Limpieza ontológica

¿Existe entre las tareas de la casa algo de mayor densidad ontológica que limpiar el baño? Pienso en los complejos ángulos de limpieza, en los ejércitos de pelos que se dispersan por doquier, las gotas de líquido biológico que empapan nuestras tazas, salpican nuestro papel y odorizan sulfúricamente nuestro ambiente de evacuación. He aquí una dualidad: el baño como el recinto donde se expulsa lo más oscuro de la maquinaria fisiológica, y a la vez, donde se inoculan los pensamientos más nobles (¿?) del espíritu.

Estuve un buen tiempo limpiando el inodoro, secando el bidet y levantando pelos de la bañadera y pensando en lo distintos que son los baños, sobre todo en los accesorios de limpieza y cosmética que caracterizan a cada toilette y en que ya no se estila dejar revistas para que la gente que acude al baño pueda ‘aflojar’ bajo los influjos del singular material de lectura. En su Ensayo sobre el lugar silencioso, Peter Handke recuerda el baño de su abuelo en Carintia, poniendo especial énfasis en describir los recortes de periódicos (particularmente del semanario esloveno Vestnik) que colgaban de un clavo en la pared. No recuerdo que se dejasen diarios y/o revistas en el baño de mi casa materna pero sí en el de mi abuela; ella sabía tener un corpus de cierta valía en el que se destacaban revistas como Para Ti o Gente: casi siempre estaban hechas mierda, húmedas y manchadas por los diversos usos que se les daba; había material para estar horas revisitando columnas sobre vedettes del momento.

Pasé el trapo de piso y de repente vi, como si se tratase de un Fata Morgana, un lugar pleno para pasearse y dejar purificar el cuerpo por el agua ‘clara’ y ‘limpia’ de Las Heras: ¡todo era inocuidad y felicidad!; por un tiempo ese recinto sagrado le fue devuelto a los dioses del estruendo y el régimen turbulento hasta que por obra de fenómenos aún no resueltos por los naturalistas volvió a asomarse una oscura y grácil pelusa. ¿De dónde provenía aquel ser? ¿De qué fauces del destino se escapaba tan insignificante elemento? Y, sobre todo, ¿por qué me inquietaba su presencia? Me saqué con velocidad los guantes y tomé al “ente” entre mis dedos para depositarlo en la basura. Intenté olvidar la sensación de estremecimiento que me había generado la aparición de la pelusa y fui resuelto a preparar una mini-cena. La tarea importante del día había sido ejecutada.

Escrito por Raúl Andrés Cuello

Licenciado en Enología, Máster en Viticultura y Enología; se desempeña como becario en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), ambos de Argentina. Realiza su Doctorado en Ciencias Biológicas en la Universidad Nacional de Cuyo en el área de Biotecnología de Levaduras Vínicas. Paralelamente a esto colabora realizando reseñas de libros, entrevistas o ensayos en diarios y revistas culturales de Argentina (Otra Parte y Cultura Irracional) y España (Vísperas). En 2015 publicó Magias Parciales, su primer libro de relatos. Desde 2014 a la fecha se encuentra trabajando en una novela experimental cuyo título es La imposibilidad de la escritura.