Título: Reflejos en un ojo dorado
Autora: Carson McCullers
Editorial: Seix Barral
Fecha de publicación: 1941

 

Es una pena que Reflejos en un ojo dorado haya sido infravalorado en su momento, que destrozase las expectativas que se le tenían por ser el libro que le siguió al éxito de El corazón es un cazador solitario. Ahora, si bien Reflejos en un ojo dorado no está dotado de la misma crítica política que su antecesor, tiene mucha fuerza. Estoy de acuerdo con Tenessee Williams en que la primera novela tenía cierta tendencia a “desbocarse en determinados lugares, como si el virtuosismo de la joven escritora no logrará controlarla por completo” y que sin embargo en la segunda “hay un absoluto dominio de la composición” .

Encontramos, como siempre en la obra de McCullers, suicidio, soledad, obsesión y locura. No vale la pena que siga enumerando. Yo creo que dice un montón para lo corta que es. Siento que me conecté más con esta novela que con su ópera prima, tal vez porque logró mantener mi atención por más tiempo. Se lee en una sentada. Tal y como lo explica Tenessee Williams en el epílogo, “un libro es corto y la vida de un hombre, larga de modo que un libro debe condensar lo horrible”.

Cuando vi en la sinopsis que los personajes eran un soldado, un capitán y un comandante, pensé que la novela iba a mostrar servicio militar, entrenamiento o guerra. Y, sin embargo, no es así. Son los vínculos entre ellos y con sus esposas y criados lo que expone. Y ésta vez no aparecen niños en sus páginas, solo se comenta los primeros capítulos que Alison, la esposa del comandante, perdió a su bebé y que eso la marcó, fue un proceso largo y traumático en el que la acompañó un joven criado filipino muy particular. El esposo no le da mucha bolilla, de hecho, anda con la mujer del capitán y el soldado Williams, que ni siquiera conoce su nombre de pila, la acosa varias noches. Por su parte, el capitán se obsesiona con Williams, quien lo mira cabalgar sobre un caballo que se ha vuelto loco.

Es importante la observación en esta obra, cómo los personajes se miran mutuamente y cómo culminan las miradas de intriga. No es solo voyeurismo, es algo más.

Si bien esta historia no es como Frankie y la boda, en la que la criada cumple un papel crucial como responsable de Frankie, el personaje del joven criado filipino me resultó de lo más simpático con su música y arte. Como era de esperarse de McCullers, la mención a lo musical (aunque breve) no podía faltar. Puede que sea una autora que se repita a sí misma pero nunca decepciona. Por eso es que no deja de extrañarme la recepción que tuvo este título.

En conclusión, McCullers vuelve a situarnos al sur de los Estados Unidos y nos muestra una trama que, al igual que la pintura del criado de Alison, es grotesca pero sublime.

Escrito por Denise Griffith

Estudiante avanzada de traductorado de inglés. También estudia profesorado y se dedica a dar clases de inglés a adolescentes. Trabajó en librerías como Kel (libros en inglés) y el Ateneo Grand Splendid (una de las librerías más hermosas del mundo). Asistió al taller literario dictado por el escritor Luis Mey y colaboró en diversas revistas digitales como Suda la lengua, Revista Kundra, Revista Colofón, Soy Pensante, Oculta Lit, Digo Palabra Txt, Revista Cantera y El periódico de las señoras. Contacto: denise.elizabeth.g@hotmail.com