El narrador ecuatoriano Jorge Luis Cáceres es el más reciente ganador del Premio Joaquín Gallegos Lara, categoría cuento, por esta perturbadora e intrigante muestra de relatos.

 

«Los cuentos fantásticos incluyen algo más que un misterioso asesinato, unos huesos ensangrentados o unos espectros agitando sus cadenas según las viejas normas. Debe respirarse en ellos una definida atmósfera de ansiedad e inexplicable temor ante lo ignoto y el más allá; ha de insinuarse la presencia de fuerzas desconocidas, y sugerir […] la maligna violación o derrota de las leyes inmutables de la naturaleza, las cuales representan nuestra única salvaguardia contra la invasión del caos y los demonios de los abismos exteriores». (LOVECRAFT,1927)

portada cáceres.jpgAl hablar del terror en la narrativa hispanoamericana actual, uno de los autores más representativos del género es el quiteño Jorge Luis Cáceres, reconocido esencialmente por sus libros de cuentos (Desde las sombras, 2007; La flor del frío, 2009; Aquellos extraños días en los que brillo, 2011) en los cuales destaca la presencia del horror y lo fantástico. Conocido desde sus inicios como un gran admirador de Stephen King, Cáceres ha enfocado gran parte de su obra a la exploración del terror en las letras iberoamericanas, siendo antologador de las seis ediciones de No entren al 1408, antología en español tributo a Stephen King (Quito, 2013-2016; México D.F, 2014; Buenos Aires, 2015; Santiago, 2017 y Madrid, 2017), obra que ha logrado llevar la literatura fantástica y de horror latinoamericana más allá de las fronteras geográficas y lingüísticas gracias a su relación con la figura icónica de Stephen King en la cultura popular. La fascinación por el autor de los best sellers más exitosos de la literatura estadounidense contemporánea —quien ha trascendido los límites del papel y se ha convertido, desde hace casi medio siglo, en fuente inagotable para el cine de terror de los últimos tiempos— permanece latente en la más reciente publicación de Cáceres, Las moscas y otros cuentos, recopilación de seis perturbadores relatos realizada por Editorial El Conejo, como parte de la nueva colección narrativa Mademoiselle Satán. Esta obra fue recientemente galardonada con el Premio Joaquín Gallegos Lara, el cual reconoce el mérito de los mejores trabajos literarios publicados en el último año en Ecuador, en los géneros cuento, novela y teatro.

En su brevedad, los cuentos de Cáceres logran condensar lo que para H.P. Lovecraft y otros exponentes del género del terror fantástico es fundamental en un relato de esta naturaleza: la atmósfera creada mediante la exacta selección del lenguaje, que culmina en el origen de un estado de ánimo determinado en el lector, en este caso, el miedo. Para Edgar Allan Poe, quien es considerado el inventor del cuento moderno, el relato corto se caracteriza por la existencia de un efecto único, situado al final de la historia, y por la obligación que tienen todos los elementos del relato de contribuir a ese efecto. En su narrativa, Cáceres se adhiere totalmente a esta estructura; sus cuentos son una suma de intensidades e incógnitas que se aglutinan al último momento, en la aparición del espectro. Sobre esto último, cabe afirmar que los cuentos de Cáceres son una clara muestra de lo que Lovecraft define como terror sobrenatural: lo fantástico está siempre presente, aun en los escenarios más realistas, que evidencian la predilección del autor por situar lo sobrenatural en lo urbano. Gracias al realismo, el narrador se abastece de minuciosos detalles (geográficos, sociales, históricos…) que sirven como soporte de la estructura del relato, puesto que en ellos se reafirma la verosimilitud indispensable para la inmersión del lector en la ficción:

«Los cuentos sobre eventos extraordinarios tienen ciertas complejidades que deben ser superadas para lograr su credibilidad, y esto solo puede lograrse tratando el tema con cuidadoso realismo, excepto a la hora de abordar el hecho sobrenatural». (LOVECRAFT, 1927)

Aunque la dosis de realismo aparece en casi todos los cuentos de la recopilación, un ejemplo evidente es el de “Episodio Infernal”, el cual narra los abusos de dos agentes de la Policía Nacional durante el mandato de Febres Cordero en los años ochenta, en Ecuador. El terror en este cuento está dado, en gran parte, por la acertada descripción del escenario histórico y social de la época; el lector sabe que los horrores que se narran no provienen únicamente de la imaginación del escritor, sino de una realidad atroz que afectó a la población ecuatoriana y a otros países latinoamericanos. Con esta base real, Cáceres crea una historia donde la culpa y la violencia sirven de cuna para los espectros que atormentarán a sus verdugos hasta la muerte. Un efecto similar está presente en la mayoría de sus cuentos, puesto que los personajes transitan por las calles y los barrios populares de Quito (bares de La Mariscal, el sector universitario, la República del Salvador, Los Chillos, San Bartolo, etc.) y hacen uso de un lenguaje coloquial en los diálogos.

Al hablar de los personajes, es necesario volver al tema de la influencia de Stephen King en la obra de Cáceres. La caracterización del personaje principal de los cuentos es, en varios casos, similar a la que King asigna a algunos de sus más icónicos héroes. Por ejemplo, el escritor perturbado de pierde la razón y se interna en un mundo de criaturas indómitas, absorbido por su propia ficción, es protagonista de tres de los relatos de Las moscas y otros cuentos. El más impactante, atiborrado de referencias a la obra de King, es “Sonrisas”; en este cuento se hace alusión al famoso payaso Pennywise y a William “Bill” Denbrough, uno de los siete niños víctimas de la criatura en la aclamada novela It. Como muchos de los protagonistas de King, en su vida adulta Bill Denbrough es descrito como un afamado escritor, detalle que Cáceres aprovecha para convertirlo en el autor original de It. En este caso, “Eso” ronda las calles de Quito y rapta al hijo de David Trepaud, un joven aspirante a escritor de novelas de misterio fanático de la obra de Denbrough. El investigador del siniestro, fanático también de la literatura de terror, posee en su oficina una colección de libros cuyos autores son todos personajes de varias novelas de Stephen King (Mort Rainey, Jack Torrance, Paul Sheldon…).

En “Armario”, en cambio, el narrador describe a un escritor que no muestra signos de locura, merecedor de premios internacionales y alabado por la crítica. Parecería más un estudio literario sobre la obra de un autor ficticio; solo el detalle del armario abre una interrogante y es en el clímax del cuento cuando se revela lo fantástico, para lo cual Cáceres utiliza el tema del doble, bastante explotado en la obra de King, por ejemplo, en el relato Secret Window, Secret Garden. El escritor que protagoniza “La sed”, por su parte, se asemeja a la figura de Jack Torrance (The shining) por su adicción a la bebida y su decisión de distanciarse de la ciudad para intentar superar un bloqueo creativo. Otro modelo de personaje clásico del terror que Cáceres maneja con experticia es el del investigador o detective, donde el autor despliega su experiencia como criminólogo. Cuentos como “La caja” y “Sonrisas” poseen en su introducción los elementos claves de una novela policial, el misterio gira entorno a la figura del cadáver.

De Las moscas y otros cuentos, cabe resaltar lo que estudiosos de la literatura fantástica describen como una sensación de incertidumbre; para Tzvetan Todorov, lo fantástico es «la vacilación experimentada por un ser que no conoce más que las leyes naturales, frente a un acontecimiento aparentemente sobrenatural. […] Hay un tipo de fenómeno extraño que puede ser explicado de dos maneras, por tipos de causas naturales y sobrenaturales. La posibilidad de vacilar entre ambas crea el efecto fantástico» (1970). Louis Vax define esta vacilación como un “sentimiento de extrañeza” —término tomado de la psiquiatría— que convierte lo familiar en ajeno y provoca angustia. En los cuentos de Cáceres, la aparición de espectros, demonios y seres de otros mundos crea esta ruptura en lo cotidiano; en cambio, lo que genera la ambigüedad fantástica es la constante inclinación de sus personajes a la locura. Los monstruos vienen de la mano con personajes trastornados, sádicos o viciosos, que abren voluntariamente la puerta de la realidad a sus demonios internos. Mientras avanza la narración, aumenta la duda y la tensión en el lector al no saber si las criaturas atacarán o si son solo creaciones mentales del loco.

He dejado para el final el cuento que da título a la compilación, “Las moscas”, por ser en múltiples aspectos diferente a los otros cinco relatos. Para empezar, es el único narrado totalmente en primera persona, hecho que contribuye —sin lugar a duda— a que sea el más perturbador. El escenario en el que se desarrolla la historia sigue siendo urbano, pero carece de la precisión y el realismo que permitan ubicarlo en Quito, Nueva York o Buenos Aires; la ciudad, las calles o el barrio son insustanciales para la trama, ni siquiera se menciona el nombre el protagonista, sus rasgos físicos o su profesión. La atmósfera está dada, únicamente, por la repulsión y el acorralamiento que provocan las moscas, que cercan al personaje en todos los espacios y evocan en el lector una constante sensación de encierro. Es, además, el único cuento en el cual lo sobrenatural aparece desde el primer párrafo y está presente en toda la narración, lo cual no implica que la tensión decaiga. El tema seleccionado por Cáceres engancha al lector no solo por sus imágenes grotescas, sino, más bien, por la sutil línea que crea entre lo posible y lo sobrenatural. Las moscas, criaturas existentes en el mundo real, son la causa del “sentimiento de extrañeza” en el narrador, quien las ve como bajo un lente de aumento mientras estas devoran a su vecino. El pánico aumenta cuando el resto del mundo parece no notar o aceptar con indiferencia la invasión de las moscas, con lo cual se intensifica la ya mencionada incertidumbre, ¿las moscas existen, o el narrador las alucina?

Lo que “Las moscas” guarda en común con el resto de cuentos, es ese quiebre entre los límites de lo físico y lo mental, entre la materia y el espíritu. Existe en estas narraciones un mecanismo superior, una especie de condena que persigue a los personajes y los atormenta hasta volverse tangible. Hay una relación de causalidad en cada aparición sobrenatural: el hombre que ha desperdiciado su vida en el alcohol es condenado a sufrir una sed terrible e insaciable, el torturador ha de vivir con el eco de las almas de sus víctimas, el sádico ha de acabar en manos de la violencia despiadada. Los personajes de Cáceres hallan sus fantasmas en sus propias perversiones, como menciona el autor: «quien llama al horror con insistencia, termina sonriéndole a la muerte».

Escrito por Abril Altamirano

Escritora ecuatoriana. Estudió Comunicación y Literatura en la Pontificia Univesidad Católica del Ecuador. Realizó, junto con el poeta ecuatoriano Juan Romero, el libro "Despertar de la hydra, antología del nuevo cuento ecuatoriano" (Ed. La Caída, 2017). Forma parte de las antologías "Señorita Satán, nuevas narradoras ecuatorianas" (Ed. El Conejo, 2017) y "Reunión de muertos” (Ed. Infinito, de próxima publicación). Actualmente trabaja como correctora y editora independiente.