el camino de lo insoportable

Arrancando: Fragmentos de una nota que me hicieran para un proyecto editorial hace ya dos años + un poema inédito de mi autoría.

 

Un zapato en cada pie

Existe un desorden, un caos íntimo, del que uno no puede – o en ocasiones no quiere – escaparse nunca. Somos animales de costumbre, resulta evidente, pero también lo somos de extremos, de hipérboles, melodramas y barroquismos.

El fluir, procurar que algo dentro de nosotros “fluya”, tiene que ver con ese contrasentido que estamos permanentemente buscando, poseamos o no alguna habilidad o talento artísticos. La diferencia es que el artista (quien se declara como tal) utiliza esa búsqueda como médium para crear aquello que supone único, revelador e imprescindible para el hombre y su posteridad.

Y mientras ese fluir tiene lugar, no es la existencia o la identidad del artista la que queda “suspendida” sino más bien su realidad colectiva, es decir, aquello que lo identifica como ser social y genérico, para dar paso a una realidad más exclusiva, más sensible y perceptiva. Y es esa realidad, ese “sub-nivel” privativo del creador, el que se corresponde con el desorden armónico – a mi entender vital – que todos llevamos a cuestas.

En lo que a mi experiencia respecta, la escritura [el poema] es usualmente el camino de lo insoportable, con algunos intentos de desvíos más o menos transitables. En cualquier caso, hay que tener siempre a mano otro par de zapatos, unos que se aguanten bien las piedras. Todo lo que pasa en y por nuestras vidas tiene algo de poético, aunque apenas podamos reparar en ello. La poesía lo barre todo y escribir (el acto de escribir, entendido como ese trance ceremonial -místico al que el escritor se somete) siempre es, infaliblemente, desordenarse un poco, evocar lo confuso, revolverse. Algo así como pretender salvar el agua del mundo con fuego y desenredar el laberinto con más Minotauros. Y esa es, creo, la paradoja misma de todo proceso creativo.

Hacer tal o cual texto, tal o cual obra de arte, supone encontrarle a la vida ese superávit que nos haga más ricos en monstruosidad por dentro y más pobres en mediocridad por fuera.

 

Para revista ey, diciembre de 2015.

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end

no es una palabra
con suerte será un emblema que agregaremos a nuestro portfolio
el encabezado de alguna noticia vieja impresa en un diario falso

(esa mala costumbre nuestra / de desatender las partes del todo
tuvo el epílogo que merecía)

como en el ahorcado
cada letra
en su plato de consomé / en su cajón de gaseosa de primera marca
esperando el momento de inercia
esperando el momento de orden o de caos / de método o de anarquía
esperando el momento

por la hendidura de aquella puerta
asoma la cuerda que completa el espiral

no es una palabra
es el final del paréntesis:
la portada inflamable del libro
y otro fósforo ahogado en la botella sin abrir de kerosene

 

Foto de Portada: Laura Cófreces

 

Escrito por Vanesa Almada Noguerón

Vanesa Almada Noguerón (Buenos Aires, 1980). Tiene estudios en Letras y en Gestión Cultural. Actualmente, reside en la ciudad de Mar del Plata y colabora en Liberoamérica, revista y plataforma literaria. De su autoría: Entre los ruidos© (Baldíos en la Lengua, 2015), Quemar el fuego© (Autogestivo, 2017) y Los demás© (Liberoamérica, 2019). Su Blog: almadanogueron.blogspot.com.ar
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