Un jardín en una casa de campo. Todo parece normal, pero algo sui generis está para ocurrir. Detrás de los setos, erizos están al acecho. No en busca de comida, escondrijos o parejas, más de olores extraños, como aquel exhalado por una lata de trementina. Y cuando los erizos olfatean alguna cosa intrigante, la lamen. Trementina es venenosa para los seres humanos, pero esos mamíferos tienen una fuerte resistencia a toxinas. Cerca de la mecedora, un grupo de erizos encuentra un paquete de cigarrillos y empieza a mascar el tabaco. El que viene a continuación es aún más inusitado: ellos esparcen la substancia masticada por todas sus púas. ¿Por qué hacen eso? Zoólogos tienen sus teorías: algunos creen que los erizos se empapan de elementos tóxicos para lesionar enemigos, si atacados. Otros acreditan que las toxinas son aprovechadas para matar parásitos que viven en sus cuerpos. Por fin, algunos dicen que los erizos hacen eso para estafar a los predadores, disfrazando su aroma típico. Cualquiera que sea el motivo, ese es definitivamente un comportamiento muy extraño.

Escrito por André Balbo

André Balbo (San Pablo, 1991), es editor de la revista Lavoura. Autor del libro “Estórias autênticas – importunâncias do engenho alheio” (Patuá, 2017). Participó de las antologías “Civilização e Barbárie” y “Sobre humores e fluidos” (Gueto, 2017), y de la colección de cuentos “Tabu” (Carreira Literária, 2017). Estudió derecho en la Universidad de San Pablo, en la cual fue columnista y editor en jefe del periódico Arcadas, pero no concluyó el curso. También ya fue trainee de la Folha de S.Paulo. Es profesor particular de redacción, literatura y filosofía para ingreso universitario, y trabaja como revisor y redactor freelancer. E-mail para contacto: balbo008@gmail.com