Una vez escuché a una amiga  parafrasear a Wittgenstein  de la siguiente forma: “Verás, Jaime, como dijo ese filósofo alemán del que no puedo pronunciar su nombre,  lo importante siempre linda con el silencio”. Le hablaba sobre mi relación con mi hermano. Esa frase es, quizá, la mejor forma que conozco para describir el trabajo del poeta serbio Vasko Popa.

A Vasko Popa llegué gracias a Charles Simic. Había un poema de él traducido por Simic en su genial libro Alquimia de Tendajón (título que se le da en la  traducción de Elisa Ramírez Castañeda al originalmente llamado Dime-store alchemy), el poema en cuestión era “La Cajita”. Al leerlo quedé sorprendido: no había en ese poema ningún otro elemento más que una caja, la cual crecía y crecía hasta abarcar lo inimaginable para luego volverse a reducir: eso es todo lo que sucede en el poema. No un yo-lírico expresando sentimientos, no metáforas (porque al contarlo lo hacía como si estuviera pasando, y no como un recurso retórico para acercarse a la realidad de algo), no personajes. Se trataba de un poema, como escribe Simic en su prólogo a la antología del FCE, “deshabitado”. Una imagen desarrollada con ayuda de unos poquísimos adjetivos, pero tan precisos que eran como palabras mágicas.

Sin embargo, no podría decir que en sus poemas Popa simplemente procede a antropomorfizar objetos. Aunque es verdad que difícilmente podríamos ver las cosas de una forma que no sea la humana, en su trabajo artístico hay un verdadero esfuerzo por provocarnos un extrañamiento en las relaciones sujeto-verbo que  propone (encantador-encantado). Véase por ejemplo el siguiente poema:

El triángulo sabio

Había una vez un triángulo
Tenía tres lados
Escondía el cuarto
En su ardiente centro

De día escalaba sus tres cumbres
Y admiraba su centro
De noche reposaba
En uno de sus tres ángulos

Al alba contemplaba cómo sus tres lados
Convertidos en tres ruedas ardientes
Se perdían en el azul sin retorno

Sacaba su cuarto lado
Lo besaba y quebraba tres veces
Para ocultarlo de nuevo en el viejo lugar

Y otra vez tenía tres lados

Y de nuevo escalaba de día
Sus tres cumbres
Y admiraba su centro
Y de noche reposaba
En uno de sus tres ángulos

No hay acción en el poema que no se refiera en sus objetos directos y complementos a otra cosa que no sea la geometría y los números. En apariencia, lo más abstracto y frío. ¿Cómo logra el poeta llevar este material a sensaciones tan humanas sin caricaturizar? No me atrevo a responder hoy.

Normalmente asumimos que un cuarto vacío es un lugar silencioso. ¿Cómo estar seguros?

Al leer la antología que preparó y tradujo tan excelentemente Juan Octavio Prenz, varias de mis ideas favoritas resplandecen y se justifican de forma inmejorable: Amo todo lo que casi no existe. Me provoca mucho sentimiento estar solo y que nadie vea lo que digo o hago. Estoy enamorado de mis amigos porque son enigmas.

La poesía de Vasko Popa es casi un secreto, siento siempre como si me la dijeran en voz baja, o como si la presenciara siempre por última vez. Las cosas se suelen desarmar, desmoronar. Se ha repetido mucho que los poemas nos acercan a nuestra condición humana de mortalidad: a nuestra naturaleza en última instancia como un secreto del universo al que probablemente nadie extrañará pasados unos miles de años, que dentro de la eternidad, no pueden sino ser nada; por eso el planeta vagabundo de Lars Von Trier que colisiona con la Tierra se llama melancolía. Sin embargo, los poemas de Vasko Popa no son tristes, contrario a eso, yo más bien diría que son dulces. Dulces y se desmoronan.

Otra cosa hermosa en Vasko Popa es la forma en que construye algunos de sus libros: cada uno es una propuesta creativa que desarrolla una forma de imaginar en un número, casi siempre, de siete poemas. Hay el libro de los poemas de guijarros (le encanta ponerse retos que parecen imposibles), existe el de los instructivos de juegos y  otro, el de la historia y reflexiones de dos huesitos.

Antonio Machado  escribió en algún momento: “Cantad conmigo a coro: saber, nada sabemos”. Parece decirnos en esos versos que el canto por sí  mismo, es una de las pocas respuestas válidas a la difícil pregunta de por qué existimos. Otro poema:

Lección de poesía

Nos sentamos en un banco
Frente al busto del poeta Lenau

Nos besamos
Y de paso hablamos
De versos

Hablamos de versos
Y de paso nos besamos

El poeta mira hacia algún lugar
A través de nosotros
A través del banco
A través de las conchillas del sendero

En el parque de la ciudad de Vershats
Yo sin premuras voy aprendiendo
Qué es lo más importante en la poesía

Un poema es grandioso también por todo lo que no dice.

Me gusta mucho la sonrisa silenciosa de mi hermano cuando, sin querer, llegamos a una respuesta que no necesitamos mencionar.

Sin títvakulo

Escrito por jaimetzompantzi

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