Un jardín en una casa de campo. Todo parece normal, pero algo sui generis está para ocurrir. Detrás de los setos, erizos están al acecho. No en busca de comida, escondrijos o parejas, más de olores extraños, como aquel exhalado por una lata de trementina. Y cuando los erizos olfatean alguna cosa intrigante, la lamen. Trementina es venenosa para los seres humanos, pero esos mamíferos tienen una fuerte resistencia a toxinas. Cerca de la mecedora, un grupo de erizos encuentra un paquete de cigarrillos y empieza a mascar el tabaco. El que viene a continuación es aún más inusitado: ellos esparcen la substancia masticada por todas sus púas. ¿Por qué hacen eso? Zoólogos tienen sus teorías: algunos creen que los erizos se empapan de elementos tóxicos para lesionar enemigos, si atacados. Otros acreditan que las toxinas son aprovechadas para matar parásitos que viven en sus cuerpos. Por fin, algunos dicen que los erizos hacen eso para estafar a los predadores, disfrazando su aroma típico. Cualquiera que sea el motivo, ese es definitivamente un comportamiento muy extraño.

Escrito por André Balbo

André Balbo (San Pablo, 1991) es editor de la Lavoura, revista literaria brasileña contemporánea | Autor de los libros de cuentos “Eu queria que este livro tivesse orelhas” (Oito e meio, 2018) y “Estórias autênticas” (Patuá, 2017) | Colaborador de la Philos – Revista de Literatura da União Latina, habiendo sido autor invitado de los festivales literarios Flist y Flipoços en 2018, y uno de los curadores asociados de la Casa Philos en la 16ª Festa Literaria Internacional de Paraty - Flip 2018 | balbo008@gmail.com