DIARIOS DE NAVEGACIÓN.

 

I.
No recordamos ya como éramos al
principio,
porque cada día parte un cadáver
nuestro a pudrirse con el tiempo,
nuestros mejores esbozos de gritos a la humanidad,
fueron apenas artificios de pólvora
que ardieron bajo la lluvia de la primera noche,
porque aquí la realidad todavía está en guerra con los pájaros
e ignora las cristalizaciones de los laberintos que abrimos.

Y agreguemos;
Nunca como esas mañanas,
me sentí tan lejos del envejecimiento del espíritu,
ni nuestros pensamientos,
se parecieron tanto a nuestros actos.

II.
Quiero guardar tu amor para mañana,
esconderlo en los rincones de la mente;
que el recuerdo lo alumbre cuando sea necesario
como encender una vela de repente y …
atrapar en su flama una silueta; que se agranda,
empequeñece y al roce de mis dedos queda extinta.
me voy detrás de ti,
persiguiendo mi instinto
amarró mi cabeza a un baúl repleto de todas su fobias
despertando mis instintos dormidos
mis versos no titubean menos en tus oídos
de parte tuya no espero ninguna respuesta
porque si algo aprendí de ti
es que en la playa de la vida,
estamos solo de turistas.

III.

Y si mañana el océano se cierra sobre nosotros
y nuestros cuerpos se desfondan en la noche del mar,
que no obstante tu amor pase por arriba,
como los meteoritos,
y al otro lado,
dónde las nuevas playas nacen,
que algo aún se levante entre nosotros,

 

y que seas tú,
renaciendo,
como cosmos escurridos por mi boca.

 

 

 

Escrito por Tania Mendoza

México 1996. Licenciada en Estudios Latinoamericanos. CDMX.