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Confieso abiertamente que durante estos últimos meses he decido concentrar mucho de mi estudio en analizar diversas representaciones de la mujer en el cine, para ello me he guiado por autores, géneros (cinematográficos) y años de las obras; deliberadamente esta decisión me permite llegar a un mejor planteamiento sobre cómo se entrelazan los hilos de la narración de las mujeres retratadas y las voces detrás de la dirección.

Así fue como llegué sin mayor entusiasmo -inicialmente- con la que quizás sea la mejor actuación de Salma Hayek hasta la fecha, la película dirigida por el puertorriqueño afincado en Estados Unidos, Miguel Arteta y su “Beatriz at Dinner”, cuenta con el guion de Mike White, y narra la historia de una mujer de origen mexicano que queda “atrapada” en la mansión de una ex paciente, cuyos padres consideran su amistad con Beatriz como algo “aportante” mientras termina cenando con los amigos de esta familia de clase alta de Los Ángeles.

Durante el primer acto de la película es inevitable pensar en si Miguel Arteta le hacía guiños a Luis Buñuel con “El ángel exterminador”, la historia era bastante similar en primera instancia, la cena y la confrontación; luego los planteamientos de crítica social y disertaciones sobre el yugo capitalista estadounidense sobre América Latina, en este caso, particularmente México, el país de su protagonista están narrados con una sutiliza muy precisa con la que Arteta expone su tesis en el personaje interpretado por Hayek, quien sostiene su personaje desde el inicio hasta el final, en medio no solo de unas representaciones importantes en la película, como la que realiza el actor John Lithgow, que representa todo aquello que Beatriz pone en cuestionamiento sobre la historia.

Por momentos, no lejos a su propia narrativa, el guion propone elementos propios de un tipo de realismo mágico audiovisual y cine social, pero jamás se aleja de las conjeturas iniciales de la película, incluido cierto titubeo que puede tener la película en el acto final, y cuyas partes de suspense también se agradecen bastante.

Salma Hayek dota a Beatriz de una verosimilitud en medio del choque de cosmovisiones de sus personajes protagonistas, alguien que viene de adentro hacia afuera, esa es Beatriz. Y unos para los que la vida no es más que un cúmulo de acción -reacción y cierre de ventas; todos atrapados en la ya tan criticada superficialidad de la sociedad californiana de nuestra década.

Si bien, “Beatriz at Dinner” logra transmitir un poco de más maduración en el discurso de Miguel Arteta como director, también nos invita a la reflexión. Mucha de esa reflexión se manifiesta cuando Arteta cierra los planos en la película y se enfoca solo en el rostro y en la mirada contemplativa de Beatriz (Salma Hayek) hacia un mundo exterior que puede ser tan distante para cualquiera de nosotros. Allí realmente el espectador, para bien o para mal conecta con el mundo de esta mujer.

Nos incomoda porque observamos “el cómo” nos ven los otros (no todos, pero sí es una suma considerable), y como esos otros también pueden verse así mismos en la película. Es un espejo catalizador de personajes, de momentos pequeños y significativos, aun así, la gran lección de la película es reconocer la transitoriedad de la propia existencia.

¿Recomendada? ¡Sí!

 

“Certain Women” : El diálogo del silencio

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¿Es Kelly Reichardt una de las voces más interesantes del cine independiente y del oeste norteamericano? ¡Sí!

Reichardt nos conduce por una película con emociones muy similares a las logradas- aunque con una historia diferente- a la obra más íntima de David Lynch, “The Straigth Story” (1999).

Lejos de todo el efectismo del cine comercial, Reichardt se presenta con un ensamble femenino formidable, Laura Dern, Michelle Williams (habitual en su cine), Kristen Stewart y Lily Gladstone. Cada una con porcentaje de historia en pantalla en un pequeño y frío pueblo en la Estados Unidos rural.

La película cuestiona a las mujeres de acuerdo con su educación, su posición económica, su vida emocional, fragilidades y fortalezas, todo al mismo tiempo. Y precisamente, eso hace que la película tenga un buen discurso mediante de una narración sutil que se toma su tiempo pero no aburre al espectador.

Reichardt, también trae a colación elementos valiosos de la propia historia de Estados Unidos, los nativos americanos y cómo son vistos por sus mismos coterráneos como algo de “afuera”.

También hombres que no saben vivir sin esas mujeres. Hombres que no son el epicentro de la vida de sus personajes protagonistas.

Una joya del cine independiente que alberga elementos valiosos de una narración válida y diferente de Estados Unidos hoy.

Un grupo de mujeres que sin aspavientos se muestran como son. Mujeres que se entienden entre sí, a veces sin palabras. Mujeres que omiten, que cuestionan un sistema sin abiertamente reconocerlo como tal. Historias que también hablan de la culpa, la condena, el pasado, y el temor a repetir patrones en el futuro.

En un ambiente en el que el espectador queda totalmente inserto, el paisaje, la introversión y el naturalismo propuesto por su directora nos lleva a ritmo un poco melancólico a una vida en la que nos queda mucho por resolver.

La película tiene muy buenos diálogos y también nos hará reír por momentos y, como no, encogernos el corazón.

Escrito por Andrea Morales Jiménez

(Barranquilla, 1.988) Comunicadora Social y Periodista afincada en la Ciudad de México con experiencia en periodismo cultural enfocado a cine, televisión y teatro. Trabaja contenidos para marketing y publicidad como a su vez para el sector tecnológico en páginas web y aplicaciones móviles.