Sensibilidad material

Pasó un tiempo hasta que por fin me pude desvincular de mi trabajo: había papeles que firmar, personas con las cual discutir y objetos que retirar en la oficina. El sistema es un nudo gordiano que no te permite trabajar y a su vez tampoco te permite dejar de trabajar (nota mental: escribir algún día sobre este marco de posibilidad dual y mutante).

Luego de acordar unos últimos detalles (bancarios) me despedí de la gente del trabajo y salí a caminar. El día estaba espléndido y mientras me alejaba de mi pasado como proletario en esa mañana soleada mis oídos escuchaban Hi, how are you de Daniel Johnston. Perfilé por San Martín pasando por la vereda de las librerías deteniéndome sólo un momento para ver si había algo interesante qué chusmear. En una vidriera vi que se exponían los dos tomos de la Historia social de la literatura y el arte de Arnold Hauser; libro que un año atrás en Santiago de Chile decidí no comprar por razones de espacio (¡el saber sí ocupa lugar!) y que volvía a mí en una suerte de second chance. Medité un momento si llevarme o no el libro reduciendo en un pro y un contra la toma de decisiones: Pro: voy a tener mucho tiempo para leer / Contra: si me gasto esa plata no sabré luego de qué manera reponerla. Pensé en Marx y en su falta de recursos, siempre me pareció una paradoja que quien más pensara el “materialismo” no poseyera las condiciones materiales para adquirir, por ejemplo, libros (para trabajar iba a la biblioteca pública o le pedía a Engels que le comprara los ejemplares que necesitaba).

Continué la marcha del marxista lumpenizado lamentando encontrarme con esos tomos de Hauser que ponían al desnudo mi futura condición económica y echaban por tierra el breve entusiasmo que había cultivado. Era dueño de mi tiempo y tenía que descubrir en qué invertirlo. Me dirigí de manera automática al café al cual voy de tanto en tanto y con un gesto de manos le hice saber a Walter que quería lo de siempre, así que me senté y volví meditar sobre Hauser (y su libro que quizás nunca compre). Por lo que leí en la contratapa durante mi estadía en Santiago, parece que el libro del húngaro constituye uno de los últimos intentos (serios) del marxismo por interpretar de manera holística y materialista los acontecimientos artístico-literarios que regían al mundo; unos años antes —con un enfoque más filológico y político— Edmund Wilson escribió algo cuya factura sigue dándome réditos para pensar algunos problemas del presente: ¿Por qué se lucha en estos tiempos? ¿Llegarán a lograr algo las vanguardias (e.g. los aceleracionistas)? ¿Habrá ofertas de vino blanco para la temporada estival? ¿Debería cambiar la marca de mi desodorante frente a la presencia de nuevos olores en mi cuerpo? ¿O hacerme un tatuaje del “grafo del deseo”? Al concluir mi media tarde me las piqué al depto., tenía que comprar algunos artículos de limpieza y regar la kokedama.

Escrito por Raúl Andrés Cuello

Licenciado en Enología, Máster en Viticultura y Enología; se desempeña como becario en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), ambos de Argentina. Realiza su Doctorado en Ciencias Biológicas en la Universidad Nacional de Cuyo en el área de Biotecnología de Levaduras Vínicas. Paralelamente a esto colabora realizando reseñas de libros, entrevistas o ensayos en diarios y revistas culturales de Argentina (Otra Parte y Cultura Irracional) y España (Vísperas). En 2015 publicó Magias Parciales, su primer libro de relatos. Desde 2014 a la fecha se encuentra trabajando en una novela experimental cuyo título es La imposibilidad de la escritura.