye, los círculos culturales de una América Latina cuya literatura se está demostrando cada vez más abarcadora, dialéctica, plural y global. Y es desde este diálogo colectivo, desde ese nexo tan hermoso entre lo nuevo y lo aún más nuevo, que desde Quimera hemos querido plantearnos un ambicioso recorrido donde las voces emergentes de Constanza Ternicier, Oriette D’Angelo, Carol Bensimon, Natalia Noguera, Andrea Morena García y Luciana Reif dialogasen con las figuras ya maestras de Jacqueline Goldberg, Edmundo Paz Soldán, Lina Meruane, Andrea Jeftanovic, Angélica Freitas, Mariana Enríquez, Juan Pablo Villalobos, Santiago Roncagliolo y Rita Indiana, todo en un espacio único donde resolvimos incorporar además tres lecturas críticas a cargo de firmas tan cualificadas, en lo académico y lo creativo, como son las de Mónica Ojeda, Denise Phé-Funchal y Cristhiano Aguiar. Se trata de un intercambio casi inédito entre norte y sur, capitales e interior, narrativa y poesía, trayectoria y esperanza, trazado entre más de veinte de los nombres más presentes de la literatura latinoamericana contemporánea. Y la propuesta, entonces, no podía estar más clara: se trata de una invitación para acercarse y disfrutar de tanta y tanta literatura, un convite para leer y conocer apenas un poco más de las redes y las sinergias que continúan trenzándose, hoy más que nunca, entre tantas voces brillantes que escriben y nos conversan (nos apelan, nos agitan) desde América Latina.

Introducción para el dossier de literatura latinoamericana
del número 407 de la revista Quimera, coordinado por Darío Zalgade.
Septiembre de 2017.

Escrito por Darío V. Zalgade

Edgar Díaz Oval (Islas Canarias, 1983), más conocido como Darío Zalgade, es Licenciado en Letras Modernas (UNC) y Máster en Literatura Comparada (UAB). Se especializa en el estudio de la literatura latinoamericana contemporánea y el análisis estructural de la identidad. Es colaborador regular en las revistas literarias Quimera, Librújula y Oculta Lit, y fundador de la plataforma editorial Liberoamérica.