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Esta vez soy yo quien se convierte en mariposa
le hablo al sol como quien le habla
a una deidad
trazo de colores
cada punto cardinal.

El amor parte
sufre al darse cuenta la distancia de las estrellas
confunde luciérnagas con antepasados
siembra flores lilas en el andén.

Aquí yo…
Me poso en las hojas
con las que a su regreso preparo el té.

 

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Guardo una mariposa
en el fondo del mar
sumergida
aprende pronombres
mientras explora
lenguas ancestrales.
Mi mariposa favorita
se contagia de felicidad
se ve en los espejos de la vida
confunde las líneas paralelas
habla en sueños
conoce la mente
se aferra al cuerpo
sumergida.

 

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Mis mariposas son sólo fantasmas
se posan en mi espalda
y en puertas que no abren
viajan kilómetros para respirar el océano.
Mi jardín perece sin las sombras de esas fantasmas.
Decido ahora creer en los dioses:
pido entonces que las mariposas encuentren
otra espalda, otra puerta,
y el océano,
pido que mi jardín no muera,
y pido finalmente de rodillas
que sigan naciendo mariposas
y sus fantasmas siempre me visiten.

Escrito por Lucía Santos

De Tegucigalpa, Honduras. Poeta, gestora cultural y estudiante de la licenciatura en Letras con orientación en Literatura en la UNAH.