la luz se me discierne esbelta

es a su mirada de roble

el pasaje que nos une

multiplicándosenos todo

en mareas   estrellas

viene cada partícula a nosotros

para arrullarnos la boca

como se nos conmueven

hasta los temblores

y el Universo nos mira

en nuestro girar de cuerpos celestes

nos envuelven espirales

nos acunan todas las madres

ya florecemos entusiasmados

aquí y allá donde no hay sitios

más que resplandores

 

*

 

¿Cómo comprender que en esos corredores de polvo y gas

se estaban gestando los mares           los días,

los rumores de la escarcha

o el destino de la luz?

 

Precipicios donde caer la mirada, la intuición

de un devenir que nacía.

 

*

 

Existe esta memoria estelar

donde arden los rostros del Universo

donde caer es girar en torno a incontables soles

e incontables mundos surgen de mí

estallan de mí

se expanden en un remolino solar

soy eso que se aleja

este caer del centro de la estrella

en un temblor de nacer que vibra

en cada partícula del Universo

en cada célula que respira en mí

todo es polvo gas

y confusión en mí

donde bordear las fronteras del caer

es llegar a las entrañas de la luz

que abastece al día

arañar los confines del Universo

dormir en un latido del mundo.

 

Yo tengo los restos de esa noche

y todos esos soles aullando en mí.

Escrito por Carolina Massola

Buenos Aires, 1975. Poeta y traductora de francés, publicó "Estado de gracia", Ediciones del Copista, 2009; "La mansedumbre del pez", Zindo & Gafuri, 2013 y "Planetaria", Modesto Rimba, 2016.