Fotografía de Sebastián Freire

Daniel Link es escritor y docente en la Universidad de Buenos Aires. Nació en Córdoba (Argentina) en el año 1959. Publicó ficción, ensayos, es crítico literario y actualmente dirige el Programa de Estudios Latinoamericanos Contemporáneos y Comparados en la UNTREF. Dirige la revista Chuy y el Diccionario Latinoamericano de la Lengua Española (DILE). Su último libro es el ensayo La lógica de Copi (Eterna cadencia, 2017)

 

En tu último ensayo, La lógica de Copi, señalás al comienzo que tu primer acercamiento a ese artista tan polifacético y singular llegó de la mano de tres autores: Fogwill, Aira y Cozarinszky. ¿Qué veían ellos en Copi que captó tu atención y te llevó a interesarte tan fuertemente en la obra y el recorrido personal de ese autor?

Lo que ellos leyeron en Copi se deduce de sus escritos: para Cozarinsky el arte de Copi, tal como él lo vio, en las puestas a las que asistió, apenas se desprendía de su cuerpo, es decir: formaba un compuesto indiscernible entre vida (cuerpo) y texto (parlamentos). Aira toma partido por caracterizar a Copi a partir del barroco y Fogwill sencillamente lo coloca en el lugar del non plus ultra.

Yo ya había leído algunas novelas de Copi. Encontrar que había captado también la atención de tres de mis escritores predilectos, que a su vez son tan diferentes, me convenció (si hacía falta algo, todavía) de que por ahí pasaba algo en lo que valía la pena detenerse.

¿Por qué Copi pasó desapercibido a sus contemporáneos? ¿Qué importancia tiene estudiarlo hoy?

Copi es complicado de leer (de actuar, de poner en escena). Parece un disparate mayúsculo, pero es hiperculto. Parece que sus textos, piezas, historietas fueron escritas sólo para divertirnos, pero son piezas de pensamiento sobre el presente, sobre la vida, sobre el futuro de las sociedades, si se quiere. No quisiera caer en el error de considerar que lo que yo hice es “importante” o “necesario”. Yo caí en Copi, me dejé llevar por él. Si alguien es capaz de escuchar lo que Copi nos sigue sugiriendo y mi libro contribuye a esa atenta escucha, con eso ya puedo conformarme.

También vos sos un autor que ha sabido desempeñarse en áreas diversas: la docencia, la crítica, el ensayo, la ficción. ¿Dejas que esas tareas se nutran mutuamente o, por el contrario, buscas mantener entre ellas alguna forma de distancia?

Hay posiciones sociales que identificamos con la Persona, que tiene una biografía, trabajos, determinadas restricciones. Vos mencionás al “autor” que es una noción compleja, porque en todo caso, es lo que permanece como un gesto en un conjunto de enunciados. La posición autor se deduce de los textos que yo he firmado, pero no soy capaz de saber si esa figura es homogénea o no lo es, si tiene tales o cuales rasgos. Eso deberán decirlo los otros (todavía me acuerdo de un escritor joven que se escandalizaba: “No entiendo por qué le gusta Walsh”). Ahora bien, creo que lo que te interesa saber es por la posición de quien escribe. Bien, en ese punto, las posiciones de enunciación no son las mismas. Yo no puedo escribir en un libro de ensayos (teoría o crítica) el enunciado “a las mujeres hay que matarlas a todas”, pero un narrador o un personaje perfectamente puede sostener ese punto de vista. Lo que llamo “compromiso con la verdad” es muy diferente en la ficción, en el poema, en el ensayo. Pero todo tiene que tener un “efecto de verdad”.

De modo que entre una cosa y la otra hay sistemas de reenvios (naturalmente, los problemas sobre los que escrito, no importa el género, van a ser más o menos los mismos) pero también distancias. Identificaciones y distancias. Eso, que define bien cómo hay que leer, también puede aplicarse a la escritura.

Y hablando más concretamente de tu trabajo como escritor, ¿consideras una ventaja el hecho de contar con tanto conocimiento teórico y tantas herramientas para abordar los textos literarios? ¿Te sirve para “hacer crítica” de tu propia ficción?

No, no. La ficción es para mí la construcción de un mundo en el que yo podría vivir o no (es decir: es también un ejercicios de ascesis: en qué podría yo llegar a convertirme). Si bien la crítica también tiene un costado autobiográfico, se trabaja con lo ya hecho, lo ya dicho. Es decir: la crítica está dominada por un apriori histórico.

Ahora bien, el mejor escritor es siempre el más sabio. No se trata necesariamente de los saberes escolásticos, pero si el escritor no sabe nada… ¿cómo podría escribir? El mito del escritor salvaje nunca me resultó interesante.

Como escritor de ficción incursionaste tanto en la novela como en el relato, la poesía y el teatro. ¿A cuál de estos formatos crees que se adapta mejor tu escritura? ¿Como lector tenés preferencia por alguno de esos géneros en particular?

Leo mucha poesía, porque me gusta pero además porque creo entender bien sus trucos (en el buen sentido). Yo hubiera querido ser un gran poeta, el más grande poeta, pero mi mediocridad o mi falta de constancia me lo impidieron. Cada tanto, sin embargo, escribo algún poema.

Teatro leo poco, pero me gusta hacerlo. Sueño con grandes proyectos dramáticos, pero casi nunca tengo el tiempo o la tranquilidad de espíritu para intentar realizarlos.

Relatos…. Bien: vivo en un mundo extremadamente narrativo. Vivo imaginando tramas, personajes, situaciones y transformaciones. Cada palabra que me dicen o cada silencio desencadena inmediatamente una novela. Como toda loca, soy bastante novelera. El problema es que la novela, como género, es ya un poco imposible.

De modo que dejo pasar los fragmentos de novela que voy urdiendo por cualquier parte.

También editaste la obra de Rodolfo Walsh, un autor cuyo nombre es ineludible a la hora de estudiar la literatura argentina, tanto por el carácter innovador de Operación masacre como por la rotunda calidad literaria de algunos de sus relatos que hoy son canónicos. Sin embargo su obra consta de mucho material y muy diverso. ¿Qué te llevó a ocuparte de recopilar y editar específicamente sus papeles personales y su obra periodística?

El azar: me lo pidieron. Quiero decir, yo preparaba una tesis doctoral sobre Walsh. Había recopilado algún material que iba a formar parte de la tesis, pero cuando algunos editores decidieron editar la obra periodística y convocarme para que la ordenara, tuve que decidirme entre un proyecto personal y un poco apolillado (“ser un Doctor!”) y el bien común. Mejor era que todos pudieran acceder, cuanto antes, a la obra de Walsh.

En cuanto al Diario, que saliera bien lo otro me significó el privilegio de poder trabajar con esos papeles. Pero en todo el proceso hubo mucho más de azar (y coacción) que de decisión propia. La mejor decisión que uno puede tomar es escuchar el rumor de la historia y dejarse llevar.

¿Qué opinión te merece el auge de los medios virtuales como herramienta de difusión de la literatura? ¿Nos dirige hacia una forma más democrática de relacionarnos con ella?

Yo pensaba que sí, pero hoy no estoy tan seguro. Quiero decir: en Internet conviven el bien y el mal. El bien es la posibilidad de acceder gratuitamente a una biblioteca infinita. Las fuerzas que tratan de impedir eso son el mal. Habrá que ver quién gana la batalla.

¿Hacia dónde van encaminados tus próximos proyectos? ¿La ficción está dentro de los planes?

Lo único seguro es que por un tiempo descansaré de los libros con notas al pie. Esa forma de compromiso con la verdad es un poco agobiante. Tengo dos novelas entre manos: una es más fácil y es una especie de mundillo o de ciberciudad con muchos cambios de perspectiva y a la que incorporaré prácticamente todo el material periodístico que produje en los últimos tres años. La otra es más difícil porque me encapriché con un tema histórico que me obliga a avanzar más lentamente.

También participo con personas queridas (Sebastián Freire y Albertina Carri) de un colectivo llamado Colectivo Quri Kancha, con el cual presentamos a principios de noviembre una instalación-performance titulada “Archivos del goce, del amor y del deseo (o el incendio de los lugares comunes)”. En fin, el pensamiento puede aparecer por cualquier parte, y la escritura también, como dije antes.

Y cualquier formato nuevo que me parezca seductor y digno de ser investigado tendrá en mí a un bricoleur excitado. Ya veremos, sobre todo, qué tiempo me deja libre el trabajo.

 

Escrito por Paula Márquez

Paula Márquez (Córdoba, 1992) cursa estudios en Letras Modernas en la UNC. Publicó relatos breves en La Gárgola Azul y es actualmente editora en Liberoamérica.