Un niño debería tener experiencias propias de su edad, un niño debería ser amado y protegido, un niño debería ser aceptado e incluido, un niño debería poder vivir plenamente sin miedo a que la boca de un monstruo lo atrapé para siempre, robándole sus sueños por una pesadilla que nunca acaba en la vida adulta. Ese niño crecerá, se odiará, se convertirá en un hombre o una mujer o lo que quiera ser,  en su peor enemigo, pero tendrá la eterna incertidumbre del amor en su vida, tratará de no hablar sobre ese suceso porque los demás creerán que fue su culpa, porque el niño ya no está para defenderle, ya no está para que vean que solo quería crecer sin miedos.

La ansiedad le llega hasta ahorcarlo, las manos le sudan cuando sale a la calle, incapaz de reconocer su cuerpo ni siquiera lo mira porque siente que ya no le pertenece, porque nadie le pregunta al niño que ahora es un adulto si está bien. En sus cinco mil esfuerzos por aparentar que está saludable, entero, completo, solo guarda todas sus carencias. Sentirá la traición o el posible engaño en cada tropiezo y los sentirá el doble cuando verdaderamente sucedan.

A veces el niño aborrecerá la sexualidad y se esconderá en su cuarto sintiéndose un poco más pequeño o experimentará con ella a modo de que algún día lo critiquen y lo llamen puto o puta, le digan que es un error de la naturaleza, una ninfómana sin solución o un adicto al sexo. Para sobrevivir a veces se hará un adicto a alguna sustancia, un fumador compulsivo, una adicta al trabajo o al arte en el mejor de los casos.

El niño que se hará adulto no podrá decir que tiene miedo a estar desnudo, que se siente solo y aunque los demás hagan un esfuerzo por comprenderlo, el adulto nunca lo sentirá así. Sabe de vacíos y de soledad. Tratará de poner un alivio a su vida, una solución a ese dolor que carga día con día aunque a todos les dé una sonrisa o azoté la puerta con violencia en un día normal.

Quizás el adulto lo logré, el niño podrá atar la cuerda a su armario lo más fuerte posible, pero también le tendrá miedo a la muerte o tomará pastillas que solo le provocarán dolor estomacal. En cambio, el adulto sabe que puede cortarse las venas, solo necesita valentía, una razón más para usar la navaja de algún rastrillo, de las tijeras o cualquier cosa que corte su conexión con la del mundo.

Los pedófilos seguirán diciendo que a los niños les gusta, que érase un niño feliz con ellos, que érase un niño amado, que érase un niño normal en sus brazos, hasta que el cuento llegue con un final en la cárcel o con una carta de despedida.

El adulto no podrá vivir en su propio cuerpo, le dará claustrofobia estar solo, lo contará y sentirá una mirada de lástima porque es lo único que puede asimilar.

El niño que vive adentro no tuvo su oportunidad siempre en desventaja delante del adulto fuerte, monstruo, pero cuando también sea un adulto, quizás algún día, mantenga la esperanza de que todo estará bien. Que será feliz, que alguien lo protegerá y podrá mirar atrás sin vergüenza o miedo. Que no será otro abusador o asesino de almas, quizás ya no escuché a la gente decir que será un monstruo solo porque le pasó eso, quizás pueda darle una bofetada al mundo y  gritarle que está vivo en medio de tantos zombies.

Estos días que han hecho de México una incertidumbre, solo podemos proteger lo que no hemos perdido y sacar toda la bondad, el coraje y la fuerza para cuidarnos.

 

Información que dignifica:

http://www.un.org/es/sections/issues-depth/children/index.html

https://www.unicef.org/es

http://www.codajic.org/sites/www.codajic.org/files/Guia_basica_prevencion_del_abuso_sexual.pdf

 

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Escrito por Marcia Ramos

Escritora, viajera e intrépida futurista, le gusta la ciencia ficción y lo apocalíptico. Visionaria. En esta realidad soy docente en universidad y preparatoria también asesora de Literatura infantil y juvenil. Tengo publicado tres libros: Las calles hablan, Brevedades infinitas y Diles que no nos vean. Así mismo, en la realidad 3.0 soy Maestra en Educación y Especialista en Políticas Públicas para la igualdad.