Si tan sólo se pagara bien
por ser pendejo.
Qué talento desaprovechado,
con tanta promesa suelta por ahí,
con tanto buen pendejo a disposición
en este mundo
sin explotar
su propia fuerza de trabajo
-fuerza bruta-
para el desarrollo de su comunidad.
En mejores circunstancias
cualquier hijo de vecina sería,
que no les quepa duda,
pendejo entre pendejos:
talento nacional,
calidad de exportación,
ISO 9000,
primero de la clase,
abanderado de la escolta.

Habría que detectar a tiempo,
por supuesto,
al diamante en bruto
por medio de cazatalentos,
de observadores,
de becas universitarias
y préstamos estudiantiles.

Habría que mandarlos al extranjero
y asegurarse de que concluyeran
su proceso de formación
en residencias pendejiles,
donde representantes de cada nación
hablaran por su gremio
y detallaran el mercado laboral de su tierra
para colaborar por el desarrollo
del pendejo en el mundo,
para hacerse un sitio
en el mercado internacional.

Habría que fomentar su producción,
incluso,
a riesgo de que llegara el día
en que importáramos más pendejos
de los que exportamos.

Pero la pendejez es tan común…
Ha de ser por eso
que está tan mal pagado el oficio.
Filas interminables de interesados
en conseguir un puesto
condenados a escuchar siempre
la misma respuesta:
“Hoy nada más,
en lo que va del día,
ya entrevisté a quince pendejos
como tú”.
¡Ay, de los que no han nacido!

Pero no todo está perdido.
No olvidemos
que existen oficios similares
donde podría destacar
cualquier pendejo bienintencionado
para colocar el nombre de nuestra nación
en alto,
o por lo menos
para combatir momentáneamente
la constricción metódica
de la pobreza,
oficios con mayor influencia
en el rumbo de las cosas.
El vivito,
el gandul
y el hijo de puta,
por ejemplo.
Lamentablemente,
la mayoría de las plazas
han sido tomadas.

Queda la esperanza,
sin embargo,
de que algún pendejo
se cuele entre sus filas
para beneficio de los suyos
y, en un milagroso
sincretismo cultural,
los pendejos hijos de puta,
los pendejos gandules,
y los vivitos pendejos resultantes
reconozcan en cada uno de nosotros
al mismo pendejo
que observan cada mañana
y,
pendejamente conmovidos
por su propio rostro,
renieguen de esta mentirosa división
que nos cataloga
y se presente así
un nuevo panorama
que gente brillante
no ha podido dibujar.

Escrito por Ulises Granados

Ulises Granados (Distrito Federal, 1984) ha publicado minificciones, poemas, ensayos y cuentos en revistas como F.I.L.M.E., Deletéreo, La liebre de fuego, Primera Página, Lee+, Mígala y Punto en línea. Desde 2009 elabora el blog Antología sin poesía (www.antologiasinpoesia.blogspot.com). Es guitarrista de la banda de rock swing Cotton’s. En 2013, lanzaron Cotton’s, su primer EP, el cual reeditaron en 2016 con dos tracks nuevos. Es practicante de jiu jitsu brasileño y judo.