En el día a día suelo leer poesía de mis contemporáneos, de poetas que conozco o me gustaría conocer, de vez en cuando se imponen autores clásicos a los que volver, otros a los que te encuentras como en un golpe de suerte. Realmente me siento afortunada de haber leído hace poco, a Camillo Sbarbaro, un poeta italiano, que afina su voz hasta que la sientes, muy flojita y suave. Tan apropiado el título de Pianissimo y también el que pensó en un principio Sotto Voce.

Este gran poeta italiano del siglo XX, fue uno de los máximos representantes del grupo asociado a la revista LA VOCE, de hecho ejerció gran influencia en poetas de la época como Eugenio Montale, premio Nobel. Me gusta hablar de él porque además de creer que proporciona una buena experiencia, es poco conocido, al menos en España todavía apenas había algo traducido. El libro que he leído es de la editorial Igitur y me encanta porque es una edición bilingüe a parte de contar con una traducción muy cuidada. Recoge dos de sus obras Pianissimo y Líquenes, que fueron clave en su lírica. Con Pianissimo queda patente la honradez y ternura, un poso de humildad al mirar a su al rededor. Se percibe su admiración por Leopardi, resuena su influencia en sus poemas, al leerlo me vi pensando en este poeta de pronto, que fue una de las lecturas que más me enamoró hace ya muchos años. Luego supe con agrado que efectivamente Camillo Sbarbaro admiraba su obra y otros críticos ya lo han puesto de relieve. Últimamente me siento más joven, disfruto con lecturas como ésta que exploran cierta angustia que para mí tiene su origen en la adolescencia —angustia a veces literal y metafórica en el cuestionamiento existencial que todos, como mínimo de vez en cuando, nos hacemos— y también son lecturas que se elevan profundas y pacíficas.

Es destacable cómo escribe sobre su propia autobiografía, su familia, de una manera conmovedora, sencilla y al tiempo muy personal, dejando margen al lector para que se adentre y se refleje. Se aproxima a la prosa en sus poemas, aborda la realidad sin demasiadas figuras retóricas, en una mirada y una actitud que marca la esencia del ser poeta. Sin duda, la importancia de la presencia de la naturaleza, la tierra, la hierba… queda patente entre sus poemas el vínculo que le une a la misma como si se tratara de su verdadero hogar. “Y si vacía nos parece la existencia / y la añoranza de otras vidas / se adhiere a la garganta / recurriremos a nuestro único consuelo. / Días enteros estaremos / con las palmas extendidas sobre la hierba / casi alegres de existir solo para eso”. De nuevo, la naturaleza emerge en su lírica, un tema clásico en la poesía y también muy actual, hoy en día suele ser abordado desde la ecología y la crítica social, en una llamada a la “slow life”.

Mi corazón se ensancha por ti, Tierra,
como el terruño en primavera.
Regreso.
Mis ojos son nuevos. Todo lo que
veo es como si lo viera por primera vez;
y hasta las cosas más bajas y ordinarias,
todo, me enternece y da alegría.
En ti me lavo como dentro de un agua
donde todo se olvida de sí mismo.
Atrás dejo a mi miseria,
cual culebra que se desprende de su piel.
Ya no soy yo, soy otro.
Me he librado de mí mismo.
Tierra llena eres de gracia.
Mientras junto a ti me sienta
tan niño, mientras mi pena
en ti se funda como nube
al sol,
no maldeciré haber nacido.
Me siento en el suelo,
con las palmas extendidas sobre la hierba,
y contemplo a mi alrededor.
Y mientras así miro, mi rostro se humedece
de cálidas y dulces lágrimas.

Invierno de 1912

En Líquenes, con una prosa cargada de lirismo descubrimos su amor por la recolección y su dedicación para elaborar un inventario magnífico, según nos cuenta Ángel Crespo, un total de 127 especies nuevas para la ciencia. En estos organismos encontraba la esencia del lugar al que pertenecían. Enigmáticos, en cuanto son difíciles de definir y clasificar, se confunden entre hongo y alga, hay quien se refiere a ellos como un fenómeno más que una entidad. La percepción y observación de estos microorganismos le proporcionaba otra manera de acercarse y conocer los lugares de donde procedían.

“El herbario es un muestrario del mundo. Recurso de las horas del tedio, abro un envoltorio al azar. En cada envoltorio está el mundo. Cuando un lugar me gusta demasiado para que acariciarlo me satisfaga, a engañar al imposible deseo de una mayor comunión con él me ayuda una fantasía casi científica: un aerostato en lugar de alas, que compense el peso del cuerpo, hacerme leve gracias a él, como se dice que estaremos en la atmósfera de la luna. Tras el deseo y el capricho sobrevolar aquel lugar; rozar con la mano el olivar (…) zambullirme en una fronda (…) desgranar aquel lugar como un racimo de uva (…) Con el herbario el sueño se realiza; y no por un lugar, ¡por el mundo!”

 

  • Textos extraídos del libro comentado: “Pianissimo y líquenes” Camillo Sbarbaro, editorial Igitur, traducción: Ángel Crespo y Xavier de Donato Rodríguez.

Escrito por Violeta Nicolás

Murcia, 1984- Poeta, performer, artista. Licenciada en Bellas Artes y doctorada en artes escénicas.