Título: Mamá, quiero ser feminista
Autora: Carmen G. de la Cueva
Editorial: Lumen
Fecha de publicación: 2016

«Era tan buena y tan educada que vomitaba en silencio sobre la cama y luego me quedaba allí con el vómito encima de mí hasta que alguien entraba en la habitación. De niña debí de aprender que lo que le tocaba a las mujeres era guardarse la rabia y el malestar».
Esa anécdota de Carmen G. de la Cueva (editora de la revista feminista La tribu) refleja a la perfección lo que es vivir en una sociedad machista. Cuando leí esto del vómito en el libro Mamá, quiero ser feminista, no podía creerlo porque parecía ficción y, sin embargo, provenía de un libro autobiográfico y era real. Me pareció una imagen potente y sintética.
Más adelante, en el relato, Carmen afirmará que ninguna mujer debería avergonzarse de sí misma y para ilustrar esto utilizará pasajes sobre cómo se veía a la menstruación durante su infancia: «La sangre menstrual y todo lo que conllevaba la primera regla era algo morboso y repugnante que no se enunciaba en voz alta». Acá se ve otra vez lo de callar, la gente todavía esperaba que las mujeres fueran sumisas y reprimidas por el patriarcado. Esto sigue vigente hoy en día, como dice Chimamanda Ngozi Adichie en Todos deberíamos ser feministas (2015): «Les enseñemos a las niñas a sentir vergüenza. ‘Cierra las piernas, cúbrete’. Les hacemos sentir como si por haber nacido mujeres ya fueran culpables de algo.» Pero tal como lo demuestra Carmen tocando estos temas, el rechazo respecto de estas cuestiones están empezando a quedar a un lado: la publicación de este libro ya es un logro.
Me encantó el recorrido que la autora traza con autoras feministas de todos los tiempos que figuran en medio de la ficción con preciosas ilustraciones de Malota (Mar Hernández) y también al final del libro en la guía de lectura. Tengo una figura de Virginia Woolf en el escritorio y leí a Simone de Beauvoir con ganas y también quería ser como Jo de Mujercitas de chica. De más está decir que me sentí identificada y estoy segura de que este anecdotario, por el carisma con el que está redactado, le llegó al corazón a muchas otras.
Por otro lado, el título Mamá, quiero ser feminista es totalmente enternecedor. Apela a lo afectivo con lo de “mamá” y está estructurado como si ser feminista fuera una profesión. Y es que ser feminista es una profesión a tiempo completo. Se ve en algo tan básico como defender el cuerpo de la mujer, que bajo ningún concepto, tiene por qué seguir estereotipos ideales impuestos. Ella, por ejemplo, habla de lo jodido que es ser gorda cuando todos te lo remarcan y habla de cómo Caitlin Moran en Cómo ser mujer sugiere pararse en una silla y repetir la palabra “gorda” varias veces para neutralizarla. Esa es una buena manera de rechazar la mujer que nos venden. En una entrevista, Carmen dirá «Creo que la clave es confiar en una misma». Yo creo que como expuso Adichie una vez, espero que pronto ser feministas esté tan naturalizado que no necesitemos serlo.
Si bien encontramos algunas temáticas que no son novedad, el enfoque es original y personalísimo: hay humor vinculado con el proceso de autodescubrimiento y también hay pasajes fuertes como ese en que cuenta una violación de una amiga, la cual es de esas violaciones que a veces el resto subestima y no por eso es menos terrible. También aparece un momento muy fuerte y traumático en el que unos compañeros de vivienda están borrachos y tratan de meterse en la habitación de Carmen. Mamá, quiero ser feminista no debe ser tomado a la ligera, puede resultar intenso y convincente.
Los lazos familiares son importantes para la protagonista y en el relato forman un círculo: su narración comienza y termina con recuerdos familiares. Si bien en una instancia Carmen se va en busca de un cuarto propio al extranjero, ella decide volver y compartir valiosos momentos con la madre y con la hermana menor. Una de las frases concluyentes del libro es: «Los modelos femeninos en los que ansiaba mirarme, tanto aquellos a los que deseaba parecerme, como aquellos otros de los que quería fiarme a toda costa no solo estaban en los libros, sino también entre las paredes de mi casa». Así vemos cómo concluye con una invitación a plantearnos qué tan lejos están las mujeres que merecen ser valoradas.

Escrito por Denise Griffith

Escritora argentina. Publicó con la editorial Escritor de la legua un poemario llamado Antojos de desorden y participó de la antología El gran libro de los perros de la editorial española Blackie Books. Trabajó en el Ateneo Grand Splendid (una de las librerías más hermosas del mundo). Asistió al taller literario dictado por el escritor Luis Mey y colaboró en diversas revistas digitales. Se desempeña como crítica de teatro para la página GEOteatral. Contacto: griffith.denise.03@gmail.com