Quien haya visto mapas antiguos sabrá que de tanto en tanto aparecen criaturas extrañas en las aguas desconocidas. Peces de aspecto malvado, sirenas engañosamente simpáticas, e incluso pulpos gigantes con un gusto especial por el sabor de los barcos y los marineros que los tripulan. Ahí en donde estuvieran las márgenes del mundo conocido, los antiguos cartógrafos daban hogar a monstruos marinos de todo tipo.

Pero… ¿Por qué gastarían los antiguos cartógrafos su tiempo en pintar monstruos en los bordes del mundo? No podemos descartar que quizá los cartógrafos, para pasar el tiempo, decoraran sus mapas con las leyendas de los marineros. Tampoco podemos descartar que se hubieran emocionado al ver animales poco comunes, como en las célebres crónicas de indias en donde los exploradores del nuevo mundo, viendo manatíes, habían asegurado ver sirenas gordas. Pero el caso es, creo yo, que el impulso de pintar monstruos en los bordes del mundo, es un impulso que va mucho más allá de las condiciones en las que los antiguos cartógrafos pudieron haber decidido pintar.  Es, a mi modo de ver, un instinto de la imaginación humana.

A la raza humana le gusta imaginar cosas, hasta donde sabemos los humanos son los únicos animales capaces de concebir imágenes que no son reales, y el impulso de pintar monstruos viene de ahí, de la imaginación, de crear en nuestras mentes cosas que no son reales, o que al menos se alejan de su referente real.

Un instinto bastante extraño podría pensar uno. ¿En que ayudaría al Homo sapiens sapiens andar imaginado cosas que no están ahí? La respuesta es, creería yo,  que se trata de una adaptación de la mente humana a la crudeza del mundo. Aceptémoslo, el mundo real es más gris y austero que el que existe en nuestra imaginación. Les aseguro, por ejemplo, que hay más satisfacción para la mente humana en intentar ganarle al Kraken que en intentar lidiar con problemas más insolubles como las malas cosechas, las pestes o la inflación.

Queremos obviamente vencer a las malas cosechas, a las pestes y a la inflación, que son quizá las únicas cosas que verdaderamente acechan en los bordes del mapa de la humanidad, pero gracias al instinto de la imaginación humana no habrá que necesariamente resolver estos problemas teniendo en la mente imágenes tan austeras como las del mundo al que nos enfrentamos. La ficción es muchas veces un mecanismo mental que hace al mundo un poco más hospitalario.

Habrá obviamente quien mire a la peste y a la hambruna tal y como son (no hay nada de malo en eso) pero el caso es que  la humanidad dispone de una imagen mental mucho mas colorida y vital con la que hacer frente al mundo. Luchar contra una enfermedad como la viruela puede verse como una de dos imágenes o fue un esfuerzo coordinado de algunos primates por matar un ser infinitamente más pequeño que ellos, o fue una lucha contra un viejo enemigo de la humanidad, una lucha contra el microscópico dragón que asoló a todas las civilisaciones por siglos. ¡Una lucha que ganamos!

Claro, la imaginación no va a poner comida en la mesa, pero pondrá ánimo en la mente de quien imagina, en nuestras mentes nos subimos con nuestros compadres a un barco vikingo e intentamos volver a casa con quinientos kilos de carne de Kraken y una buena historia que contarle a las muchachas, luego revitalizados por nuestros desvaríos lunáticos, encontraremos la forma de solucionar los problemas de pesca que tiene de la aldea.

Al final, pintamos monstruos con nuestra imaginación porque como humanos le tememos a lo desconocido que siempre yace en los bordes, ya sea del mundo, o de nuestras capacidades como especie. Imaginamos monstruos porque, incluso si sabemos que son inverosímiles, tendremos en estas bestias fantásticas una imagen a la que aferrarnos mientras poco a poco empujamos hacía adelante los bordes de nuestro entendimiento y nuestras capacidades como especie.

Me gusta pensar que incluso hoy en día aun tenemos el instinto de crear monstruos en los bordes del mundo. Y que aunque los monstruos marinos son ahora cosa de marineros borrachos y de los lunáticos del History Channel, aun vemos en la desconocida bastedad de las estrellas, los bordes de nuestros mapas y creamos instintivamente a los enjambres de alienígenas (quizá con caras de pez malvado), a las muchachas marcianas (bisnietas feministas de las sirenas) y a los Krakens de la tecnología y la robótica, como los monstruos a los que nos aferraremos mientras pasamos las nauseas del posmodernismo y dirigimos a la humanidad hacia las estrellas.

Ya como comentario final solo me queda decir que lo normal es que encontremos monstruos en los bordes del mundo. Mientras continuemos siendo humanos la imaginación aun actuará instintivamente, protegiéndonos del caos austero de nuestro mundo y dándonos la posibilidad de convertir a una especie miserable y llena de limitaciones, en una temeraria raza de cazadores de Krakens, que continuamente buscan a los monstruos en el borde del mundo, para someterlos y expandir la frontera del mundo conocido.