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Habib El-Bhar é especialista em oceanos e diz que se continuarmos produzindo sacolas, até 2050 o mar vai ter mais plástico que peixe. Uma sacola cheia de peixe no mar. Um mergulhador com a cabeça dentro da sacola sem poder respirar. O menino sentado na areia e as sacolas que boiam até o horizonte. Duas crianças enchem uma sacola de areia, esvaziam, enchem de novo, as alças cedem, elas notam tudo, cochicham algo uma na orelha da outra, tomam impulso, coordenadas balançam e jogam a sacola de areia pro alto. A sacola cai e bate na água, não afunda, dança no raso cuspindo areia. 1 bilhão de sacolas plásticas são consumidas todos os dias. As crianças voltam mais velhas, com um graveto comprido espetam o olho do homem morto, querem ver até quando a gelatina resiste sem esparramar. O pescador pega três pelo rabo e joga no tanque, tira com uma colher o que pode de escama, abre o maior de fora a fora: plástico. Um peixe feito de sacola plástica, que pula lá de dentro viva demais para permanecer dobrada. 400 anos leva o peixe pra se desintegrar na natureza. Mergulha, sente que a seguram pelo tornozelo, é uma sacola de água pedindo pra ela ficar, o canto de uma sereia branca de plástico. No Quênia produzir sacola plástica pode gerar multa de 19 mil dólares ou prisão de até quatro anos. O litoral, dizem toda hora, é paradisíaco, sacos a perder de vista. Em 1885, durante a Conferência de Berlim, decide-se que o Quênia passaria a ser administrado pelo Reino Unido. 70 anos é o tempo que leva para os ingleses se desintegrarem na natureza. A população local acorda alarmada esta manhã com o aparecimento de um corpo adulto, sem vida, em Kangemi, bairro da capital queniana Nairóbi. A polícia ainda não comentou sobre a possível causa da morte, nem por que o corpo continuava ensopado mesmo no verão, asfixiado pelo que parecia uma espécie de plástico branco. Kangemi fica a 700 quilômetros da praia mais próxima. Três mulheres caminham até o mar de mãos dadas, a da direita foi abandonada por um homem em junho, depois de ele ter alucinações com peixes ocos. Ela diz que não há vida sem ele, ela diz em suaíli que vai voltar para o mar lavar a alma mais uma vez. A mãe chora curvada, vomita peixe com pedaço de sacola plástica. Quem inventou o plástico sintético foi o inglês Alexander Parkes em 1862.

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Habib El-Bhar es especialista en océanos y dice que si continuamos produciendo bolsas, hacia 2050 el mar tendrá más plástico que peces. Una bolsa llena de peces en el mar. Un buzo con la cabeza dentro de la bolsa sin poder respirar. Un gato sentado en la arena y las bolsas que flotan hasta el horizonte. Dos niños llenan una bolsa de arena, la vacían, la llenan de nuevo, las asas ceden, ellos lo notan, se cuchichean algo en la oreja, toman impulso, se equilibran coordinados y lanzan la bolsa de arena por lo alto. La bolsa cae en el agua y la agita, no se hunde, baila en la superficie escupiendo arena. Un billón de bolsas plásticas son consumidas todos los días. Los niños vuelven más tarde, con un palo largo punzan el ojo de un hombre muerto, quieren ver hasta dónde resiste la gelatina sin desparramarse. Un pescador agarra tres por la cola y los echa al cubo, saca con una cucharilla lo que puede de las escamas, abre el mayor de punta a punta: plástico. Un pez hecho de bolsa plástica, que salta de adentro demasiado viva para permanecer doblada. Cuatrocientos años le toma al pez desintegrarse en la naturaleza. Zambullida, siente que la agarran por el tobillo, es una bolsa de agua pidiendo que se quede, el canto de una sirena blanca de plástico. En Kenia, producir bolsas de plástico puede acarrear una multa de diecinuevemil dólares y prisión durante cuatro años. El litoral, que siempre dicen que es paradisíaco, está lleno de bolsas hasta donde alcanza la vista. En 1885, durante la conferencia de Berlín, se decide que Kenia pasaría a ser administrada por el Reino Unido. Setenta años es el tiempo que hace falta para que los ingleses se desintegren en la naturaleza. La población local despierta alarmada con la aparición de un cuerpo adulto, sin vida, en Kangemi, barrio de la capital keniana Nairobi. La policía todavía no comentó nada sobre la posible causa de la muerte, ni sobre por qué el cuerpo continuaba empapado en pleno verano, asfixiado por lo que parecía una especie de plástico blanco. Kangemi se encuentra a setecientos kilómetros de la playa más próxima. Tres mujeres caminan hacia el mar dándose la mano, la de la derecha fue abandonada por un hombre en junio, después de que él tuviera alucinaciones con peces huecos. Ella dice que no hay vida sin él, dice en swahili que volverá al mar para lavar su alma una vez más. La madre llora doblada, vomita un pez con un trozo de bolsa plástica. Quien inventó el plástico sintético fue el inglés Alexander Parkes en 1862.

Texto: Julia Raiz
Traducción: Darío Zalgade
Imagem: Afarin Sajedi