Clase de física

Se apagó la luz.

El profesor iba de mesa en mesa
prendiendo fósforos

alguna compañera debía colocar
una hoja frente a la vela encendida
y una lente en la mitad

en un lugar específico, matemático,
sobre el papel se dibujaba una nueva llama
aún más grande y al revés

confundíamos al universo creando soles
que antes de nosotras no existían

de repente nos sentimos en un templo
un templo oculto y nuestro
que se libraba de la excesiva vigilancia
de aquel colegio franciscano.

Recreo

La distancia entre una cosa y otra
no es un espacio vacío:
está colmado de anticipación,
malestar de la lejanía

el valor de las cosas es revelado
en el nivel de angustia que produce
esta longitud

y su punto máximo aparece
en el instante último
en el trecho más corto
que se hace infinito.

La proximidad es distancia abismal
precipicio, pequeña muerte.

La vida se recobra
en el encuentro
de lo que ya está muy cerca.

Ley de conservación

La energía y la materia no pueden destruirse:
van transformándose en formas distintas y desconocidas
que persisten en secreto.

La voz guarda una vibración infinita:
cuando alguien muere su energía no desaparece
y en ocasiones es palpable.

La tierra, más que vivos, alberga fantasmas.

Cumpleaños

En la sala de mi casa
siempre ha estado una fotografía
que no es hermosa
ni memorable.

Las tres figuras, medio abrazadas,
dirigen sus miradas a distintos lugares.
¿Quién sabrá cuántas cámaras
le apuntaban en ese momento
a mis tías y a mi abuela?

Esta la tomé yo,
con mi cámara amarilla de plástico
que venía gratis en un menú infantil
pero luego le costó a mi padre
docenas de rollos velados
porque su niña quería ver la imagen
por un segundo, sin que nadie lo notara.

María Eugenia, ¿no habrá estado
mi tío gritándote que dejaras el cuchillo,
que te veías ridícula en esa rígida pose
con la que fingías cortar el merengue?

Rosario, mi primo debió obligarte a sonreír
porque nunca lo haces
porque odias las cámaras.
O tal vez fue el vino.

Susana, Susana Ana Alicia
este habrá sido tu último cumpleaños
tu espalda ligeramente encorvada
te hacía sufrir tanto
por no ser lo suficientemente fuerte
lo suficientemente elegante

tus manos de dedos frágiles
casi sin huellas por el uso excesivo
de jabón de platos, de jabón de pisos,
de jabón de ropa

tu piel extranjera iluminada por el flash
más blanca que la pared blanca
blanquísima, levísima,
del mismo color de las catedrales
de tu casa de infancia

¿Quién tomó esta foto?
¿Yo, mis manos,
un empujón de mamá,
un impulso de la vida, de la muerte?

¿Quién puso esta foto en mi sala?

 

[Selección de “Cuaderno de materias”, poemario ganador
del VI Taller de Poesía del FCE – filial Colombia]

Escrito por Estefanía Angueyra

Estefanía Angueyra (Bogotá, 1992). Es egresada de la carrera de Estudios Literarios de la Universidad Javeriana y actualmente se dedica a la traducción; algunas muestras de su trabajo aparecen publicadas en las revistas Otro Páramo, Círculo de Poesía y La Caída. Ha participado en distintos talleres artísticos y literarios, y mereció el premio del VI Taller de Poesía del Fondo de Cultura Económica filial Colombia.