Una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas; y esto, como veis, deja sin resolver el gran problema de la verdadera naturaleza de la mujer y la verdadera naturaleza de la novela.
(Virginia Woolf)


Leer a Natasha Rangel (Caracas-Venezuela, 1994), supone liberarse de prejuicios, permitir que su pluma te emancipe del conocimiento preconcebido que se tiene del mundo y de sus interacciones. Dejarte llevar por una historia que pertenece a la realidad pero que la relegamos al imaginario de la narrativa, para eximirnos de esos otros que ocultamos detrás de la fuerza contenedora del ego y de las reglas sociales.

Y es que esta autora narra sus ficciones desde el mundo interno real del sujeto; al contrario de los cuentos infantiles que se nos presentan en forma de arquetipos que nos enseñan cómo adaptarnos al mundo y a sus calamidades, Natasha Rangel nos muestra la otra cara de la moneda: seres oscuros que no resisten al sufrimiento, deseos de venganza que cobran vida en forma de animales, el apego que lastima porque lo disfrazamos como herida del amor, la niñez que finaliza de manera abrupta en manos de los adultos –a quienes también amamos-

De nuevo tras los muros. Se oyen los maullidos del gato, el huésped indeseado está acorralado. Cenicienta alza la escoba y descarga una estocada certera. La sangre del felino forma una mancha oscura sobre la madera. Aquél fue el primer festín de la rata.


Conforme la trama avanza, el sujeto adquiere su verdadera identidad, se desampara de su disfraz de calma y nos revela la esencia de su personalidad: el dolor se devuelve porque no nos hemos acostumbrado a padecerlo, el placer de la venganza produce ceguera, nos impide entender que construimos todo lo que nos destruye.

Fue en ese instante cuando Wendy la vio. El sol los había sorprendido de espaldas, proyectándola en la acera, repelente, daimónica. Sus ojos se abrieron de par en par y contuvieron las ganas de llorar.

¿Por qué transformar el final feliz del cuento? Natasha Rangel se burla del arquetipo del héroe que tradicionalmente se asigna a los protagonistas -especialmente mujeres- de nuestras historias infantiles, sin embargo ninguno de ellos es víctima de su pasado. Todos ellos se arrastran como sombras detrás de las paredes de la conciencia y hace falta un leve estímulo para que se libere la bestia que escondemos en el calabozo de nuestra aparente normalidad. Y es que aquí cabe una aclaración: todas estas historias son para adultos.

Sin embargo, no se puede negar la denuncia que se esconde detrás de cada uno de sus escritos, esta autora traza situaciones cotidianas desde la perspectiva de la calle, del abuso, de la supervivencia. Nos arroja directamente a la cara, sin tapujos ni convencionalismos, aquello que nos negamos a ver porque no importa lo que no nos duele.

Tú vas con los correos, tú te quedas con los guachis y tú con los gariteros. Epa, no te vayas lejos, federika, tengo un trabajito para ti. Mira a esa vieja que va por allá, bajo los paraguas de colores, mírale las bolsas. Fíjate qué cosas tiene ahí, pon cara de niña triste, de niña a la que le pegó el papá y la corrió la mamá, pon cara de niña famélica, de errorcito de condón. Eso, muy bien. Ahora corre y trae algo, si regresas limpia, te sale coñazo.


Al llegar a este punto, cabe indicar otra característica muy notoria en los escritos de Rangel: (casi) todos sus protagonistas son mujeres. Mujeres que caminan a través del asedio, de la desigualdad social, del machismo tan arraigado a las relaciones sociales, de los vínculos emocionales que nos debilitan y también nos fortalecen.  No obstante, ninguno de estos personajes se muestra débil o víctima, cada una de ellas utilizan los medios que encuentran para vivir o sobrevivirse, las pulsiones eróticas que se desarrollan desde la vanidad y vulnerabilidad de saberse ob(su)jeto de deseo, de ahí que casi todas ellas sean victimarios de sus decisiones.

Hubo tres indicios de que eso pasaría: era mujer, estaba sola y usaba una falda.
En un mundo paralelo, cuasi ficcional, donde estos factores resultaban absurdos, ocurrieron a su vez tres advertencias: el estallido de un globo, el aleteo conjunto de una bandada de tordos negros y el sudor frío activado por el instinto.


¿Qué significa ser mujer y escribir para Natasha Rangel? La respuesta es sencilla y a la vez supone un profundo análisis: La mujer escritora está ligada a la intelectualidad y ése sigue siendo un mundo cerrado para los hombres. Escribir es una forma de rebeldía. De no olvidar.

Tal vez sea el acto de escribir otra forma de empoderarse de cada una de nuestras elecciones cotidianas, y leyendo a esta autora, esta responsabilidad se hace tan notoria que solo podemos reflexionar al final de la lectura, en los medios que tanto hombres como mujeres, utilizamos para batallar contra el mundo y todas sus demoliciones.

 

Puede encontrar los escritos de esta autora en el siguiente link: https://piedradehabla.wordpress.com/

Escrito por Sara Montaño Escobar

Sara Montaño Escobar (Loja-Ecuador, 1989). Licenciada en psicología general. Sus poemas se encuentran en revistas de Ecuador, México, Venezuela, Argentina, Colombia y España. Parte de la Antología de poesía y relatos publicada por el Municipio de Loja (2017). Relato publicado en libro cartonero “Pasaporte”, un proyecto que corresponde a tres editoriales cartoneras: Dadaif Cartonera (Ecuador), Cossete Cartonera (Francia-Brasil) y Pirata Cartonera (Ecuador-Salvador). Publicó la plaquette Génesis de ausencia (Vis-k-cha, Editorial independiente, Loja- Ecuador, 2017).