Desde la muerte de Primo Levi, a través de la derrota del Partido Comunista Español y la caída del muro de Berlín, hasta el momento en que la derecha del Partido Popular tomó el poder en España en 1995, la vida del escritor Jorge Semprún se encontró en vilo. Semprún, que atravesó la muerte y las paredes del campo de concentración de Buchenwald donde le arrebataron su existencia, el aparecido, el no-vivo que escribió más libros en francés que en su madrileño natal, vio su vida en juego cuando tuvo que enfrentarse cara a cara con la gran decisión que debe tomar cada persona al momento de sentarse frente la hoja en blanco: elegir entre la escritura o la vida.

El mundo se abre cuando caen los muros que lo dividen. La vida de un escritor, muchas veces, es definida por la cantidad de muros internos y externos que debió romper para liberar su pluma y su esencia, por la cantidad de paredes que debió franquear para liberar los textos que estaban guardados dentro de su alma. Para romper esos muros, algunos escritores se juegan la vida. Tal es el caso de Jorge Semprún, un autor que nació en una familia de clase alta conservadora, hijo de un embajador español exiliado en La Haya durante la Guerra Civil Española. Un estudiante que con 19 años aprendió filosofía en la Sorbona y que con 20 luchó en la resistencia francesa contra Hitler al tiempo que se unía al Partido Comunista Español del que sería expulsado por diferencias ideológicas con los altos mandos. Jorge Semprún, el militante, que conoció las rejas del campo de concentración y exterminio de Buchenwald y entendió, demasiado joven, que nunca olvidaría el olor del humo de un crematorio.

Los escritores sólo pueden derribar estos muros a través de su obra, y la misma no puede existir si no es en relación con la historia que la rodea al momento de ser creada. El primer muro que debió derribar Semprún fue el de su familia conservadora y lo hizo al unirse al Partido Comunista y luego ser expulsado, tal como cuenta en El largo viaje. El segundo, fue el del miedo a la muerte, que venció al morirse en Buchenwald y luego volver como un aparecido que a cada segundo se aleja más del final en vez de acercarse a él, según expresó en su libro La escritura o la vida en el que también resume su vida. El tercero, fue el que no le permitía aceptar y contar su vuelta a la vida, algo que logró solo al enterarse del suicidio de Primo Levi con cuya obra de denuncia sobre el holocausto supo identificarse. El cuarto, fue el de la creencia en un mundo dividido donde algunas cosas no podían revelarse, que franqueó, como todo el mundo lo hizo, en 1989: al caer el muro de Berlín. El quinto, fue el que no le permitía dedicarse estrictamente a la literatura. Con la llegada del Partido Popular al poder en España y su salida del Ministerio de Cultura de ese mismo país, a la que se refiere en el texto Federico Sánchez se despide de ustedes, se encontró con que solo tenía una sola cosa en su vida además de la política: escribir.

El último muro que destruyó fue el que no le permitía terminar de redactar La escritura o la vida, texto en el que planteó la duda existencial que se arrastraba en todas sus obras desde su primer novela, El largo viaje, hasta el último de los guiones de denuncia contra los estados totalitarios y torturadores que escribió para películas del célebre director Costa Gavras: la terrible decisión que tiene que tomar un escritor que debe relatar la experiencia de atravesar la muerte – representada por la estadía en Buchenwald, un campo de exterminio y tortura sobre las colinas de Ettersberg, donde el único olor que superaba al constante hormigueo del humo de cenizas del crematorio donde calcinaban a sus compañeros de prisión era el de las letrinas – porque es lo único medio del que dispone para poder realmente seguir vivo, para liberarse del estado de muerte en el que vive, atrapado, como un alma perdida en el mundo de los vivos. Una historia que es la síntesis de una época y de fin de un siglo que incluyó para él y para todos: la guerra, la tortura, la liberación, la globalización y el volver a empezar de cero demasiado tarde.

En su obra, Jorge Semprún, repitió las bases fundamentales de su experiencia y, como toda obra que se precie de sumar a la cultura del mundo, también se involucró entre la fibra de la realidad histórica de su época para describirla y tratar de modificarla. Desde su nacimiento en una clase alta, su paso por el Partido Comunista y su condena en Buchenwald, hasta la decisión final de escribir un texto que repasó su vida en un contexto donde en el mundo se habían roto todas las estructuras conocidas por él y por todos, su obra transmitió con excelente precisión y técnica lo que sucedía en su alma. Este aspecto cobró además un carácter especial en La escritura o la vida como raconto de su historia personal y de su obra, de su espíritu como reflejo del espíritu de una época, de su vida como arquetipo de todas las vidas que durante el último siglo vivieron las atrocidades de la guerra y de los campos de exterminio, de los que sobrevivieron nutriéndose de los confusos años posteriores para contarlo y de los que no.

Bibliografía:
Semprún, Jorge: La escritura o la vida. Buenos Aires: Tusquets Editores, 2011. Traducción de Thomas Kauf.
Z (película). Dirección de Costa Gavras. Guión de Jorge Semprún. Productora Jaques Perrin, Ahmed Rachedi. Argelia, Francia: Valoria Films, 1969.
L’Aveu (película). Dirección de Costa Gavras. Guión de Jorge Semprún. Coproduccion Francia Italia. Francia: 1970.
Jordi, Gracia. Alguna vuelta más sobre Jorge Semprún (en línea)
Disponible en Internet en: http://www.letraslibres.com/mexico/cultura/alguna-vuelta-mas-sobre-semprun
Redacción. Lavozdebarcelona.com. (en línea)
Disponible en Internet en:
http://www.vozbcn.com/2011/06/07/75780/fallece-jorge-semprun-exministro/
Eagleton, Terry: Marxismo y crítica literaria. Buenos Aires: Paidós, 2013. Traducción de Fermín Rodríguez.

 

Escrito por Pablo Barragán Grondona

Periodista, escritor y libre pensador. Baso mi vida, siempre desde una mirada crítica y universalista, en el cumplimiento de las tres deudas que tiene el humano con el mundo: conocerlo, servir a los demás y hacer lo posible para que la humanidad siga avanzando.