Autopsia

Y si todo acaba con un accidente de tráfico –
tus vértebras tristes cosidas en cada molécula del hierro
mi cráneo como un balcón encendido desbordándose
en el salpicadero –
si todo acaba así, y no de otra forma,
¿no sería hermoso ver un último golpe de luz firme
haciéndose sombra imposible en nuestra carne?
Aquel instante sería el único realmente nuestro,
todas las posibles líneas espacio-temporales detenidas
justo antes de trascender la materia desde dentro –
una brillantísima columna de agua vertical nos precede sin embargo –
nuestros cuerpos sin pasado comienzan a adoptar
la pulcra pose muda del taxidermista o las medusas,
iluminados por las luces recién nacidas de un centro comercial
del extrarradio,
nuestra sangre santa agrietándose en el mismo asfalto
que nos dió la vida
¿No sería hermoso compartir el espesor nocturno de la autopsia,
los dos tendidos sobre una única plancha metálica
aséptica y boreal como el pecho de un dios pagano?
¿No sería hermoso, compañera,
regar la carretera con nuestros gloriosos órganos
antes de la chilaba blanca y la serpiente
y los jinetes?

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