A primera vista, es difícil creer que Miguel Huezo Mixco (El Salvador, 1954) combatió para el bando de la guerrilla a lo largo de la Guerra Civil Salvadoreña. Pero este hombre delgado, de lentes gruesos y aire tranquilo, además de ser uno de los escritores contemporáneos que indagan con más curiosidad las últimas décadas vividas por los salvadoreños, fue también encargado de propaganda para las Fuerzas Populares de Liberación “Farabundo Martí”, teniendo como superior inmediato al comandante “Leonel”, quien es ahora el presidente de la república, Salvador Sánchez Cerén.

Retirado de la militancia desde el fin del conflicto, Huezo Mixco se dedica a la investigación y la escritura. Además de 12 libros de poesía y ensayo, ha publicado dos novelas, Camino de hormigas (Alfaguara, 2014) y La casa de Moravia (Alfaguara, 2017). Éstas siguen a sus protagonistas a lo largo del istmo Centroamericano o en sus exilios en Norteamérica en un intento de rearmar la experiencia de la guerra, de mirar atrás y encontrar un sentido a las experiencias vividas. De esto y de su reciente participación en la Feria Internacional del Libro de Costa Rica nos habla el autor en esta entrevista.

¿Qué piensas cuando te catalogan como escritor salvadoreño o centroamericano? ¿Crees que en nuestro tiempo todavía son válidas este tipo de categorizaciones?

No sé si válidas, pero sí necesarias. Mucho del pensamiento nuestro todavía se suscribe a las esferas de lo nacional o de lo regional. O del idioma. La sociedad en la que vivimos en este tiempo es muy transnacionalizada, y esto sirve para ubicar de dónde viene un autor. A veces uno tiene predilecciones por cierto tipo de autores o temáticas. Y esto sirve como “tags”, viñetas que se le ponen a las personas para que sean más fáciles de encontrar, para tener referencias.

Entonces sí, me siento cómodo con todas esas viñetas. Creo que son necesarias para acercarse a la obra de las personas, y nos van ubicando al entorno donde se van produciendo esa obra.

¿Y esto a pesar de que los temas poco a poco se van entremezclando? Por el hecho de ser un escritor salvadoreño, o uno peruano o vietnamita, por ejemplo, no quiere decir que escribirán solamente sobre sus países, ¿no crees?

Por supuesto que no. Algunas novelas de mi amigo Rodrigo Rey Rosa tienen lugar en Marruecos, las novelas de Rafael Menjívar Ochoa, compatriota que falleció hace 6 años, se escenifican fundamentalmente en México. Hombres contra la muerte, de Miguel Ángel Espino, para dar un ejemplo de nuestros clásicos, se escenifica en Belice y Nicaragua. O pensemos en En busca de Klingsor, de Jorge Volpi, que tiene lugar en Alemania en la II Guerra Mundial. Entonces, lo que te dé tu imaginación.

Yo creo que la obra que se produce es el resultado de una tensión entre dos cosas: tu experiencia y tu imaginación. Otros hacen que funcionen sus personajes en circunstancias que son completamente diferentes, como en la ciencia ficción. El escritor, como cualquier otro tiene la libertad de poner a funcionar un drama o una comedia en cualquier circunstancia o espacio.

Ya han pasado 25 años del final de la Guerra Civil en El Salvador. De ella se han escrito bastantes crónicas, biografías y testimonios, y ahorita se comienzan a ver más novelas. Si no me equivoco, la Guerra Civil Española comenzó a novelarse para amplios públicos con Soldados de Salamina, de Javier Cercas, en el 2001. ¿Crees que estemos viviendo algo similar en El Salvador?

No estoy tan seguro que las obras de Cercas sean las primeras que hacen una mirada hacia atrás al período de la Guerra Civil o el Franquismo. Me parece que hay otras novelas anteriores, pero Cercas ha sido la persona que ha tenido más tino, con una forma narrativa más novedosa donde la ficción y la realidad se confunden muchísimo, porque está contando historias que ocurrieron, como en el caso del fusilamiento de Massa en Soldados de Salamina. Son casos de la vida real que él los investiga, los cuenta y los novela, y ese es un estilo muy particular que él ha desarrollado.

En mi caso, la Guerra Civil es un fenómeno muy presente en mi vida y está presente en todas nuestras vidas. Hay una batalla por la memoria sobre cómo relatar la guerra, quién es el culpable de esto, quién es el responsable de lo otro. Entonces sigue siendo una cosa muy presente.

Además, creo que cada sociedad y cada persona tiene un proceso de combustión o fermentación interna en el cual las cosas comienzan a ser contadas cuando ya has podido tomar un poco de distancia, y creo que es lo que está pasando en los escritores de la región, en Guatemala y El Salvador, particularmente.

Quizás ahora comenzamos a ver obras que se desapegan del canon del testimonio y comienzan a tomar algunos hitos de la vida real y los ponen como condimento para que la novela que tenga algo fundamental en toda narración, en sí que sea efectiva, legible, que pueda ser seguida. Meter esos hechos ayudan a que las cosas tengan algún nivel de credibilidad, aunque tú las hayas transformado y se conviertan al final en una ficción.

En mi caso, antes de publicar estas dos novelas con Alfaguara, publiqué alrededor de 12 libros de ensayos y poesía. La poesía de la primera mitad de los años 90 tiene como escenario la guerra, pero son reflexiones más intimistas de una persona que ha vivido situaciones extremas. Este es el caso de los libros El pozo del tirador, Memoria del cazador furtivo o El ángel y las fieras.

Yo llegué a la novela a partir de la tradición oral. En las reuniones de amigos llega un momento en el que uno comienza a contar cosas de su vida, y yo siempre contaba historias de guerra. Entonces algunos de mis amigos comenzaron a sugerirme que escribiera esas historias. Y cuando comencé el intento de la primera novela sentí que encontré un ángulo y un personaje desde donde contarlo con el que me sentí muy cómodo. Entonces emprendí el trabajo de construirla con un formato que vamos a llamarlo convencionalmente una novela, pero que no necesariamente es una novela en el sentido clásico.

Camino de hormigas es un conjunto de relatos trenzados que configuran un todo, pero prácticamente los capítulos pueden ser leídos independientemente y vivir por sí mismos. Soy nuevo en el oficio, y no sé si escribiré más novelas o volveré a la poesía. Es algo que no siempre lo podés manejar con tu voluntad. Hay un poema de Dario que dice: “Yo percibo una forma que no encuentra su estilo”. Es un verso maravilloso que para mí eso es como un axioma.

Cuando leí Camino de hormigas también tuve la sensación de que eran relatos trenzados. Aun así, habían leitmotivs bien claros, como la dificultad de tener una relación amorosa bajo las circunstancias de la guerra. Incluso hay traiciones amorosas, si bien recuerdo.

Si, al personaje se le culpa de ser el asesino de una de sus amantes. La idea es sembrar la duda, que la gente pueda pensar de que este tipo realmente pudo haberlo hecho. El narrador es una persona que está huyendo todo el tiempo de sí mismo. Camino de hormigas es un recorrido al revés desde San Francisco, donde comienza la novela, a los frentes de guerra. Y sí, los capítulos, o yo les llamo cartas porque quería hacer una simulación de juego de Tarot, son bastante independientes entre sí mismos. Quien hila la secuencia de la novela es la voz del personaje. Y luego, las imposibilidades de parar de correr todo el tiempo, de establecer afectos más o menos permanentes, y las dificultades del personaje por sus mismas conductas, porque él es un hombre traicionado y un hombre que traiciona. Y su historia es como la historia de muchas personas.

Yo he tenido la experiencia de sentarme con un grupo de excombatientes de la guerrilla y del ejército que se habían vuelto amigos. Ellos hablan de la guerra como de sus recuerdos del bachillerato. ¿Crees que existe realmente algún tipo de saneamiento social en ese sentido, a pesar de la polarización que vivimos en El Salvador en estos momentos?

Yo creo que, en la vida más cotidiana, en el mundo más doméstico, las personas nos vemos necesitadas de aprender a convivir los unos con los otros. Han ocurrido fenómenos como el que mencionas, de hecho, en este país los desmovilizados de ambos bandos suelen marchar juntos para hacer valer sus reivindicaciones. Esto no significa necesariamente que ellos hayan sanado sus heridas, pero al final nos encontramos con personas que estuvieron peleando por diferentes causas y al final de todo te das cuenta de que somos seres humanos, que cada uno tuvo sus móviles y que en ese momento los consideró auténticos, o se vio forzado por las circunstancias a adoptar esa posición.

Pero no creo que seamos todavía una sociedad que haya sido capaz de sanar sus heridas. Este periodo de paz es una continuación de la guerra solo que por medios pacíficos, porque en el caso de nuestros dos bandos, la política es el arte de encontrar soluciones sin tener que matarte. Pero luego estos grandes entes políticos se cristalizan en si mismos, y comienzan a jugar con las reglas del poder, lo que hace bastante difícil que miren el país con una perspectiva mucho más compasiva, porque es la perspectiva del poder la que está imponiéndose en ese momento.

El poder es una de las cosas más complicadas que puede haber en la vida de una persona. Tenés un poder y de repente no querés perderlo, querés conservarlo, querés agrandarlo, y tu estilo de vida se vuelve completamente diferente al del resto de las personas. Lo que vivimos ahora, por ejemplo, es el descrédito de la clase política. Sin embargo, esa es la gran apuesta por la que se peleó y por la que se hizo la paz, que recurriéramos a los métodos de la política para resolver nuestros problemas. Y no los hemos logrado resolver todavía.

Acabas de regresar de la Feria Internacional del Libro de Costa Rica, que para nosotros a nivel regional es un evento importante, aunque quizás no tenga tanto renombre como otros eventos de mayor espectro. Me gustaría que nos contaras cómo fue tu experiencia.

Esta es la segunda vez que estoy en la Feria del Libro de Costa Rica. Es una feria que, sin ser la FIL de Guadalajara, es un evento que ya quisiera yo que tuviéramos aquí en San Salvador. Tiene defectos, por supuesto. Si uno mira en las redes sociales, uno encuentra insatisfacción en los comentarios de mucha gente. En algunos casos había poca ventilación, en otros mucho ruido. En otros casos había expositores que hacían uso de parlantes para hacer llamar la atención sobre las cosas que estaban vendiendo.

Entonces hay cosas que tendrían que ser mejor normadas, pero salvo ese tipo de incidentes me parece que la oferta editorial es impresionante, la cantidad de librerías que se exponen ahí es impresionante. Es decir, no son dos librerías que exponen, son muchas librerías, muchas editoriales independientes que exponen sus cosas. Hay un sector dedicado únicamente a editores independientes y pequeñas, que hacen las cosas con poco dinero y bastante esfuerzo. Y no son 2 o 3 sino 13 o 14 editoriales que están ahí sentadas, posicionándose.

También la participación que tuvieron a nivel internacional fue importante. Tuvieron a alguien como Juan Villoro, que además de ser un gran escritor es un gran orador y un gran conversador. Y me parece que cualquier tema que toca lo hace con un gran conocimiento de causa, tiene una gran memoria, da unas conferencias maravillosas sobre fútbol y literatura, por ejemplo.

Otra cosa que es muy difícil de encontrar en las ferias, cuando tú tenés un conjunto de invitados internacionales, tenés que tener personal local que es capaz de enfrentarse con ese invitado internacional, hablar sobre su obra, volver entretenida la conversación. Y en Costa Rica me di cuenta de que tienen un grupo de personas muy formadas, escritores que han desarrollado una capacidad de interlocución de tú a tú con sus pares internacionales.

Luego, a nivel de organización, yo no tengo ninguna queja, mi experiencia personal fue impecable. Hubo citas de prensa, reuniones con escritores, actividades externas, y todo caminó bastante bien. Ya tienen más de una década de experiencia y han logrado un buen nivel de organización. Además, cuentan con algún apoyo del estado pero también las empresas privadas se involucran. Creo que para mí fue una experiencia muy buena, y creo que es la mejor feria de Centroamérica.

Escrito por Javier Kafie

Ciudad de México, 1982 – Escritor y cineasta