No busco hacer una definición sobre la violencia, ni muchos menos un jucio o un debate que raye en lo moralista, pero sí fomentar una consciencia sobre lo que nos han vendido como “violencia doméstica” y no como una violencia carente de género, pero sí motivada por diversos factores que van desde los conductuales hasta los culturales. Es por medio de las diferencias y las adquisiciones que les damos significado simbólico a las palabras. La definición de violencia doméstica tiene un sentido real a través de la segunda palabra, la cual en el el diccionario de la Real Academia Española significa adj. perteneciente a la casa u hogar. Así mismo, la frase violencia doméstica se utilizó para denunciar maltratos físicos y psicológicos que ocurrieran en el contexto de la familia construida por madre, padre e hijo. Sin embargo, los tiempos han cambiado y ya no existen las familias “convencionales”, definición que solo discriminaba y delimitaba sin realmente proponer una diversidad. Ahora mismo las familias son conformadas por diferentes miembros quienes no necesariamente comparten material genético. Por ende, la familia vendría siendo los integrantes que se reúnen en el hogar, se cuidan, se respetan, mantienen cierto historial en conjunto y se quieren. Como lo mencionaba anteriormente, la violencia doméstica generalmente era interpretada como un acto únicamente realizado por el hombre a tal grado que se ha convertido en en algo genérico, es decir, culturalmente los hombres fueron educados para no denunciar sino aguantarse como “machos” como alguna vez dijera Octavio Paz. Aunque ellos también pudieran padecerla. Respecto a México, es un país donde todavía el Machismo y la Misoginia sobreviven a tiempos tan modernos, pero desdibujados con respecto a su humanidad.

Probablemente, si un hombre hablara sobre los golpes que le propicia su esposa o los insultos remitentes de parte de alguna novia, las autoridades correspondientes y otras personas solo se reirían un buen rato. Supuestamente el hombre siempre ha sido el controlador y el que puede serenarse, por esta razón lo único que se le indica es: calma a tu mujer como si ésta fuera un animal y muestra tu autoridad. Irónicamente, el hombre suele ser callado y en algún punto se transforma y actúa también mediante la violencia. Lo anterior vendría a desmitificar la violencia “doméstica” y se podría poner fin a ese enlace inmediato entre la mujer y el hogar.  Socialmente, es difícil aceptar que la mujer también puede ser un agente violento y cruel por su supuesta conexión con la maternidad (tema que abordaré otro momento), pero la realidad es que la mujer antes de tener un sexo fue un ser humano y mantiene las mismas debilidades y habilidades que los hombres. Se les han dado tantas apropiaciones a las personas mediante su género que en algún punto se perdió la apertura y se abrió la clasificación con meras etiquetas que solo fomentan la exclusión. Si la mujer es capaz de actuar de la misma forma que un hombre: sale de fiesta, a veces se viene rápido y sueña con los mismos miedos, también puede ser violenta y eso no la hace una heroína ni merecedora de halagos, pero si de denuncias. Por lo tanto, la violencia que se ejerce hacia los hombres también podrá ser de otro tipo enfocada en muchas ocasiones a su miembro y paternidad. ¿Cuántas mujeres no niegan las visitas a los padres como una forma de venganza? Los estereotipos son los que siguen perjudicando tanto a hombres como mujeres, los ha silenciado para mantener una hipocresía que nos dice que algo no está funcionando en la forma que llevamos nuestras relaciones y la importancia que se le dan a los derechos humanos.

Un ejemplo claro está en Facebook, hace tiempo publiqué un texto a modo de tentación donde una mujer respondía con la misma sagacidad y acoso que lo haría un hombre ante una propuesta indecorosa e incluso por momentos ejerciendo el machismo. Ambos personajes tanto el masculino como el femenino eran agresivos, sin embargo, las reacciones fueron diversas. Algunos hombres presumieron de sus aptitudes en comparación del personaje masculino y otros se ofendieron por la actitud con la que responde la mujer. Sin embargo, no identifican que ambos interlocutores mantienen el mismo código dentro de la conversación, porque no pueden comprender que la mujer pueda responder de forma cruel. Tampoco identifican el acoso propiciado por el otro que se haría más presente, si la mujer no hubiera puesto un alto quizás menos burlesco. El punto es analizar cómo se concibe la violencia por género (como al parecer tanto gusta).

Las cifras no mienten en cuestión de que la violencia suele ser ejercida por los hombres y son quienes participan en más asesinatos, pero ¿realmente son cifras reales con respecto a la violencia? Supongamos que lo son, entonces hay una lógica aquí inherente y de la que pocos han hablado: Algunos psicólogos e investigadores han mencionado que la violencia puede ser causa por adicciones, enfermedades y sobre todo porque es repetida. Ahora, si estas son razones por las que el hombre ejerce violencia, en algún momento de su vida tuvo que vivirla en su contexto social y geográfico. Esto solo se trata de premisas que surgen fácilmente ante una primera aseveración. Quería decir que el hombre pasó de ser víctima a victimario en algún punto y ya no reconoce la diferencia en su actos. Estas pudieron ser denuncias que quedaron en el anonimato. Hay mucha tarea respecto a desmitificación de ciertas adquisiciones que se les ha dado tanto a hombres como mujeres, falta trabajar proyectos que acerquen y den a conocer la equidad y la igualdad.

Información que dignifica:

http://www.fundamind.org.ar/como-padecen-los-hombres-la-violencia-de-genero/#.WfLiDkzmFE4

https://www.elconfidencial.com/sociedad/2010-04-24/nadie-habla-de-los-hombres-maltratados_395936/

Una canción para salvarse:

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Escrito por Marcia Ramos

Escritora, viajera e intrépida futurista, le gusta la ciencia ficción y lo apocalíptico. Visionaria. En esta realidad soy docente en universidad y preparatoria también asesora de Literatura infantil y juvenil. Tengo publicado tres libros: Las calles hablan, Brevedades infinitas y Diles que no nos vean. Así mismo, en la realidad 3.0 soy Maestra en Educación y Especialista en Políticas Públicas para la igualdad.