Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de leer, entendiendo por esto no sólo la acción de interpretar la simbología de ciertos caracteres sino, además, asimilarlos en un ejercicio de comprensión que, necesariamente, obliga al individuo a conjeturar, a aprender, a razonar o pensar.

Podemos, de esta manera, evitar la torpe pero común confusión que equipara la acción de leer con la de ojear, por ejemplo, o visualizar, o escanear, o cualquier verbo ambulante, superficial o vacuo. Conviene hacer énfasis, entonces, en que leer es un verbo sedimentario.

Sin más preámbulo, para leer el individuo debe enfocar su visión en el objetivo y a continuación desplazar sus ojos, de izquierda a derecha -en occidente-, a través de los caracteres tipográficos -que denominaremos texto- concentrando la atención o el interés en ese enunciado o conjunto coherente de enunciados escritos que desea descifrar. A veces, la acción de leer puede ir acompañada de un ceño moderadamente fruncido, una leve contracción del rostro. Para los niños o los principiantes, se recomienda leer en voz alta para estimular la concentración.

Para leer correctamente, el lector -como llamaremos a la persona que efectúa la acción de leer- debe seleccionar aquellos textos que contengan información de su interés. Sólo así será capaz de dirigir la imaginación hacia los hechos que dicho texto pretende relatarle, recreando o representando mentalmente el contenido. Si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito del desinterés -revísese también el hábito de la indiferencia- la acción que nos ocupa no podrá ser completada de manera exitosa, ni eficiente, ni tan siquiera satisfactoria.

Una vez que el lector ha reunido estas capacidades -la interpretación técnica de símbolos, la comprensión, la atención y el interés- y pueda aplicarlas de manera simultánea, sólo deberá encontrar una postura agradable para efectuar la acción que le ocupa. Destacan, por clásicas, la posición “sentado” o “tendido”. En ocasiones, la lectura podrá ser útil para conciliar el sueño.

Con respecto a la duración media, esta no es estimable: leer es una acción de carácter intemporal. Tampoco dependerá de la extensión de los textos.

Escrito por Gabbi Consuegra

Mi papá me decía gaviota.