I

Yo quería ser pluma y nací piedra.

Quiero abandonar mi cuerpo. Quiero dejarlo con el desparpajo del indigente que duerme en la escalinata de mi edificio esta mañana: extenso, desenvuelto, cínico. Tiene los pantalones abajo y mis vecinos lo miran como si su morbo lo protegiera. Así quiero abandonar mi cuerpo. A la intemperie, a la buena de dios, a la mirada de todos arrojaría este cuerpo abierto para que vean el otro lado. Quiero abandonarlo con las estrías que le nacieron a los doce, con la cicatriz en la rodilla derecha, con el recuerdo de la cicatriz en la rodilla derecha: una niña torpe, una niña redonda, una niña pesada, oculta, no invisible, no: oculta, escondida detrás de ella misma, junto a su boca, entre sus piernas, implotada entre vísceras, con su boca de ombligo y voz de miocardio; una niña que traza la trayectoria de su soledad en el patio de la escuela; una niña que, sentada en la última banca, busca el espacio suficiente para su cuerpo deforme en las pupilas de los otros. La niña no cabe. La niña tiene el tamaño del mundo.

Mamá, yo quería ser pluma y nací piedra.

 

II

Llamo a la puerta de una piedra.
—Soy yo, déjame entrar.
—No tengo puerta —dice la piedra.

Wislawa Szymborska,
Conversación con una piedra

Hay lugares en mí que no tienen boca,
sitios que partió el silencio: piedra rota.
Mi rostro se revela
en la inquietud del insomnio.
Mi rostro estalla y nadie escucha.
Hay noches en las que sueno a desierto
y mis huesos crujen al paso de la memoria.
La memoria es una procesión de tumbas.
Cada parpadeo me asfixia.
Las horas atraviesan mi cráneo
y con su ancianidad
deambulan mi rostro que se desmorona.
Piedra distorsionada
por la carcajada asimétrica del tiempo.

Soy una piedra enferma
y el reloj, una taquicardia que me amenaza.

III

Mi madre quería una muñeca y parió una piedra. Mi madre quería una muñeca callada y debe soportar mi lengua de pájaro. Mi madre quería una muñeca callada y con vestido rosa: mi tendedero está lleno de encaje negro. Mi madre quería una muñeca callada, con vestido rosa y que se quedara inmóvil en la almohada de su cama. Mi madre sigue esperando que yo regrese a su casa alguna madrugada.

Escrito por Alejandra Estrada Velazquez

Nació en México , D. F. (ahora CDMX), el 13 de noviembre de 1986: era jueves. Estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la FES Acatlán. Ha trabajado como correctora de estilo, profesora de literatura y publicista. En realidad es poeta. Ha participado en diferentes talleres de creación literaria, por ejemplo, con Raúl Renán, María Baranda, Ernesto Lumbreras, Brenda Ríos, Rocío García Rey, etcétera, etcétera, etcétera. Ha publicado en la gaceta bimestral Río Arriba (Gaceta Noviembre – Diciembre 2010 Tema: Muerte) y en revistas electrónicas como Dos Disparos y Contraescritura. Fue becaria de Los signos en Rotación Festival Interfaz Issste, organizado por Mario Bojórquez. Además de escribir, intenta ser actriz: formó parte de la compañía de teatro TUA (Teatro Universitario de Acatlán) en la que participó como actriz y asistente de dirección. Pertenece a la compañía Berrinche teatro y participa en los montajes de Sopa Azteca, Solos, Hombres y algo más… y la Carpa de los muertos. Actualmente, es becaria del programa PECDA - FOCAEM 2017 en la disciplina de poesía.