Hace un año leía un libro titulado Habla Walt Whitman, traducido por Rafael Cadenas y bajo el sello de editorial Pre-Textos.

Libro memorístico, lleno de recuerdos y confesiones de un poeta que tuvo una vida difícil, trabajo desde carpintero, albañil y profesor. Decía que la mejor escuela era la de la vida.

Walt Whitman era una escritor sencillo, desayunaba pan con miel, admiraba a los poetas Keats (leía libros en bibliotecas), Shakespeare, Wordsworth y Emerson, «…el estilo es no tener estilo», sabía adoptar las frases celebres de los escritores antiguos, tal es el caso de Epicteto: ¡Lo que es bueno para el universo es bueno para mí!.

Argumentaba que los griegos eran libres y francos, se entregaban con pasión y sentimientos en sus historias.

Admiraba a Goethe porque era un escritor feroz del clarísimo alemán, sus poetas compiten con los antiguos porque él fue lector de ellos, sus temáticas: el  amor y poesía.

Su vida personal no era tan agraciada porque estaba más pendiente de su trabajo literario. Decía que la restricción de Goethe era romana (estoica), no griega porque los helenos se abandonan en la tristeza y alegría.

Cuestionaba la petulancia de los escritores, despreciaba la intelectualidad y la autocontemplación del hombre porque afecta a la literatura.

Era bueno en la oratoria, poesía una buena voz para dictar conferencias, decía que no se debe esperar nada del futuro porque te vas a quedar esperando, algo similar a la doncella de Campeche que esperaba el regreso del pirata.

Argumentaba que una vez que envejeces pierdes las ilusiones de juventud, es mejor hacer las cosas porque ya luego no vas a tener deleite para hacerlas. «Es necesario la ambición de hacer algo importante y de hacerlo de forma personal».

Creía en el patriotismo del hombre pero como inspiración más no como dominación, en ese sentido Whitman poseía un profundo dominio de sus emociones en momentos de perturbación permanecía tranquilo.

Papá decía que uno nunca debe de perder la fuerza interior porque hay instantes en que el hombre se encuentra derrotado pero es esa fuerza heredada por tus ancestros la que permite salir avante en la tempestad, palabras similares pensaba Whitman.

«No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. […] No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. […] La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia. Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: tú puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre…».

La fortaleza se encuentra dentro de nosotros mismos, en la vida tenemos altas y bajas, momentos amargos que duelen pero también hay instantes eternos por la felicidad que te producen.

Es bueno no olvidar las palabras de esas personas que te legaron la fortaleza que eres hoy como ser humano, puedes recordar a un abuelo, a tus padres, a tú esposa e hijas.

Whitman aconsejaba a los escritores a escribir de forma legible y evitar los jeroglíficos de la escritura, era de pensamiento crítico porque le apostaba más a los héroes medianos que a los de bronce, apreciaba más las cosas comunes, ojo con eso, se puede suponer que su crítica le acarreo enemistad con diplomáticos.

Reconocía el valor de las fotografías, decía que el pintor tontea con la naturaleza en cambio las fotos son mecánicas pero honestas.

Disfrutaba del béisbol y admiraba a los carteros «…los carteros siempre parecen una clase escogida –siempre parecen del mejor tipo-, sólo los mejores parecen gravitar hacia ese oficio».

Escrito por El gatito de Kafka

Profesor de historia