******

Esta vez soy yo quien se convierte en mariposa,
le hablo al sol como quien le habla
a una deidad,
trazo de colores
cada punto cardinal.

El amor parte,
sufre al darse cuenta la distancia de las estrellas,
confunde luciérnagas con antepasados,
siembra flores lilas en el andén.

Aquí yo…
Me poso en las hojas
con las que a su regreso prepararé un té.

 

******

Guardo una mariposa
en el fondo del mar.

Sumergida.

Aprende pronombres
mientras explora
lenguas ancestrales.

Mi mariposa favorita
se contagia de felicidad,
se ve en los espejos de la vida,
confunde las líneas paralelas,
habla en sueños,
conoce la mente.
se aferra al cuerpo.

Sumergida.

 

******

Mis mariposas son sólo fantasmas.
Se posan en mi espalda
y en puertas que no abren.
Viajan kilómetros para respirar el océano.

Mi jardín perece sin las sombras de esas fantasmas.
Decido ahora creer en los dioses.

Pido, entonces, que las mariposas encuentren
otra espalda, otra puerta,
y el océano,
pido que mi jardín no muera,
pido finalmente de rodillas
que sigan naciendo mariposas
y sus fantasmas siempre me visiten.

Escrito por Lucía Santos

De Tegucigalpa, Honduras. Poeta, gestora cultural y estudiante de la licenciatura en Letras con orientación en Literatura en la UNAH.