Conjuro

Alguna vez éstas fuimos.
Dos abismos a manera de espejos.
Una niña amamantando a otra,
la simple voz del grillo
hablándole a la noche,
muda como siempre.
Dos flores que viajan en la palma húmeda.
Que tu primera palabra sea valiente,
que tu primer beso sea a un árbol.

Manos de amor

Mantener el corazón
joven y humilde
es saber envejecer.
La luz del sol sabe escaparse
para entrar por nuestras manos:
manos de luz, manos de amor.
Abuela, madre, niña,
confianza, ojos y cielo.
La vida es puro canto.
 

En la piedra un corazón

A veces dios se equivoca,
digo, a todos nos pasa.
Pone la flor en la frente,
o el nopal en las manos.
El río desnudo, la mujer pariendo lunas.
Cambia las tierras de lugar
y nos acuesta en el regazo de un cerro.
Los pies en la espalda, o en la piedra un corazón.
Adiós. A dios. ¿A dios quién lo perdona?

Escrito por María Choza

Sinaloa, 1994. Poeta amante de la literatura infantil, la vainilla y el mar.