1

Antes de ser un objeto perdido, recuerdo haber sido un cuerpo. Mi mundo se organizó frente a mí como respuesta a eso que yo era: cúmulo de sensibles densidades, tiempo en descomposición, sonora presencia y la idea que trepó suavemente en mí cada día hasta hacerme decir: “acaso soy mi cuerpo tanto como mi palabra, y quizá entonces mi ubicación exacta sea aquí, vida, donde mi piel respira”. En aquellos momentos, no existió un lugar equivocado para lo que yo era.

2

Lo triste no es haberme convertido en un objeto, vida; lo triste es ser un objeto que no encuentre un buen sitio, entre tu caos.

3

“El problema es que, si vienes, no sabré dónde ponerte”, me dice José desde alguna oficina en York. “Ya, tú no sabes dónde ponerme”, le respondo al teléfono desde mi habitación y, súbita, fatalmente sé que esa es la última vez que estaremos en “contacto”.

4

Las metaforizaciones sucesivas hacen que una idea crezca y se convierta en algo más que ella misma, en una “forma de pensamiento”, pues el lenguaje piensa, nos piensa y piensa por nosotros tanto, por lo menos, como nosotros pensamos a través de él.[1]

5

Como un ciclónico proceso, he sobrevivido la transformación de aquello que yo era en un objeto y, como objeto, me voy acostumbrando al aislamiento, me acumulo, me camuflo, me cotizo, me intercambio incluso por otros objetos, y me dedico a encontrar un sitio en el cual poder estar. No sólo eso: me interesa estar simultáneamente. Estar, como ayer, sentada en el comedor, mientras mi gato olfateaba una pelusa en mi pijama, y estar, al mismo tiempo (hoy y mañana), aquí, aquí, aquí en cada caracter, en el tacto digital de una tibia pantalla, y en York, tal vez, en una carpeta guardada, codificada, sin “contacto”, en fin, estar así, en infinitivo, sin tiempo ni forma precisa de persona.

6

Outlook: Contacto eliminado.
Facebook: Contacto bloqueado.
Skype: Contacto perdido.
Por la noche: Recuerdos vívidos sin ubicación exacta.

7

Pero quizás miento. No soy un objeto, es decir, no soy sólo uno; soy la multiplicidad de figuras que hay de mí, un memorial, mi cuenta de Pinterest que oculto y sus 302 imágenes, la foto de niña que mi padre o mi hermano guardó en su billetera, el nombre al que respondo, la cicatriz que cubro bajo el algodón de mi camiseta, el semblante que ofrezco, mis contraseñas, mi ID y el puñado de seudónimos que laten bajo el monosílabo “yo”.

8

Me gustaría poder escuchar a José por el auricular, una vez más, y pedirle con una voz dulce, con la voz de artificio que disimularía mi trampa: “piensa en mí en este momento, sentada en una habitación azul, junto a ti, hablándote.” Entonces yo posaría, unívoca, frente al lente de su imaginación, y me quedaría tan quieta en él hasta hacerle creer que realmente me he instalado ahí. Que estoy ahí.

Vida, ¿la fotografía es el retrato de una superficie cóncava, de una falta, de una ausencia?[2]

9 / 10

“Ya, tú no sabes dónde ponerme”. Cuelgo el auricular. Son las diez de la noche en York, y aquí, en el centro de México, las nueve. ¿Dónde ponerme? Me hago esa pregunta, ahora, a mí misma. Me tiro sobre la cama, con los brazos abiertos, como si yo misma fuera una frazada de poliéster que quiere evitar una ¿sensación? de frío. Poco después enciendo mi lap-top y miro el fondo de escritorio, donde (des)aparezco en una foto, con mi gato.

Abro una hoja de Word y escribo: “Pero este ‘yo’ que duda, así desligado de todas las referencias espacio-temporales solidarias del propio cuerpo, ¿quién es?[3]”.

 

[1] Jean Baudrillard, Contraseñas.

[2] Clarice Lispector, La pasión según G. H.

[3] Paul Ricoeur, Sí mismo como otro.

Escrito por estefanyvillegas

Estudié Lengua y Literaturas Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente me interesa la literatura mexicana, el cine, los estudios sobre la subjetividad virtual, así como la dimensión estética de redes sociales como Facebook, Instagram y YouTube. He publicado artículos de opinión y ensayos en revistas como La ora voz, Revista Digital Universitaria y Revista Primera Página . Redes: Facebook y YouTube, "Estéfany Villegas".