Joana Bértholo (2015)

traducido del original portugués («A Máquina de Produzir Naturezas») por João Guerreiro y Ramona Dominguez Sanjurjo

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Cuando ya había una máquina en el mundo para producir todo e por tanto ya todo era hecho por maquinas dejaron de saber que inventar. Incluso ya se había inventado una máquina de producir humanos y una máquina de producir inventos. Y una máquina de producir máquinas claro está, esta había sido inventada hacía mucho tiempo. Aburridos, intentaron concebir una máquina capaz de producir otra cosa que no fuese ni máquina ni humano. Fue así como nació la máquina de producir naturalezas.

La máquina de producir naturalezas era enorme, ocupaba varios almacenes de aquellos que se miden diciendo cuantos estadios de fútbol pueden contener. Inmensos estadios de fútbol, inmensos. Consumía más energía que las industrias metalúrgicas y siderúrgicas juntas expulsaba más detritos tóxicos que la industria papelera. Funcionaba muy bien y se convirtió en un gran éxito. Fueron instaladas máquinas de producir naturalezas un poco por todo el mundo.

Recibía todo el tipo de materias primas tecnológicas: televisores, teléfonos móviles y hasta batidoras eléctricas. Las desmantelaba, reducía los diferentes componentes a sus elementos más básicos, fundía aquellos materiales que podían ser fundidos y procesaba todo en un enorme tambor que hacía temblar el edificio y del cual emanaba un profundo olor a azufre. A las pocas horas del procesamiento la fase de producción finalizaba. El producto final abierta la tapa del enorme tambor, era todo tipo de naturalezas: madera virgen, venados salvajes, riachuelos cristalinos y pajarillos cantarines. Después de esto había un equipo de funcionarios altamente cualificados que se encargaba de la distribución, plantando bosque, inaugurando cascadas, restituyendo especies ya extinguidas, y fertilizando los suelos agotados por los monocultivos.

A los consumidores les gustaron tanto las naturalezas disponibles en el mercado que comenzaron a entregar todos sus cachivaches eléctricos a cambio de trocitos de naturalezas en sus patios. Para quien vivía en la ciudad, había pequeños kits que servían para poner en el balcón o en el tejado. Dos o tres teléfonos móviles y un Ipad, o un lavaplatos eran suficientes para adquirir uno de estos pequeños kits, pero las personas se volvieron ávidas, y entregaban coche, avionetas, semáforos urbanos, escaleras mecánicas y mecanismos para abrir la puerta del garaje, ascensores. Por todos lados, las personas ambicionaban adquirir muchas más naturalezas de las que eran capaces de consumir. En poco tiempo toda la población mundial quedó bajo el efecto de aquella fiebre de adquirir naturalezas. Dejó de haber tecnologías que pudiesen ser cambiadas por naturalezas, había solo naturalezas.

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Escrito por Joana Bértholo

Joana Bértholo Portugal, Lisboa. 1982 Licenciada em Design de Comunicação e doutorada em Estudos Culturais; dá aulas, escreve para papel, para palco e para a academia. Tem vários romances e livros de contos, e um livro juvenil, publicados na Editorial Caminho; e outros textos noutras editoras. Recebeu o Prémio Maria Amália Vaz de Carvalho em 2009; foi duas vezes nomeada para o Prémio Novos, na categoria Literatura e teve um conto publicado na revista Granta. A sua tese de doutoramento foi publicada em língua inglesa pela Routledge. O seu próximo romance chama-se «Ecologia», e está previsto para 2018. Nos palcos, colaborou na dramaturgia de várias criações da coreógrafa Madalena Victorino; escreveu nove peças para o Festival Teatro das Compras. A sua primeira peça longa foi escrita no âmbito de um Laboratório do TNDMII orientado por Rui Pina Coelho e vai estar em cena no Teatro Nacional D. Maria II no final de 2018. Chama-se «O Quarto Minguante». mais: www.unscratchable.info