La mini-ficción o la narrativa súper-breve es una forma de escritura relativamente nueva que se especializa, como su nombre lo indica, en la brevedad, la síntesis y muchas veces en la sorpresa de ver muchos significados e historias condensados en una lata muy pequeña. Si para Cortázar el cuento ganaba por knock-out la mini-ficción es sólo el golpe ganador, el resto de la pelea podemos obviarlo.

La mini ficción es entregar el impacto de un cuento completo con tan pocas palabras como sea posible, es el sabor del cuento en su más mínima expresión. Es como una piraña, pequeña en apariencia, feroz en su naturaleza.

A continuación, quisiera regalarles una pequeña caja con algunas de mis mini-ficciones

 El tirano bigotudo

Al mirar por la ventana Adolfo se relamió los bigotes. Pensó que era un lindo día para salir afuera. Luego, en la distancia, divisó un transeúnte y poco a poco un cúmulo de ira empezó generarse en sus entrañas. Cuando el transeúnte estuvo lo suficientemente cerca, no pudo controlarse y lanzó un montón de gritos y malas palabras. El transeúnte por mucho que oyera la gritería, apenas volteó la cabeza y continuó con su camino.

La ira afortunadamente desapareció tan ponto el transeúnte salió de su vista. Adolfo procuró calmarse, siguió mirando por la ventana y se volvió a relamer el bigote. Pronto, pensó el pequeño tirano, dejarían de llamarlo escandaloso, latoso y neurótico, pronto podía subirse al sofá las veces que quisiera, pronto, el mundo se arrodillaría ante la raza suprema: el Schnauzer

La bella durmiente

Caballero se acercó a La Bella Durmiente y por un momento apreció la belleza de esta hermosa doncella que yacía inmóvil. Luego vio la sangre que empezaba a brotarle de la nariz, y poco después vio como empezaba a convulsionar.

En completo terror Caballero tuvo que llamar a los paramédicos y ver cómo le inyectaban adrenalina en el pecho para revivirla. Desde ese día en adelante, el señor Caballero jamás volvió a lidiar con strippers que tuvieran nombres de princesas… o con cocaína.

Narciso con mantequilla

Toda su vida Rojo había sido el centro de atención, así que no era raro que fuera todo un Narciso. Su trabajo era literalmente atraer las miradas de las personas que entraban al establecimiento y hacer que se maravillaran con su enorme y hermoso cuerpo. A decir verdad era bastante bueno en ello.

Cuando al final los dueños del establecimiento le dieron su bañera privada, el viejo Rojo sólo pensó: “Diablos, ya era hora de que alguien premiara mi belleza” y muy contento se sumergió en el agua caliente.

Se relajaría en la bañera por al menos 18 minutos. Luego, pensaba Rojo, iría a hacerse una manicura en las pinzas con los peces limpiadores del acuario.

Lastimosamente después de su baño relajante en agua caliente, lo que siguió para aquel decápodo narcisista fue un tratamiento de belleza de cuerpo completo en salsa de mantequilla.

León

Cuando la dueña de León cambió sus hábitos alimenticios la vida de León dio un giro para peor. Súbitamente ya no había jamón en la nevera, y por tanto ya no podía ordenarle a la mujer que le diera su porción cada vez que abría la nevera. Tampoco había ya nada bueno en los platos cuando la dueña terminaba de comer. Subirse a la mesa y registrar los platos se había vuelto una tarea cada vez más decepcionante.

Los usuales cubos de carne y pescado secos no habían cambiado, pero de cuando en cuando la mujer cambiaba algunos de los cubos por terrones horrendos de materia vegetal coagulada. Y por que no fuera poco, tenía el descaro de susurrarle: “Es mejor para nosotros León, te vas a sentir mucho mejor cuando hagas el cambio”

León era paciente, siempre y cuando la estúpida mujer dejara de cambiarle sus cubos de carne seca podría sobrevivir a base de las ratas de la despensa y las palomas del balcón. Si la mujer sabía lo que le convenía, se daría cuenta de su error y volvería a dejar la cosas como estaban, de otro modo y muy a su pesar, León se vería obligado a hacer uso de los inútiles 75 kilos de carne vegana que últimamente andaban rondando por la casa.