Aroa Moreno es una escritora y periodista madrileña especialista en Información Internacional y Países del Sur que ha publicado los libros de poemas Veinte años sin lápices nuevos (Alumbre, 2009) y Jet Lag (Baile del Sol, 2016).
También es autora de las biografías de Frida Kahlo, Viva la vida y de Federico García Lorca, La valiente alegría (ambas en Difusión, 2011).

En esta ocasión charla con Liberoamérica sobre su primera novela, La hija del comunista (Caballo de troya, 2017) que ya va por su tercera edición.
Una historia que recorre a través de los ojos de Katya, su protagonista, ambos lados del extinto muro de Berlín con rigor, sensibilidad y con el oficio de una gran narradora.

«Todo está ahora atrás y está dormido. Hasta que, cuando empiece a apretar el calor, vuelva a estallar el amarillo.
Es octubre. Es el mes de la revolución.
Después de las lluvias llegaba el invierno.
La nieve no hace ruido al caer».

Pregunta: Siempre he pensado que la literatura humaniza los datos de los libros de historia pero en su caso hay un poso lírico y una labor de empatía enormes a la hora de ordenar referencias que va un paso más allá. ¿Cómo surgió la necesidad de escribir La hija del comunista?
Respuesta: Puede parecer una respuesta fácil y, tal vez manida, pero la historia se puso delante de mí. Y no me quedó otra que escribirla. También es cierto que me apetecía empezar una novela y estaba buscando algo que me emocionara escribir. La primera persona que me habló de los exiliados españoles en la RDA fue el poeta Marcos Ana. Estaba trabajando con él en su libro de memorias y me contó que cuando salió de la cárcel y el aparato del partido lo sacó de España clandestinamente fue de viaje a los diferentes países del bloque soviético. Un pequeño grupo de españoles le recibió en Dresden, en la Alemania comunista. Yo nunca había oído hablar del exilio en la RDA, no me había planteado su existencia, y me puse a investigar, empujada probablemente por mi interés no solo en el exilio español, sino en los movimientos migratorios. Encontré algunas historias increíbles, que superan con creces a esta ficción. La verdad es que toda la fase de documentación ha sido para mí tan bonita como la propia escritura. Poco a poco, fui abriendo esa página de la Historia. Pude conocer en Berlín relatos de primera mano de hijas de exiliados. Gente atravesada por toda la historia del siglo XX. Y así empecé a tramar la vida de Katia. Todo el tiempo tenía presente que la Historia tenía que estar ahí, pero no quería hacer una novela histórica, quería escribir la vida de alguien a quien esta zarandea. Y, para eso, tenía que salpicarla con algunos datos: a veces, de forma lírica, otras, más literal, a veces, casi hay que leerla entre líneas.

P: En su novela se puede ver cómo las decisiones que se van tomando no afectan únicamente a quien las toma sino que van repercutiendo también en otros. ¿Son más los hilos que conectan a las personas que los que separan? Y si es que sí, ¿por qué los muros?
R: Uno de los temas que quería tratar en la novela es el poder que tienen las decisiones políticas en la vida más privada de la gente. Alguien en su despacho firma un decreto y altera inexorablemente las coordenadas vitales de millones de personas. Nacemos en un aquí y en un ahora y nos movemos dentro de ese pequeño terreno de supuesta libertad. Por supuesto, nuestras decisiones, a la vez, mueven las fichas y alteran la vida de la gente que nos rodea. La imprudencia, el impulso que sigue la protagonista de la novela es extraordinario precisamente porque se da en unas circunstancias históricas concretas. El mundo entero miraba a Berlín durante la Guerra Fría. Esa misma decisión, tomada en otro lugar, no tendría más repercusión si se deshace el camino tomado. Sin embargo, allí, no hay vuelta atrás. El muro en la novela no es más que el símbolo físico y dramático de todo lo que separaba aquellos dos mundos: el que Katia deja atrás y el nuevo. Los dos bloques que dividían nuestro mundo y dos formas opuestas de enfrentarse a la vida.

P: Y, hablando de separaciones, ¿podríamos decir que, en su novela, el verdadero muro que atraviesa Katia es el representado por Johannes y su padre?
R: Katia no es una mujer especialmente comprometida políticamente. Su padre sí. Su padre, ese hombre recto y firme en su convicción, es el modelo que Katia tiene delante durante la primera parte de su vida. Pero, igual que ella es una hija sin más, él es un padre como tantos. Un hombre que construye para sus hijas un pequeño mundo de cotidianidad y familia. El que no se haya rebelado contra lo conocido, aunque sea íntimamente, no tuvo juventud. Eso es lo que impulsa a Katia a moverse hacia ese otro hombre, Johannes, completamente alejado de su mundo. Johannes es el resorte que mueve el cambio. Sin embargo, esa decisión naif del personaje va a ubicarla en un nuevo lugar, con unas nuevas normas que van a hacer que Katia mire adentro, que busque la raíz. Es una mujer alemana, de cultura y tradición españolas, educada de forma soviética y residente en el capitalismo. Llega un momento en que no tiene dónde agarrarse.

P: A través de los secretos y los silencios, sus personajes nos hablan también del exilio y del desarraigo; de las dos Alemanias y de una España devastada por la Guerra Civil. ¿Cree que el ser humano tiene una memoria muy corta o que, por el contrario, se esfuerza por olvidar el dolor?
R: Para mí, la memoria, la íntima y la histórica, son fundamentales. Y a la vez, están estrechamente relacionadas. Uno es quien es y nace donde nace porque hubo personas que se movieron o no de su lugar, porque lucharon o no, porque se enfrentaron o no a las circunstancias. No tengo ningún familiar que haya vivido el exilio, pero todos somos hijos de emigrantes. Todos tenemos una historia de desplazamiento que contar. Que nadie deje de preguntar de dónde viene. Dice Katia que uno pertenece al lugar donde se convierte en adulto. Y yo creo que es así. Pero lo es de forma completamente anecdótica. Como país, me parece crítico y grave no reconocer un relato común de la Historia, la mayúscula. El desenlace de este libro, sin adelantar ni estropear la trama, no es más que el enfrentamiento de la protagonista con las consecuencias que tiene la extirpación de su propia raíz. La asunción de esas consecuencias, el dolor que produce mirarlas frente a frente.

P: ¿Qué otros proyectos literarios tiene previstos para más adelante?
R: Acabé esta novela cuando mi hijo Pablo acababa de nacer. Fue un verano muy intenso. Creo que es ahora cuando estoy empezando a recuperarme de los dos alumbramientos. Así que es momento de empezar a pensar en proyectos futuros. Alguna vez me he planteado seguir escribiendo bajo la larga sombra de otros muros que también me tocan, pero solo es un pensamiento. No lo sé. La vida de Katia era, para mí, muy potente, y necesito otra historia que me mueva como esta lo hizo.

Escrito por Sonia San Román

Sonia San Román. Logroño, La Rioja (España). 1976. Licenciada en Filología Hispánica. Escritora y profesora de lengua y literatura españolas. Ha publicado los libros de poesía 'De tripas, corazón'; 'Planeta de poliuretano'; 'Punto de fuga'; 'Anillos de Saturno'; 'Nosotros, los pájaros', 'La barrera del frío' y la antología recopilatoria de su obra poética desde 2004 hasta 2017 titulada 'De la palabra hacia atrás'. Forma parte del consejo editorial de Ediciones del 4 de agosto con quienes ha coordinado las obras colectivas 'Strigoi. 25 poemas vampíricos. Un homenaje a Bram Stoker'; 'Hay caminos. Antología homenaje a José Hierro'; 'Yo tenía tres modos de pensar: ciudades, ríos y rock and roll. Antología de Benjamín Prado' y 'Gloria a Gloria. Antología homenaje a Gloria Fuertes' así como el festival poético Agosto Clandestino. Algunos de sus poemas y relatos aparecen recogidos en numerosas antologías y revistas literarias tanto en España como en Latinoamérica.