María Osorio es sin duda una de las editoras más importantes y admiradas en la región. Este año obtuvo el premio BOP (Bologna Prize Best Children’s Publisher of the Year) por  su labor como editora en el mundo del libro infantil y juvenil, pero María no solo se dedica a la edición. Ella distribuye sellos cuidadosamente seleccionados, tiene una de las librerías más bellas de Bogotá que además cuenta con una biblioteca a su lado y se ha encargado de tejer redes entre las personas interesadas en la LIJ.

María es una militante del libro y en esta breve entrevista nos cuenta un poco sobre su trayectoria, el panorama de las editoriales independiente en América Latina y la importancia de estar presente en ferias. ¡Disfruten!

 

1. ¿Cómo fue ese paso de ser distribuidora a librera y luego editora de libros para niños?

Fue una decisión muy consciente. Al salir de Fundalectura me encontré con que una cosa era estar del lado romántico y seguro de la promoción de la lectura y otra muy diferente convertirse en editor y enfrentarse al mercado. Así que la decisión fue empezar por aprender a vender, por abrirnos un lugar en el excesivamente competido mundo del libro. Empezamos en el 2001, en la feria del libro de Bogotá. Al terminar la feria nos dimos cuenta de lo importante que era tener un punto de venta y promoción de los libros que importábamos, y a la vez lo limitado que resultaba tener un espacio de exhibición con tan pocos libros… así que decidimos que lo mejor era tener una librería. Esto nos permitió conocer poco a poco la oferta completa en circulación, en la que nos deberíamos insertar primero como distribuidores, luego como editores. Fueron 5 años de aprendizaje y de adquisición de experiencia tanto para participar en el mercado del libro en Colombia como para empezar a editar.

2. En tu trayectoria has asumido cargos de liderazgo para organizar redes y gremios de personas vinculadas con el libro, ¿cómo ves que eso avanza a nivel de editoriales en nuestra región?


El segundo momento aterrador después de enfrentar el monstruo del mercado, fue darnos cuenta de la soledad en la que trabajábamos. Así que el paso siguiente después de empezar la editorial fue la búsqueda y creación de redes. Nos unimos la coedición latinoamericana, y creamos luego el comité de editoriales de LIJ en la Cámara Colombiana del Libro y comenzamos a planear trabajo en equipo, en busca de dar 
visibilidad y carta de ciudadanía al libro para niños, al menos en Colombia relegado a bibliotecas públicas y escolares; objeto de compra pública pero a la vez ausente de la vida cotidiana, la tarea más ardua consistió en convencer a los libreros de la importancia y necesidad de espacios cualificados de venta de libros para niños.
En la región ya hay un grupo muy importante de editoriales que trabajamos en red, que nos apoyamos en proyectos, que en la medida que una feria lo permita nos reunimos para buscar nuevos horizontes a nuestro trabajo. Sin embargo, pienso que ahora falta un trabajo más político, uno que permita que además de nuestras pequeñas redes, los libros en América Latina circulen con facilidad. Cada uno de nuestros países tiene normas de aduana, de impuestos y de facturación diferentes, que sumadas a las dificultades de nuestra geografía hacen costosísima la circulación de los libros. En muchas ocasiones, ante esta realidad, nos han propuesto que nos editemos unos a otros, pero, si bien lo hacemos en algunos casos, es imposible hacerlo con la totalidad de la oferta.

3. La presencia de Babel en las principales ferias del libro es uno de los aspectos que más me ha llamado la atención, ¿qué significa para ustedes asistir a estos eventos?


Ese fue el siguiente paso, luego de tener una presencia estable en el país, de tener también presencia y equipo para trabajar en proyectos locales, empezamos a buscar nuevos horizontes, más que buscar quién compre o venda los libros, lo más importante era la creación de esas redes. Cada vez que me preguntan a qué voy a las ferias del libro contesto sinceramente: a hacer amigos. Creo que es la alternativa comercial más viable para las editoriales independientes en América Latina, crear redes y trabajar en equipo

4. ¿Qué recomendarías a una editorial antes de asistir a una feria? 


Creo que lo que acabo de decir, buscar esos pares, esos proyectos que se les parecen. Crear esas redes que no son exclusivamente comerciales, que permiten confrontar su trabajo con lo que sucede más allá de sus propias fronteras, que permite verse a la luz de experiencias más complejas que las propias, que no son tan condescendientes y que invitan a pensarse.

5. Para finalizar, ¿cómo crees que la presencia en medios digitales influencia en estos encuentros reales con el sector editorial?


Ahora hay cada vez más espacios de reflexión y participación, más “escuelas” en red, más posibilidades de mostrar los libros en internet. Supongo que ahora se deberían fortalecer esas presencias individuales y aisladas y convertirlas en espacios conjuntos de promoción y reflexión de manera de potenciar aún más su efecto.

Escrito por Emilia Andrade

Promotora de iniciativas culturales ligadas a la lectura, el libro y la infancia. Estudió Fonoaudiología y tiene una Maestría en Literatura Infantil y Juvenil. En el 2014, inicia el proyecto editorial Deidayvuelta que publica libros ilustrados (poesía, cuento e infantil) y promueve talleres para la formación de nuevos lectores. Lidera la versión ecuatoriana de Picnic de Palabras, iniciativa que fomenta la lectura en espacios no convencionales a través de libros de literatura infantil de alta calidad. Hace parte de Girándula, filial IBBY (International Board on Books for Young People) en Ecuador. Actualmente se desempeña como terapeuta de lenguaje con niños, creando puentes para el desarrollo lingüístico a través de la lectura.